LA SANACIÓN DE NUESTRA EXISTENCIA

“¡Venid, acercaos: todos tenéis derecho a acercaros a vuestro Padre! ¡Ensanchad vuestro corazón; rezad a mi Hijo, para que os dé a conocer cada vez más mi bondad hacia vosotros!” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

El descubrimiento cada vez más profundo de la bondad y misericordia de Dios es de una importancia inimaginable, porque a la persona que se sabe amada y aceptada por Él se le revela el gran misterio de amor que está detrás de su vida. Es una certeza de fe que ilumina nuestro entendimiento y penetra en nuestro corazón como una luz viva. De esta manera, nuestra existencia empieza a ser sanada desde su raíz.

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Cómo lidiar con el sufrimiento

Job 9,1-12.14-16 

Respondió Job a sus amigos: “Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento.

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SIGNOS VISIBLES DE LA PRESENCIA DE DIOS

“Deseo, además, que cada familia coloque a la vista de todos la imagen que posteriormente daré a conocer a mi ‘pequeña hija’. Para poder honrarme más fácilmente, deseo que cada familia se ponga bajo mi protección especial” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio). 

El Padre satisface nuestra necesidad humana de ver y palpar. Así como solemos colocar en nuestra casa cuadros y fotos de nuestros seres queridos para recordarlos con más facilidad, también nuestro Padre quiere que demos lugar a una imagen suya en nuestro hogar. Ésta ha de ayudarnos a estar conscientes de que en todo nuestro actuar Él está presente y nos brinda su protección. Especialmente para los niños será de gran ayuda mirar una y otra vez la imagen de Dios Padre y saber que Él vela sobre sus vidas.

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El Señor protege a los justos

Siguiendo el calendario tradicional, se conmemora hoy a los mártires Cosme y Damián.
Por tanto, escucharemos hoy la lectura correspondiente a esta memoria. En el siguiente
link podéis encontrar también una meditación basada en la lectura del santo a quien se
celebra hoy en el calendario nuevo, San Vicente de Paúl: http://es.elijamission.net/dioseligio-la-flaqueza/

Sb 5,15-20

Los justos viven para siempre; encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de
ellos.

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EL TIEMPO APREMIA

“Las almas necesitan ser tocadas con ciertas caricias divinas y el tiempo apremia. ¡No temáis nada! ¡Yo soy vuestro Padre! Yo os ayudaré en vuestros esfuerzos y en vuestro trabajo” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio). 

El tiempo apremia y los hombres han de enterarse del amor que Dios les tiene. Cada día que pasa sin que las personas vivan en la dichosa certeza de saberse amadas por Dios, es un día que carece de lo esencial.

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Pruebas

Job 1,6-15.18-22

Un día en que los hijos de Dios fueron a presentarse ante el Señor, apareció también entre ellos Satanás. Dijo entonces el Señor a Satanás: “¿De dónde vienes?” Satanás respondió: “De dar vueltas por la tierra y pasearme por ella.” El Señor replicó a Satanás: “¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.”

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UN CORAZÓN NUEVO

“Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36,26).

¡Lo que está en juego es el corazón del hombre! ¿A quién le pertenece?

Nuestro Padre Celestial quiere habitar en nuestro corazón y hacerlo receptivo a su amor, que sin cesar nos ofrece. El corazón nuevo que Él nos da es uno que ya no se endurece, que no se cierra más al amor, que se ensancha frente a las necesidades de todos los hombres, que ya no tolera la frialdad que aún descubre en sí mismo y permite que el amor de Dios derrita la capa de hielo que a menudo lo rodea.

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¡Ay de los impíos!

Am 6,1a.4-7

Esto dice el Señor omnipotente: “¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión,
confiados en la montaña de Samaría! Se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo; canturrean al son del arpa e inventan como David instrumentos musicales; beben el vino en elegantes copas,
se ungen con el mejor de los aceites pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados, y se acabará la orgía de los disolutos”.

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El corazón anclado en Dios

Ecl 11,9–12,8

 Disfruta, muchacho, en tu juventud, pásalo bien en tu mocedad. Vete por donde te lleve el corazón y a gusto de tus ojos; pero a sabiendas de que por todo ello te juzgará Dios. aparta el mal humor de tu pecho y aleja el sufrimiento de tu cuerpo, que juventud y mocedad son efímeras. Acuérdate de tu Creador durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: “No me agradan.” Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia.

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CONFÍA EN MÍ

Hoy se cumplen cien días desde que empezamos con estos impulsos diarios para conocer, honrar y amar más profundamente a nuestro Padre Celestial; es decir, que esta es la centésima meditación de los “3 minutos para Abbá”. Entonces, tenemos razón suficiente para agradecer a nuestro Padre y a todos aquellos que cooperan con nosotros, oran por nosotros y nos escuchan. 

“¡Confía en mí, yo soy tu Padre!” (Palabra interior).

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