“EL VERDADERO PRÍNCIPE DE LA PAZ”

«Él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra» (Zac 9,10b).

Fue el «Hijo del Altísimo» quien nos trajo la verdadera paz y llama a todos los pueblos a vivir en ella. En el Mensaje a sor Eugenia Ravasio, nuestro Padre Celestial subraya que la paz llega cuando los hombres lo reconocen, lo honran y lo aman. La paz interior y exterior solo puede reinar si vivimos de acuerdo con los mandamientos de Dios.

leer más

Luchar sin decaer

Gal 5,18-25

Hermanos: Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley. Ahora bien, están claras cuáles son las obras de la carne: la fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes. Sobre ellas os prevengo, como ya os he dicho, que los que hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio, los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el Espíritu. leer más

Memoria de San Eduardo, Rey: “Esperar al Señor”  

NOTA: Escucharemos hoy el Evangelio correspondiente a la memoria de San Eduardo Rey según el rito tradicional.

Lc 12,35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como ésos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. Os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, ¡dichosos ellos, si los encuentra así! Tened esto por cierto: si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría que se horadase su casa. Vosotros estad también preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.”

leer más

“HABLAR CON MODERACIÓN”

«Si alguien habla con moderación, se vuelve apacible, manso y sencillo. En efecto, si refrena su lengua y no habla sin antes haber examinado, sopesado y reflexionado sobre sus palabras, sobre si debe pronunciarlas y si debe decírselas a la persona que tiene frente a sí, practica de forma concreta la modestia, la mansedumbre y la paciencia» (San Ambrosio de Milán).

leer más

El signo del Señor y su Iglesia

Lc 11,29-32

En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir a la gente reunida junto a él: “Esta generación es una generación malvada; pide un signo pero no se le dará otro signo que el de Jonás. Porque así como Jonás fue signo para la gente de Nínive, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más que Salomón. La gente de Nínive se levantará en el Juicio con esta generación y la condenarán, porque al menos ellos se convirtieron por la predicación de Jonás; y aquí hay algo más que Jonás.”

leer más

“TRABAJAR EN LA VIÑA DEL SEÑOR”

«Dios entra a habitar en un alma cuando ésta no sólo medita en su amor, sino que también trabaja en él día y noche» (Santa Brígida de Suecia).

No basta con contemplar, admirar y alabar el amor de Dios, sino que también hay que ponerlo en práctica día tras día mediante las obras de caridad. Estas implican las obras externas, pero también el trabajo constante en nuestro propio corazón, a fin de superar, con la gracia de Dios, todo aquello que impide el despliegue del verdadero amor. Esta es la voluntad de nuestro Padre, tal y como lo deja claro Santa Brígida.

leer más

“Dar el sitio adecuado a los signos y milagros”

Meditaremos hoy el evangelio del XX Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Jn 4,46-53

En aquel tiempo, Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún.                                                                        leer más

La Ley como pedagogo

 

Gal 3,22-29

La Escritura encerró todas las cosas bajo el pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe en Jesucristo. Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros, custodiados por la Ley, en espera de la fe que debía ser revelada. Por consiguiente, la Ley ha sido nuestro pedagogo, que nos condujo a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe; pero cuando ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al pedagogo. En efecto, todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús. Si vosotros sois de Cristo, sois también descendencia de Abrahán, herederos según la promesa.

leer más

Los hijos de Abrahán

 

Gal 3,7-14

Tened bien presente que los hijos de Abrahán son los que creen. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abrahán esta buena nueva: En ti serán bendecidas todas las naciones. Así pues, los que creen son bendecidos con Abrahán el creyente. Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Dice así la Escritura: “Maldito quien no practique fielmente todos los preceptos escritos en el libro de la Ley.” Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues dice la Escritura: “El justo vivirá por la fe.” Además, la ley no puede proceder de la fe, pues dice: “Quien practique sus preceptos, vivirá por ellos.” Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: “Maldito el que cuelga de un madero.” Y esto fue así para que la bendición de Abrahán llegara a los gentiles a través de Cristo Jesús, y para que, por la fe, recibiéramos el Espíritu de la promesa.

leer más