Amado Padre, Tú nos guías de diversas maneras en nuestro camino de seguimiento de Cristo. Las advertencias son uno de los valiosos regalos que nos concedes. Nos las diriges en tono serio para despertarnos y hacer hincapié en su importancia. Emanan de tu amoroso corazón, que al mismo tiempo les infunde suavidad. Se distinguen de las advertencias alarmantes y aterradoras del mundo, y más bien buscan recordarnos algo que fácilmente podríamos perder de vista.
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“RESPONSABILIDAD ANTE DIOS”
«El que se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda» (Ez 18,9).
Amado Padre, nos gusta hablar de tu amor y bondad, de tu paciencia y misericordia. En efecto, son maravillosos atributos tuyos y de ellos vivimos. ¿Quién podría recorrer su camino hasta el final si Tú no lo sostuvieras y lo levantaras una y otra vez tras sus diversas debilidades y caídas?
Día 9: “Responsabilidad y docilidad a la Voluntad de Dios”
Hoy, en nuestro itinerario cuaresmal, se nos presenta primero una lectura del profeta Ezequiel (Ez 18,1-9). En ella, el Señor quiere clarificar una falsa concepción que evidentemente se tenía en el pueblo de Israel y que se expresaba en pensamientos y proverbios erróneos. «¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: “Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera”?» (v. 2).
El Señor deja claro que no quiere volver a escuchar tales palabras en Israel y que cada persona es responsable de sus propios actos: «Mirad: todas las almas son mías, el alma del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá» (v. 4). A continuación, Dios nos indica cómo debemos vivir para agradarle, y podemos resumirlo en el versículo 9: «El que se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda».
Día 8: “De la mano de Moisés y Elías, hacia un testimonio auténtico”
En las dos lecturas de hoy (Ex 24,12-18 y 1Re 19,3-8) nos encontramos con los dos grandes profetas de la Antigua Alianza. Por un lado, está Moisés, que liberó al pueblo de Israel del yugo del faraón egipcio y lo guió por el desierto por encargo del Señor. Dios tiene grandes designios para con Moisés, lo llama a subir al monte Sinaí y le dice: «Sube hasta mí, al monte; quédate allí, y te daré las tablas de piedra —la ley y los mandamientos— que tengo escritos para su instrucción» (Ex 24,12).
Moisés obedeció y, cuando la gloria del Señor apareció sobre la cumbre como fuego devorador, subió al monte, donde «permaneció cuarenta días y cuarenta noches» (v. 18).
Un acontecimiento decisivo estaba a punto de suceder, para lo cual Dios preparó a Moisés durante ese tiempo, introduciéndolo aún más en la misión que le había encomendado.
“MÁS SABIO QUE SALOMÓN”
«La reina del Sur (…) vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más que Salomón» (Mt 12,42).
“MI CASA SERÁ LLAMADA CASA DE ORACIÓN”
Con justa razón, amado Padre, tu Hijo se indignó al ver que se hacían negocios en el Templo, que no correspondían a la verdadera belleza y dignidad de tu Casa. Tu Hijo incluso dijo que lo habían convertido en una «cueva de ladrones» y expulsó a los vendedores y cambistas (Mt 21, 12-13).
Tu Casa, amado Padre, debe ser una «Casa de oración», un lugar reservado para el encuentro contigo. Para nosotros, puede ser un pequeño anticipo del Cielo, donde encontraremos la belleza de todas las bellezas en la contemplación de tu gloria.
Aún existen magníficas iglesias, construidas con gran amor para glorificarte, para ofrecer el Santo Sacrificio y para elevar a los fieles a una atmósfera de silencio y devoción. Deberían ser lugares incomparables, en los que nos sintamos envueltos por la magnitud de tu amor.
¿Siguen siendo así los templos hoy en día? ¿No se han instalado con frecuencia el ruido, el parloteo y muchas otras cosas que no deberían tener cabida allí? ¿Todavía encontramos iglesias que nos infunden reverencia a primera vista?
¿Y qué hay de nuestro templo interior, en el que Tú quieres morar? ¡Que experimente una profunda purificación cuando tu amor se derrame en él! Así como el amor impulsó a tu Hijo a expulsar a los vendedores, que el Espíritu Santo también ahuyente de nuestro templo interior todo aquello que no debería tener cabida en él. Nuestro corazón debería ser tu Casa, donde nos encontramos contigo, un lugar privilegiado para el amor entre Tú y nosotros. ¡Nada debe empañar este amor! Por eso, amado Padre, te pedimos que purifiques nuestro templo interior para que tu amor pueda habitar en él y puedas exclamar:
«¡Toda hermosa eres, amor mío, no hay defecto en ti! ¡Anímate, amor mío, hermosa mía, y ven!» (Ct 4,7; 2,13b).
Día 7: “Purificación del templo interior y exterior”
Hoy es el séptimo día de nuestro itinerario hacia la Santa Pascua. En la lectura de hoy, el Señor nos hace un llamado a la conversión:
«Buscad al Señor mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar» (Is 55,6-7).
Aunque esperamos que nuestros pensamientos y acciones no lleguen al punto de ser malvados o inicuos —¡Dios no lo permita!—, siempre estamos llamados a convertirnos más profundamente y a dejar atrás todo aquello que podría separarnos del amor de Dios. Si bien podemos contar con su misericordia y paciencia, el llamado permanente a la conversión se dirige a nuestro libre albedrío, que Él mismo nos ha concedido. El Señor quiere nuestra respuesta para guiarnos por sus caminos, que a menudo difieren de los nuestros:
EL PASTOR DE TODOS LOS HOMBRES
«A todas [mis ovejas] las pastorearé con justicia» (Ez 34,16).
Amado Padre, tú dirigiste estas maravillosas palabras a tu pueblo Israel, mostrando así tu profundo amor por tu primogénito. Siempre permaneciste fiel a tu pueblo, a pesar de que este se desviara tantas veces del camino. A veces tuviste que devolverlo con mano firme y recordarle la alianza que habías sellado con él. Pero siempre estabas dispuesto a perdonar y a olvidar sus pecados, si tan solo te hubieran escuchado.
Día 6: “Dios es el buen pastor y nos invita a imitarlo”
Hoy, en el sexto día de nuestro itinerario cuaresmal, llegan a nuestros oídos palabras reconfortantes. Dios mismo, que es nuestro pastor, nos asegura que se hará cargo de sus ovejas. Aunque las palabras del profeta Ezequiel en la lectura de hoy (Ez 34,11-16), en las que se manifiesta de forma especial la bondad divina, se dirigen en primer lugar al pueblo de Israel, también se extienden a todas las personas que viven en la dispersión. Que escuchen las palabras de consuelo del Señor:
«Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Buscaré la oveja perdida, haré volver a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma; y conservaré a la que está gorda y robusta: a todas las pastorearé con justicia» (Ez 34,11.16).
Día 5: “Aprovechar la gracia y resistir a las tentaciones”
«Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: ‘En el tiempo favorable te escuché.’ ‘Y en el día de la salvación te ayudé’. Mirad, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación» (2Cor 6,1-2).
Con esta exhortación, san Pablo nos introduce en el primer domingo de Cuaresma y nos ofrece una pauta esencial para avanzar en el camino emprendido en este tiempo de gracia. Antiguamente, la Cuaresma comenzaba precisamente este domingo. Se consideraba una «segunda puerta de entrada» a este gran tiempo de penitencia, después de haber atravesado la primera puerta del Miércoles de Ceniza. Si partimos de la concepción de la «segunda puerta», entonces leeríamos con letras de oro la siguiente inscripción sobre ella: «Aprovecha el tiempo de la gracia».
