LA MORADA AMADA DEL PADRE

“Dios mío, Trinidad que adoro (…), pacifica mi alma; haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora” (Santa Isabel de la Santísima Trinidad).

Para complementar esta oración de Sor Isabel, escuchemos también una frase similar de Santa Edith Stein: “Dios, la Santísima Trinidad está en nosotros. Si tan sólo supiéramos edificar dentro de nosotros una celda bien sellada y retirarnos a ella tantas veces como nos sea posible, entonces no nos faltaría nada en ningún lugar del mundo.”

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La sana doctrina

NOTA: En el calendario tradicional, se celebra hoy a San Buenaventura, mientras que en el calendario litúrgico nuevo su fiesta es mañana. Por tanto, en la meditación de mañana hablaremos un poco sobre él y hoy escucharemos la lectura de su memoria:

2Tim 4,1-8

Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús, que va a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza y exhorta siempre con toda paciencia y doctrina. Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus pasiones para halagarse el oído. 

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DIOS ES EL MISMO

“Nada debéis considerar como un obstáculo en el camino hacia el Señor. No prestéis tanta atención a si estáis entusiasmados o desanimados. Hace parte de nuestra condición de destierro el cambiar así de un estado de ánimo al siguiente. En esos momentos, creed que Él nunca se muda, que en su bondad siempre se inclina sobre vosotros para atraeros y cobijaros” (Santa Isabel de la Santísima Trinidad).

Sabios consejos de una santa…

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La expulsión de los espíritus inmundos

Mt 10,1-7

En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar a los espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó.

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Alcanzar la sabiduría

Pr 2,1-9 (Lectura correspondiente a la memoria de San Benito Abad)

Hijo mío, si aceptas mis palabras y retienes mis mandatos, prestando atención a la sabiduría y abriendo tu mente a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la buscas como al dinero y la rastreas como a un tesoro, entonces comprenderás el temor de Yahvé y encontrarás el conocimiento de Dios. Porque es Yahvé quien da la sabiduría y de su boca brotan el saber y la prudencia.

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EL TESORO DE SU AMOR

“Nuestro buen Dios tiene el ardiente deseo de concedernos el gran tesoro de su amor, pero quiere que se lo pidamos suplicantes y que actuemos de tal manera que cada obra que realicemos sea una súplica que implore ese amor” (Santa Teresa Margarita Redi)

Debemos suplicar fervorosa e insistentemente al Padre para que pueda cumplirse su deseo de concedernos el gran tesoro de su amor, como sugiere la frase de la santa que acabamos de escuchar.

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