EL PADRE ES NUESTRO CONFIDENTE

“Si queréis experimentar el poder de esta fuente de la que os hablo, primero debéis aprender a conocerme mejor y a amarme tal como yo lo deseo; es decir, no sólo como vuestro Padre sino también como vuestro amigo y confidente” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda” (Sal 138,1-4).

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Padecimientos en la oración (Parte I)

Quien emprenda seriamente una vida de oración –es decir, que no sólo ore ocasionalmente o cuando esté pasando una gran angustia– se dará cuenta de que no siempre es un camino fácil; sino que hay padecimientos que pueden hacer que la oración incluso se nos vuelva fatigosa. Por tanto, tendremos que luchar contra la pereza de nuestra naturaleza humana, atravesar procesos de purificación y, por supuesto, confrontarnos con diversas tentaciones, que quieren desanimarnos.

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EL PADRE ES NUESTRO AMIGO

“No me basta con haberos mostrado mi amor; quiero abriros, además, mi Corazón, del cual brotará una fuente refrescante que apagará la sed de todos los hombres (…). Si queréis experimentar el poder de esta fuente de la que os hablo, primero debéis aprender a conocerme mejor y a amarme tal como yo lo deseo; es decir, no sólo como vuestro Padre sino también como vuestro amigo y confidente” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Nuestro Padre Celestial quiere darnos un acceso directo a su corazón, a lo más íntimo de su ser. Esta fuente refrescante ha de llegar a todos los hombres que tienen sed de amor, de verdad y de justicia, para vivificarlas. La hizo fluir a través del Corazón de su Hijo Jesús, para que llegue hasta nosotros.

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Preparación para la oración

La mejor preparación para la oración, que al mismo tiempo es su fruto, es el enfoque de nuestra vida en Dios. Esto significa, en primera instancia, vivir en estado de gracia; es decir, en conformidad con la voluntad divina.

Sólo bajo esta condición la oración podrá ser profundamente eficaz y Dios podrá penetrar en nuestro corazón. Nosotros, por nuestra parte, nos volveremos cada vez más capaces de escuchar a Dios, de entenderlo y buscarlo entrañablemente.

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EL SEÑOR RENUEVA SU AMOR

“El Señor, tu Dios, está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! Exulta de gozo por ti, te renueva con su amor; danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta” (Sof 3,17). 

Nuestro Padre Celestial dirige estas palabras a su Pueblo escogido y particularmente a Jerusalén. Él quiere compadecerse y renovar su amor, a pesar de todas las transgresiones del Pueblo.

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Introducción a la oración

NOTA: Hemos decidido prolongar la serie sobre la vida espiritual, esperando que sea de provecho para nuestros oyentes, para que puedan hacerse una idea más completa del camino de seguimiento de Cristo. En la medida de lo posible, seguiremos ofreciendo los enlaces donde podrían encontrar una meditación de años anteriores basada en la lectura o en el evangelio del día.

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ABISMO DE AMOR

“Hijos míos, Yo soy la fuente de todas las gracias y beneficios; pero, aún más, soy un abismo de amor. ¿Habéis contemplado el inmenso Océano de Mi misericordia? Venid, ved y sumergíos en la inmensidad de Mi amor” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio). 

El Padre nos invita una y otra vez a sumergirnos en su amor. Todos los místicos hablan de ello y anhelan ser envueltos y transformados por este amor.

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La virtud de la justicia

“La justicia es la constante y firme voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde.” (Santo Tomás de Aquino)

En esta sencilla definición encontramos la base para la práctica de esta virtud cardinal. La justicia se dirige, en primer lugar, a Dios mismo, pues no hay nada que sea más justo que rendirle a Él el culto que le corresponde como Creador y Padre: la adoración, el honor, la gloria, la gratitud, la confianza, el fiel cumplimiento de sus mandamientos, el humilde y entregado servicio a Él…

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PARTÍCIPES DEL PODER Y LA GLORIA DEL PADRE

“Haced (…) lo que yo deseo, honrándome con un culto especial, tal como ya os lo he dicho. Que esto os haga comprender que quiero daros mucho y haceros participar en gran medida de mi poder y de mi gloria” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

El culto especial que el Padre pide es, a grandes rasgos, una Fiesta litúrgica en su honor que ha de establecerse en la Iglesia y luego en el mundo entero. Aún no ha tenido lugar su instauración oficial, pero lo que sí ha surgido, al menos a nivel privado, es un Oficio a Dios Padre, que efectivamente también corresponde a uno de los deseos que Él expresa en este contexto. Por tanto, podemos esperar que las palabras del Mensaje que hoy escuchamos podrán aplicarse, al menos parcialmente, si correspondemos a su deseo de ser conocido, amado y honrado, también a través del Oficio litúrgico, aunque todavía se lo practique sólo en un círculo pequeño.

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La virtud de la prudencia

“Porque es el Señor quien da la sabiduría y de su boca brotan el saber y la prudencia” (Prov 2,6).

La virtud de la prudencia suele considerarse como la “auriga virtutum”; es decir, la moderadora o conductora de las otras virtudes, porque ella nos ayuda a aplicar la virtud que corresponda en las circunstancias dadas, de forma sabia y sensata. Con ella aprendemos a discernir debidamente las cosas, y nos enseña a dar la respuesta correcta en cada situación.

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