EL DISTINTIVO DE LA GRACIA

«La alegría espiritual es el distintivo más seguro de que la gracia de Dios habita en nosotros» (San Buenaventura).

San Buenaventura se refiere a la alegría en Dios y por causa de Dios, y la identifica como el distintivo más seguro de la gracia divina en el hombre. En efecto, ¿de dónde podría provenir esta alegría si no fuera de la gracia? No se trata de una alegría meramente natural, por hermosa que ésta sea. Hay personas con un temperamento muy alegre y una actitud positiva hacia la vida, lo cual puede resultar muy atrayente para los demás. Pero esto no es aún la alegría en Dios.

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HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Hch 8,1b-13): “Persecución y dispersión de la Iglesia primitiva”      

Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel. Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. La gente escuchaba con atención y con un mismo espíritu lo que decía Felipe, porque le oían y veían las señales que realizaba; pues de muchos posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados.

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EL BUEN MAESTRO

«Tengo un buen maestro, que es Dios. En Él me fijo en todo y en ningún otro» (Santa Juana de Arco).

¡La doncella de Orléans escogió la opción correcta! «Uno solo es vuestro Maestro» —nos dice el Señor en Mt 23, 8. Dios se reserva el derecho de guiar a los suyos. Aunque podamos recibir ayuda de personas llenas del Espíritu Santo y debamos estar agradecidos si las encontramos o si incluso contamos con alguien que nos acompañe espiritualmente, esta guía solo se convierte en un regalo inestimable si está impregnada de la sabiduría de Dios.

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HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Hch 7,51-60.8,1a): “El discurso y el martirio de San Esteban”    

El discurso de Esteban, plasmado en el capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles, es una síntesis de la historia salvífica de Dios con el pueblo de Israel. Vale la pena leerlo íntegramente. Debido a su extensión, en la meditación de hoy nos limitaremos a leerlo a partir del versículo 51.

Hch 7,51-60.8,1a

“¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre os estáis resistiendo al Espíritu Santo: como vuestros padres así también vosotros! ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Asesinaron a los que anunciaban la venida del Justo, del que ahora vosotros habéis sido traidores y asesinos, los que recibisteis la Ley por ministerio de ángeles y no la guardasteis”. Al oír esto ardían de ira en sus corazones y rechinaban los dientes contra él. Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y dijo: “Mirad, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios”. 

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ENTREGA INCONDICIONAL A DIOS

«Preferiría morir antes que retractarme de lo que Dios me ha encomendado hacer» (Santa Juana de Arco).

Solo quien está profundamente unido al Señor y vive en la verdad puede atreverse a decir tales palabras. Juana de Arco las pronuncia sabiendo bien que su vida corre peligro. Se ha entregado totalmente a la guía de Dios y solo de Él tiene su seguridad. La joven Juana tuvo que defenderse de la acusación de brujería en un proceso eclesiástico injusto, convocado por un obispo que colaboraba con sus enemigos. Se enfrentaba a un gran número de eruditos, la mayoría de los cuales estaban dispuestos a condenarla.

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HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Hch 6,1-7): “La elección de los siete diáconos y la persecución de Esteban”      

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, se levantó una queja de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas estaban desatendidas en la asistencia diaria. Los doce convocaron a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No es conveniente que nosotros abandonemos la palabra de Dios para servir las mesas. Escoged, hermanos, de entre vosotros a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, a los que designemos para este servicio. Mientras, nosotros nos dedicaremos asiduamente a la oración y al ministerio de la palabra”. La propuesta agradó a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía.

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CON SU FUERZA ME ATREVERÉ UNA Y OTRA VEZ

«Es mejor estar a solas con Dios. Su amistad no me defraudará, ni su consejo, ni su amor. Con su fuerza me atreveré y me seguiré atreviendo una y otra vez, hasta que muera» (Santa Juana de Arco).

Estas palabras fueron pronunciadas por Santa Juana de Arco, a quien el Señor encomendó la gran misión de llevar a la coronación al rey legítimo de Francia y expulsar a las tropas de ocupación inglesas de su patria. Todo lo hizo con la mirada puesta en el Padre, y solo Dios fue su consuelo en la etapa más difícil de su vida, cuando, siendo aún muy joven, fue apresada por sus enemigos, que posteriormente se encargaron de que fuera condenada a la hoguera.

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HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Hch 5,34-42): “El consejo de Gamaliel”      

Un fariseo llamado Gamaliel, maestro de la Ley y estimado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín y mandó hacer salir un momento a aquellos hombres. Y les dijo: “Israelitas, tened cuidado de lo que vais a hacer con estos hombres. Porque hace poco se levantó Teudas, que decía ser alguien, y se le unieron unos cuatrocientos hombres; lo mataron y todos sus seguidores se disgregaron y quedaron en nada. Después de él se levantó Judas el Galileo en los días del empadronamiento, y arrastró al pueblo tras de sí; murió también y todos sus seguidores se dispersaron. Así pues, os digo ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos, porque si este designio o esta obra procede de hombres se disolverá; pero si procede de Dios no podréis acabar con ellos; no sea que os vayáis a encontrar combatiendo contra Dios”.

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HECHOS DE LOS APÓSTOLES (Hch 5,21b-33): “Los apóstoles ante el Sanedrín”      

En cuanto llegaron el sumo sacerdote y los que le acompañaban, convocaron el Sanedrín y todo el consejo de ancianos de los hijos de Israel y enviaron a buscar [a los apóstoles] a la cárcel. Pero al llegar los alguaciles no los encontraron en la prisión, y regresaron y comunicaron la noticia: “Hemos encontrado la cárcel cerrada, bien custodiada, y a los centinelas firmes ante las puertas; pero al abrir no hemos encontrado a nadie dentro”. Cuando oyeron estas palabras el oficial del Templo y los príncipes de los sacerdotes, se quedaron perplejos por lo que habría sido de ellos. Llegó uno y les anunció: “Los hombres que metisteis en la cárcel están en el Templo y siguen enseñando al pueblo”. Entonces fue el oficial con los alguaciles y los trajo, no por la fuerza, porque tenían miedo de que el pueblo les apedrease. 

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TU PADRE VE EN LO SECRETO

«Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,6).

El Señor pronuncia estas palabras en relación con su recomendación de orar y dar limosna en lo secreto.

Nuestro Padre se complace en que hagamos el bien en lo escondido, sin buscar llamar la atención de los demás. Ciertamente, existen obras que deben realizarse públicamente para que Dios sea alabado y reconocido en ellas (cf. Mt 5,16). Pero el Señor no se refiere a éstas, sino a aquellas que alcanzan su mayor fecundidad cuando se realizan en lo escondido para Dios. leer más