“Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef 6,17).
Una vez más, nuestro Padre nos provee de todo lo necesario para el duro combate. Como yelmo, nos ofrece la salvación en Cristo.
“Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef 6,17).
Una vez más, nuestro Padre nos provee de todo lo necesario para el duro combate. Como yelmo, nos ofrece la salvación en Cristo.
En la meditación de ayer, terminamos con la firme certeza de que Santa Juana de Arco, junto con toda la Iglesia Celestial, se apresurará a reunir un ejército espiritual para luchar conscientemente contra las amenazas anticristianas inmanentes y ya existentes. Me gusta llamarlo “el ejército del Cordero”.
El solo término ya deja en claro que se trata de la “Esposa de Cristo”. Es el ejército del Rey del cielo y de la tierra y sus guerreros son aquellos “que siguen al Cordero a dondequiera que vaya” (Ap 14,4).
“Tomad en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno” (Ef 6,16). leer más
Una de nuestras grandes intenciones es que la figura y la misión de Santa Juana de Arco sean correctamente entendidas, para que Dios, que la llamó, reciba la alabanza que le es debida, y ella, que cooperó en su plan de salvación, sea honrada como merece. Juana de Arco es un gran don del Señor y es ciertamente una de las criaturas más encantadoras salidas de la mano de Dios.
“Revestíos con la coraza de la justicia” (Ef 6,14b).
Esta afirmación nos da a entender que la justicia protege a la persona. Justicia significa dar a cada cual lo que le corresponde, estar atentos a los casos en que la dignidad de la persona se ve amenazada por la injusticia y, en la medida de nuestras posibilidades, garantizar sus derechos. Esto se aplica al ámbito personal, pero también a la sociedad en general.
Las últimas tres meditaciones, se las hemos dedicado a Santa Juana de Arco. Nosotros, como comunidad, rezamos cada día pidiendo que se nos conceda comprender aún mejor su misión y que su honor sea plenamente restituido.
¿Por qué pedimos eso? Muchas veces Santa Juana no ha sido comprendida adecuadamente. No se podía imaginar que Dios intervendría de esta forma en el curso de la historia, y que, a través de una jovencita, podría dar un giro tal a la situación de guerra. Muchas veces, sigue en pie hasta hoy esta incomprensión…
“Así pues, estad firmes, ceñidos en la cintura con la verdad” (Ef 6,14).
Para Juana de Arco, había llegado la etapa más difícil de su misión. Tuvo que cargar todo el peso de la cruz, de la cual nadie que esté plenamente al servicio de su Señor queda exento.
“Cíñete al flanco la espada, valiente: es tu gala y tu orgullo” (Sal 44,4).