«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino» (Lc 12,32).
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El servicio es la verdadera grandeza
Mt 20,20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le preguntó: “¿Qué quieres?” Respondió ella: “Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.” Replicó Jesús: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?” Respondieron: “Sí, podemos.” Entonces les dijo: “Desde luego que beberéis mi copa. Pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mis manos concederlo. Será para quienes mi Padre lo tenga dispuesto.”
Al oír esto los otros diez, se indignaron con los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, pues el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.”
“LA AMADA DE DIOS PARA SIEMPRE”
«Oh, mi buen Señor, si tan sólo mi alma pudiera llamarse tu amada» (Beato Enrique Suso). leer más
ORACIÓN EN VEZ DE ESPADA; HUMILDAD EN VEZ DE ADORNOS
«Ármate con la oración, no con la espada; vístete con humildad, no con ropa fina» (Santo Domingo de Guzmán). leer más
Seguir el impulso de la gracia
Mt 13,10-17
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque mirando no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis; mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane.’ ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.”
“RESISTENCIA INTERIOR AL PECADO”
«Yo soy la resistencia contra el pecado dentro de tu corazón» (Palabra interior).
Se cuenta que, en una etapa de su vida, Santa Catalina de Siena sufrió terribles tentaciones contra la pureza y que entonces habló con Jesús y le preguntó dónde había estado Él mientras ella atravesaba esos ataques que le resultaban insoportables. Jesús le respondió que había sido Él quien había obrado en su corazón la repugnancia a tal impureza.
La Palabra del Señor
Mt 13,1-9
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”
El camino del amor
Ct 3,1-4a
En mi lecho, por la noche, busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad, calles y plazas; busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardias que rondan por la ciudad: “¿Habéis visto al amor de mi alma?” Apenas los había pasado, cuando encontré al amor de mi alma.
Este texto se lee en la Santa Misa al celebrar la Fiesta de una gran amante, que encontró a su Señor: Santa María Magdalena. El evangelio de hoy relata precisamente el encuentro de María Magdalena con el Señor Resucitado, y el modo en que Él se le da a conocer (Jn 20,1.11-18).
“LOS ENEMIGOS DE DIOS SON NUESTROS ENEMIGOS”
«Sé astuto en tu trato con el mundo y con el mundo en la Iglesia: está enemistado conmigo» (Palabra interior).
¿Estamos suficientemente conscientes de esta realidad? ¿Tenemos realmente claro que ya no vivimos en un entorno marcado por la fe cristiana?
