El camino de la verdad

1Jn 1,8–2,5

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es la víctima propiciatoria por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. En esto sabemos que le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: ‘Yo le conozco’, pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y en ése no está la verdad. En cambio, quien guarda su palabra, en ése el amor de Dios ha alcanzado verdaderamente su perfección. En esto sabemos que estamos en Él.

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Comunión en la verdad

1Jn 1,5-7

Éste es el mensaje que hemos oído y que os anunciamos: Dios es luz y no hay en Él tinieblas de ninguna clase. Si decimos que estamos en comunión con Él y sin embargo caminamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. En cambio, si caminamos en la luz, del mismo modo que Él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.

Es un mensaje claro que debemos interiorizar profundamente. Se aplica tanto a nosotros mismos, ya que nos ayuda a liberarnos de todas las tendencias oscuras de nuestra alma, como a la imagen que transmitimos de Dios en la evangelización. De hecho, existen corrientes filosóficas y religiosas que defienden que en la divinidad también hay oscuridad.

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La vida se ha manifestado

 

NOTA: Me gustaría dedicar nuevamente las meditaciones diarias de las próximas semanas a recorrer sistemáticamente un libro bíblico. En esta ocasión, he elegido las Cartas de San Juan. No obstante, quienes prefieran —o quieran adicionalmente— escuchar una meditación que corresponda a las lecturas bíblicas del día, podrán encontrar los enlaces respectivos al final del texto.

1Jn 1,1-4

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida -pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestado-, lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestra alegría sea completa. leer más

Cumplir la misión encomendada

 

1Tim 6,13-16

En presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan hermoso testimonio, te ordeno que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén.

Las palabras que hoy escuchamos del Apóstol de los Gentiles nos muestran cuán importante es cumplir una misión encomendada por Dios. San Pablo le ordena a Timoteo, es decir, le da una instrucción vinculante, y lo hace «en presencia de Dios y de Jesucristo» para dar mayor fuerza a sus palabras. ¡Y este encargo estará en vigor hasta la Segunda Venida del Señor!

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El buen combate de la fe

1Tim 6,3-12

Si alguno enseña otra cosa y no se atiene a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, está cegado por el orgullo y no sabe nada; sino que padece la enfermedad de las disputas y contiendas de palabras, de donde proceden las envidias, discordias, maledicencias, sospechas malignas, discusiones sin fin propias de gentes que tienen la inteligencia corrompida, que están privados de la verdad y que piensan que la piedad es un negocio. Y ciertamente es un gran negocio la piedad, con tal de que se contente con lo que tiene. Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos. leer más