“A los que amo, los reprendo y corrijo” (Ap 3,19) –nos dice el Señor en el Libro del Apocalipsis, y es una gracia experimentarlo. En efecto, el amor de nuestro Padre a nosotros no sólo es un amor tierno y cálido que nos da seguridad y nos cobija; sino que es también un amor que nos forma. Él quiere educarnos para que avancemos en el camino espiritual.
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Tercera antífona O: “O Radix Iesse”
Oh Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos;
ante quien los reyes enmudecen,
y cuyo auxilio imploran las naciones:
ven a librarnos, no tardes más.
EL GRAN DÍA SE ACERCA
La Fiesta de la Natividad del Hijo de Dios se acerca cada día más. Los corazones de los hombres han de llenarse de gran alegría y calidez. Las promesas anunciadas y preparadas desde toda la eternidad por nuestro Padre están llegando a su cumplimiento. El plan de su amor se hace realidad…
Segunda antífona O: “O Adonai”
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente
y en el Sinaí le diste tu ley:
ven a librarnos con el poder de tu brazo. leer más
EL PADRE NOS REGALA LO MÁS PRECIOSO
“¿Podría acaso dar un regalo más precioso a los hombres que a mi Hijo Unigénito?” (Palabra interior).
En estos días en que las así llamadas “Antífonas O” nos preparan para la Venida del Salvador, podemos echar una mirada profunda al Corazón de nuestro Padre. En efecto, fue Él quien nos envió a su Hijo, dándonos así lo que más ama y haciendo por nosotros lo máximo que podría haber hecho.
Primera antífona O: “O Sapientia”
Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,
abarcando del uno al otro confín,
y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:
ven y muéstranos el camino de la salvación.
UN CORAZÓN CONTRITO
“Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias, Señor” (Sal 50,19).
Un corazón contrito es un gran tesoro para nuestro Padre. Un corazón contrito ha dejado de lado toda defensa propia y ha adquirido una profunda conciencia de los abismos que aún hay en él. Ha descubierto que, por sí mismo, no sería capaz de hacer el bien, y que su inclinación al mal prevalecería si quedara a merced de sí mismo y no contara con la gracia. Esta conciencia sacude al alma, haciéndola dispuesta a arrojarse por completo en los brazos de Dios, sin vanidades ni condiciones. Por eso, un corazón contrito es un tesoro para el Padre.
La verdadera unidad
Is 56,1-3a.6-8
Esto dice el Señor: “Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar. Dichoso el hombre que obra así, el mortal que persevera en esto, que observa el sábado sin profanarlo y preserva su mano de obrar el mal. El extranjero que se ha unido al Señor no diga: ‘El Señor me excluirá ciertamente de su pueblo’. leer más
“ADÁN, ¿DÓNDE ESTÁS?” (Parte II)
La angustiada búsqueda del Padre Celestial por nosotros continúa desde que el hombre perdió la unión con Dios de la que gozaba en el Paraíso. Cada vez que el hombre se descarrila, cada vez que se aparta del “manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas agrietadas” (Jer 2,13), escuchamos en el fondo el llamado del Padre:
“Adán, ¿dónde estás?” (Gen 3,9b).
Mi amor no se apartará de ti
Is 54,1-10
Alégrate, estéril, que no dabas a luz, prorrumpe en gritos de júbilo, tú que no habías concebido; pues tiene más hijos la abandonada que la casada, dice el Señor. Ensancha el espacio de tu tienda, despliega los toldos de tu morada, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura; pues te abrirás al sur y al norte, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblará. leer más
