TODOS SON LLAMADOS

“Si yo no sería la esperanza de la humanidad, el hombre estaría perdido. Pero es necesario que sea conocido como tal, para que la paz, la confianza y el amor entren en el corazón de los hombres y surja así una relación viva con su Padre, el Dios del cielo y de la tierra” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

A nivel objetivo, nuestro Padre es la esperanza de la humanidad, así como es su Juez, Redentor y Salvador. Habiendo recibido el don de la fe, uno se vuelve cada vez más consciente de esta realidad, y ésta empieza a marcar todo nuestro pensar y actuar. Entonces, surge esa relación de la que el Padre habla; una relación que ha de ser confiada, natural y tierna; una relación que será nuestra gran dicha aquí en la tierra y nuestra felicidad eterna en la otra vida. También para nuestro Padre es una fuente de gran alegría.

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Llamados a la santidad

1Tes 4,1-8

Hermanos: os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús a que os comportéis y agradéis a Dios tal como nosotros os enseñamos, y a que continuéis progresando en ese camino. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús. Dios quiere vuestra santificación: que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios; que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor se vengará de todo esto, como ya os dijimos y lo repetimos, pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad. Así pues, el que esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os hace don de su Espíritu Santo.

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La actitud vigilante

Mt 24,42-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Estad en vela, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor. Sabed esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría ciertamente velando y no dejaría que se horadase su casa. Por tanto, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el amo puso al frente de la servidumbre, para darles el alimento a la hora debida? Dichoso aquel siervo a quien su amo cuando vuelva encuentre obrando así. 

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Sobre la hipocresía

Mt 23,27-32

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así sois también vosotros, que por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de maldad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos participado con ellos en el asesinato de los profetas’! Diciendo eso atestiguáis contra vosotros mismos, pues confirmáis que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!”

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“SANTIFICADO SEA TU NOMBRE”

“Hijos míos, es verdad que me amáis y me honráis cuando decís la primera invocación del Padre Nuestro. Pero continuad con las otras peticiones y veréis: ‘Santificado sea Tu Nombre.’ ¿Mi Nombre es santificado?” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Así como en el Nombre de Jesús está la salvación (cf. Hch 4,12) y los poderes del infierno tiemblan al oírlo, así sucede también cuando invocamos a Dios como nuestro Padre.

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Martirio de San Juan Bautista

Jer 1,17-19 (Lectura correspondiente a la memoria del Martirio de San Juan Bautista)

En aquellos días, recibí esta palabra del Señor: “Cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.” -Oráculo del Señor.

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PAZ EN DIOS 

“Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Las Confesiones, i, 1, 1).

San Agustín, el incansable buscador de Dios, nos dejó estas maravillosas palabras. Con lo que sea que pretendamos llenar nuestro corazón, éste nunca hallará la verdadera paz ni la verdadera felicidad mientras no se abra al amor de Dios. ¡Sólo para este amor fue creado!

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Una verdadera conversión

Con gran alegría, nos fijamos hoy en San Agustín; cuya conversión trajo tanta bendición a la Iglesia. Podemos estar seguros de que la oración de su madre, Santa Mónica, y su batallar por él jugaron un papel importante para que Agustín finalmente encontrara el camino hacia Dios. Él mismo dejó por escrita su lucha en sus así llamadas “Confesiones”; un libro que siempre vale la pena leer. Empezó a escribirlo después de que resplandeció sobre él la luz de la fe; después de haber entendido cómo hay que vivir el seguimiento de Cristo.

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