Sólo en Cristo reside la plenitud de la divinidad

Col 2,6-15

Hermanos: Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded según él. Arraigados en él, dejaos construir y afianzar en la fe que os enseñaron, y rebosad agradecimiento. Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo. Porque es en Cristo en quien reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y por él, que es cabeza de todo principado y autoridad, habéis obtenido vuestra plenitud. Por él fuisteis también circuncidados con una circuncisión no hecha por hombres, cuando os despojaron de los bajos instintos de la carne, por la circuncisión de Cristo. Por el bautismo fuisteis sepultados con él, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Anuló la deuda que nos condenaba por los requisitos de la ley, que nos era adversa; la quitó de en medio, clavándola en la cruz, y, destituyendo por medio de Cristo a los poderes y potestades, los ofreció en espectáculo público y los llevó cautivos en su cortejo.

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“UNA HERIDA INCURABLE PARA LOS DEMONIOS”

«El Señor no solo nos concedió el fruto del vientre de la mujer, el Redentor, que venció a la muerte con su muerte. También nos concedió a la misma mujer, la siempre Virgen y Madre de Dios, María, como constante intercesora ante su Hijo, nuestro Dios. Ella ha aplastado y sigue aplastando la cabeza de la serpiente en cada generación y es una protectora invencible e insuperable para los pecadores más desesperados. Por eso a la Madre de Dios también se la llama ‘herida incurable para los demonios’, pues el diablo no puede llevar a la condenación a ninguna persona a menos que deje de refugiarse en la ayuda de la Madre de Dios» (San Serafín de Sarov).

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La santa obediencia de María

Mi 5,1-4ª

Así dice el Señor: “Pero tú, Belén Efratá, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz.”

Una fiesta mariana es siempre un motivo para reflexionar sobre la extraordinaria elección de la Virgen. Jamás habrá resonado lo suficiente la alabanza de la Madre de Dios, jamás confiaremos lo suficiente en ella y nunca nos excederemos en elogiar sus virtudes…

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“PRUEBAS DE NUESTRO AMOR”  

«El tiempo para dar pruebas de nuestro amor es breve, y solo tenemos una vida» (San Maximiliano María Kolbe).

Tienes razón, querido Maximiliano Kolbe. El tiempo apremia y, a menudo, somos perezosos y lentos a la hora de hacer el bien. Esto se debe a que aún no amamos lo suficiente a nuestro Padre celestial y no alcanzamos a comprender la increíble oportunidad que tenemos de ser luz en medio de la oscuridad, honrando así a Dios y sirviendo a los hombres. En efecto, cada día es un regalo para dar pruebas de nuestro amor.

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La sabiduría de entregarse a Dios

Sab 9,13-19

¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?, o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere? Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos, porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa. Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, ¿quién rastreará lo que está en el cielo?, ¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría y le envías tu santo espíritu desde lo alto? Así se enderezaron las sendas de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y se salvaron por la sabiduría. leer más

Firmes en la fe

Col 1,21-23

Hermanos: en otro tiempo vosotros erais extraños y enemigos de Dios por vuestros pensamientos y malas obras, ahora sin embargo os reconcilió mediante la muerte sufrida en su cuerpo de carne, para presentaros santos, sin mancha e irreprochables delante de él, con tal de que permanezcáis cimentados en la fe, firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis, que fue predicado a toda criatura que hay bajo el cielo, y del cual yo, Pablo, he sido constituido servidor. leer más

“NADA MÁS NOBLE Y EXCELSO QUE SERVIR A DIOS”  

«Observad los mandamientos del Señor. No hay nada más noble y excelso que servir a Dios» (San Lorenzo Justiniano).

Estas palabras fueron pronunciadas por San Lorenzo Justiniano, patriarca de Venecia, cuya fiesta celebramos hoy según el calendario tradicional. Este fue su último discurso antes de morir. Luego murió diciendo: «Vengo a ti, oh Jesús».

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Nuevos caminos sobre sendas seguras

Lc 5,33-39

En aquel tiempo, los fariseos y escribas le dijeron a Jesús: “Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos no se privan de comer y beber.”  Jesús respondió: “¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado; entonces ayunarán, cuando lleguen esos días.” Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo, porque, si lo hace, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventaría los odres, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. Hay que echar el vino nuevo en odres nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo, porque dirá: El añejo es el bueno.” leer más

Por tu Palabra…

Lc 5,1-11

En aquel tiempo, estando Jesús a la orilla del lago de Genesaret, la gente se agolpaba a su alrededor para oír la Palabra de Dios. En esto vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Subió entonces a una de las barcas, que era de Simón, y le rogó que se alejara un poco de tierra. Se sentó y empezó a enseñar desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.” Simón le respondió: “Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.”

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