“Oportuna o importunamente, todo el mundo ha de enterarse de que hay un Dios y un Creador” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Estas palabras nos permiten echar una mirada en el Corazón de nuestro Padre, para ver qué es lo que le mueve.
“Oportuna o importunamente, todo el mundo ha de enterarse de que hay un Dios y un Creador” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Estas palabras nos permiten echar una mirada en el Corazón de nuestro Padre, para ver qué es lo que le mueve.
Hoy se celebra la memoria del beato Enrique Suso, que quizá sea menos conocido en la Iglesia Universal que en los países de habla alemana. Él es un maestro espiritual confiable, y sabemos cuán necesitados estamos en estos tiempos de maestros espirituales, que por desgracia escasean cada vez más.
“Os he hecho a mi imagen para que no encontréis nada extraño cuando habléis y os acerquéis a vuestro Padre, vuestro Creador y vuestro Dios, pues por mi bondad misericordiosa os habéis convertido en los hijos de mi amor paternal y divino” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
El trato cercano con nuestro Padre Divino es una fuente de constante alegría para nosotros, los hombres, y en realidad forma parte esencial de nuestra vida; más aún, es nuestra vida.
1Cor 1,10-13.17
Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo os exhorto a que os pongáis de acuerdo: que no haya divisiones entre vosotros y viváis en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre vosotros.
“Servimos a un rey grande y excelso, que paga a sus siervos no con recompensa regia o imperial, sino divina” (San Arnoldo Janssen).
Los reyes y emperadores sólo pueden pagar nuestros servicios con recompensas mundanas, con cosas de las que ellos pueden disponer, pero que son pasajeras. Lo que pueden ofrecernos es sólo una participación en su poder terrenal o en su honor. Dios, en cambio, paga cada uno de nuestros servicios con recompensa divina, haciéndonos partícipes de su inmortalidad, de su ser imperecedero.
“Cuanto más encarnizada sea la batalla, más segura es la victoria, con la ayuda de Dios” (Papa León XIII).
Día a día y a diferentes niveles, el Padre nos hace librar esta batalla. Mientras dure nuestra peregrinación hacia la visión gloriosa de Dios en la eternidad, el combate es nuestra constante compañía. ¡Dichosos los que lo asumen y ocupan su lugar en el “ejército del Cordero”!
“La única razón para tener miedo de entregarle a Dios toda tu vida es creer que tu propio proyecto es mejor” (Esther María Magnis).
La autora de esta frase describe con mucho acierto lo que nos impide abandonarnos por completo en nuestro Padre Celestial. En efecto, no puede haber motivos ni del entendimiento ni de la fe y del amor que pudieran desaconsejar la entrega confiada a nuestro amoroso Padre. Entonces, ¿qué nos hace titubear a la hora de seguir su invitación, como correspondería al amor y a la verdad?