Conocer, honrar y amar al Padre…
Comprendemos que, a través del primer mandamiento, nuestro Padre Celestial nos invita a corresponder a su amor con toda nuestra existencia, sin retenerle nada.
Conocer, honrar y amar al Padre…
Comprendemos que, a través del primer mandamiento, nuestro Padre Celestial nos invita a corresponder a su amor con toda nuestra existencia, sin retenerle nada.
2Cor 11,18.21b-30
Dado que muchos se glorían según la carne, también lo haré yo. En cualquier cosa que alguien presuma -lo digo como un insensato- también presumo yo. ¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendencia de Abrahán? También yo. ¿Son ministros de Cristo? Pues -delirando hablo- yo más: en fatigas, más; en cárceles, más; en azotes, mucho más.
Conocer, honrar y amar al Padre…
Aunque nuestro corazón –que a veces se siente frío– tenga la impresión de corresponder tan pobremente al amor del Padre y se entristezca por ello, Él nos da la oportunidad de demostrarle nuestro amor de otra manera más. Vale aclarar, además, que el solo hecho de que nos entristezcamos por amarle menos ardiente y perseverantemente de lo que quisiéramos, es ya una señal de amor, porque aquí el corazón sufre cuando no brota de él la expresión del amor y al no poder entrar en una relación íntima con Dios, de corazón a corazón.
2Cor 11,1-11
¡Ojalá pudierais soportar un poco mi necedad! ¡Pero sí, soportadme! Porque estoy celoso de vosotros con los celos de Dios: os he desposado con un solo esposo para presentaros a Cristo como a una virgen casta.
Conocer, honrar y amar al Padre…
Nuestro Padre quiere que lo amemos de todo corazón, y nos dirigimos al Espíritu Santo para pedirle que realice esto en nosotros, desprendiendo nuestro corazón de todo aquello que nos impide corresponder al gran amor.
2Cor 9,6-11
Hermanos: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia. Que cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues Dios ama al que da con alegría.
Conocer, honrar y amar al Padre…
Lo más importante y esencial ha de ocupar el primer lugar en nuestra vida.
“‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?’ Él le respondió: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento’” (Mt 22,36-38).
2Cor 8,1-9
Queremos informaros, hermanos, de los favores que Dios ha otorgado a las iglesias de Macedonia. Pues, aunque probados por numerosas tribulaciones, han rebosado de alegría, y su extrema pobreza ha desbordado en tesoros de generosidad.
Conocer, honrar y amar al Padre…
Al acoger la gracia que Nuestro Señor Jesucristo nos ofrece y al corresponder a su amor, honramos a Aquél que lo envió. Jamás habremos honrado lo suficiente al Hijo de Dios, que cumplió perfectamente la Voluntad de su Padre. Todo testimonio que demos de Él, todo anuncio, toda confesión y toda defensa de sus mandamientos y de su Iglesia honra también al Padre, que es el Autor de todo.
2Cor 6,1-10
Como colaboradores suyos os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: “En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te ayudé”. Mirad, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.