El nuevo nacimiento

Jn 3,1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: “Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas, si Dios no está con él.” Jesús le dijo: “En verdad, en verdad te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.”

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PERMANECER EN LA DOCTRINA

“Quien permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo” (2Jn 1,9b).

Nuestro Padre nos ha encomendado un gran tesoro, que la Iglesia ha custodiado fielmente: la doctrina de Cristo. Ésta proporciona a nuestro entendimiento la luz sobrenatural, para que no nos extraviemos y caigamos así en los lazos que el Maligno nos tiende. El error en materia de fe empaña nuestra relación con Dios, porque es una “falsa luz”, un fuego fatuo que penetra en nuestra alma, ocupando el lugar del verdadero conocimiento de Dios. Así, la falsa doctrina afecta también a nuestra capacidad de amar, porque obstaculiza un conocimiento más profundo de Dios, que, a su vez, despertaría cada vez más nuestro amor por Él.

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MIRAD CONMIGO AL PADRE

“Mirad conmigo al Padre y todo lo conseguiréis, sea lo que sea” (Palabra interior).

Al mirar con Jesús al Padre, todo lo que sucede se transforma y se convierte en una entrega constante a nuestro Padre Celestial. Nada de lo que Jesús dijo e hizo fue jamás contrario a la Voluntad de Dios. Antes bien, el Hijo de Dios conduce de regreso al Padre a toda la humanidad necesitada de redención.

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Valentía y verdadera obediencia

Hch 4,13-21

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, quedaron sorprendidos al ver la valentía de Pedro y Juan, sabiendo además que eran hombres sin instrucción ni cultura. Por una parte, reconocían que Pedro y Juan habían estado con Jesús; y, al mismo tiempo, veían de pie, junto a ellos, al hombre que había sido curado; así que no podían replicar. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar.

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LA VICTORIA SOBRE EL MUNDO 

“Todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo” (1Jn 5,4a).

Es una ilusión creer que nosotros, como cristianos, podemos vivir como se vive en el mundo. Es una ilusión si los pastores de la jerarquía eclesiástica piensan que habría que adaptarse más al mundo para poder ganar a las personas de este tiempo. Es una ilusión colocar a la fe cristiana a un mismo nivel con las otras religiones, o incluso querer crear una entidad religiosa ecuménica, en la que tengan cabida todas las personas independientemente de su credo, y pretender que ésta sea mayor que la Iglesia Católica.

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LA LONGANIMIDAD DE NUESTRO PADRE 

“El mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él” (1Jn 3,1b).

Podemos tener la esperanza de que, a través de un testimonio fidedigno de nuestra parte, las personas encuentren acceso al amor de nuestro Padre Celestial. Sin embargo, las palabras que hemos escuchado del Apóstol San Juan nos exhortan a ser siempre realistas. En el Prólogo de su Evangelio, San Juan escribe: “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron” (Jn 1,5).

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El tiempo de la consolación

Hch 3,11-26

En aquellos días, como el tullido curado no soltaba a Pedro y a Juan, toda la gente, presa de estupor, corrió hacia ellos al pórtico llamado de Salomón. Pedro, al percatarse de esto, se dirigió así a la gente: “Israelitas, ¿por qué os admiráis de lo sucedido, o por qué nos miráis fijamente, como si nosotros hubiéramos hecho andar a este hombre con nuestro poder o piedad?

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