YO CONOZCO TU CORAZÓN

“Yo conozco tu corazón y sé que me amas. A fin de cuentas, esto es lo decisivo, porque el amor todo lo perdona.” (Palabra interior)

Estas palabras del Padre nos recuerdan a aquella frase de oro atribuida a San Agustín: “Ama y haz lo que quieras.”

Conforme a esta máxima, el amor es el criterio definitivo para actuar y, de por sí, conduce a la acción correcta. En consecuencia, nuestra tarea es buscar el verdadero amor, reconocerlo, beber de él y vivir en él.

leer más

Resistencia contra el mal

Lc 4,31-37

 En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, población de Galilea, y los sábados les enseñaba. La gente quedaba asombrada de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio impuro y se puso a gritar a grandes voces: “¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.”

leer más

ADMIRABLES SON TUS OBRAS

“Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras”  (Sal 138,13-14).

¿Podemos pronunciar con el corazón libre y a una sola voz con el salmista esta acción de gracias a Dios? Deberíamos ser capaces de ello, porque nuestro Padre puso todo su amor al crear al hombre, y esto cuenta para todos y cada uno de nosotros.

leer más

Los respetos humanos

Jer 1,17-19

En aquellos días, recibí esta palabra del Señor: “Cíñete la cintura, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No desmayes ante ellos, y no te haré yo demayar delante de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.” Oráculo del Señor.

leer más

UNA LECCIÓN ESPIRITUAL (II)

“No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda.” (Sal 138,4)

Desde que los pensamientos surgen en nuestro interior hasta que los pronunciamos con las palabras, aún nos queda un camino que nos permite refrenarlos, de modo que no salga de nuestros labios palabra alguna que pudiese desagradar a nuestro Padre.

En el impulso de ayer escuchábamos que es necesario examinar incluso nuestros pensamientos a la luz de Dios. Este proceso –que se denomina “ascesis de los pensamientos”– deberíamos llevarlo a cabo elevando la mirada hacia Dios y amándolo, de modo que crezca aún más la relación de confianza con nuestro Padre. Así, nuestra sensibilidad y delicadeza hacia Dios aumentan, de manera que podemos identificar fácilmente aun la más mínima desviación de los pensamientos, porque, como dice el Libro de la Sabiduría, “los pensamientos retorcidos apartan de Dios” (Sab 1,3).

leer más

La humildad: madre de las virtudes

Eclo 3,17-18.20.28-29

Hijo, actúa con modestia en todo lo que hagas, y te querrán más que al hombre generoso. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y alcanzarás el favor del Señor. Porque grande es el poder del Señor, pero son los humildes quienes le glorifican. La desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues la planta del mal ha echado en él sus raíces. El hombre prudente medita los proverbios, un oído atento es el anhelo del sabio.

leer más

UNA LECCIÓN ESPIRITUAL (I)

“De lejos penetras mis pensamientos” (Sal 138,2b)

La amorosa omnisciencia de nuestro Padre no sólo es para nosotros una reconfortante certeza; sino que se nos convierte en una lección espiritual, si permitimos que sus palabras nos impregnen profundamente.

En efecto, el amor de nuestro Padre tiene también un carácter formativo; es decir, quiere modelarnos a la imagen según la cual fuimos creados (Gen 1,27). Hemos de llegar a ser aquello para lo cual fuimos llamados y corresponder a la vocación que el Señor nos ha concedido y encomendado. Por eso Dios se preocupa tanto por nosotros y nos acompaña en todas nuestras sendas, que están desveladas ante Él. Si estamos en el camino recto, nos fortalece y nos anima; si nos desviamos, nos llama a la conversión (cf. Sal 138,24).

leer más

La lucha por la conversión

Lc 7,11-17 (Lectura correspondiente a la memoria de Santa Mónica)

En aquel tiempo, fue Jesús a un pueblo llamado Naím. Lo acompañaban sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a las puertas del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda. La acompañaba mucha gente del pueblo. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: “No llores.” Luego, acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se pararon.

leer más

EL PADRE NOS CONOCE

“Señor, tú me sondeas y me conoces” (Sal 139,1)

Nadie más que Dios conoce el corazón del hombre en su mayor profundidad. Nadie puede siquiera sondear a fondo su propio corazón, si no le es revelado en la luz del Espíritu de Dios.

¡Qué maravilloso refugio nos ofrece nuestro Padre Celestial, en medio de un mundo sumido en el caos! Dios conoce las intenciones de nuestro corazón. ¡Sólo Él podrá juzgarnos correctamente! En Él podemos contar con todo el amor y con toda la justicia.

leer más

La necedad de la cruz

1Cor 1,17-25

No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan –para nosotros- es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: “Destruiré la sabiduría de los sabios y desecharé la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto?” ¿Dónde el intelectual que se ciñe a simples criterios humanos? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo, mediante su propia sabiduría, no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación.

leer más