En una ocasión, santa Gertrudis le preguntó al Señor por qué había permitido que ciertas personas la atemorizaran. El Señor le respondió: «Cuando la mano paterna quiere reprender al niño, la vara no puede oponer resistencia. Por eso, desearía que mis elegidos nunca culparan a las personas a través de las cuales son purificados, sino que vieran detrás de ellas mi amor paternal, pues yo nunca permitiría que ni siquiera el viento más leve soplara en su contra si no tuviera en mente su salvación eterna. Antes bien, deberían tener compasión de aquellos que se manchan mientras ellos son purificados».
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El poder de la oración
St 5,13-20
¿Está triste alguno de vosotros? Que rece. ¿Está contento? Que cante salmos. ¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, y que oren sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le hará levantarse, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Así pues, confesaos unos a otros los pecados, y rezad unos por otros, para que seáis curados. La oración fervorosa del justo puede mucho. Elías era un hombre de igual condición que nosotros; y rezó fervorosamente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después rezó de nuevo, y el cielo dio lluvia y la tierra germinó su fruto. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que quien convierte a un pecador de su extravío salvará su alma de la muerte y cubrirá sus muchos pecados. leer más
Exhortación a la perseverancia
St 5,7-12
Hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y las tardías. Tened también vosotros paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para que no seáis juzgados; mirad que el Juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como modelos de una vida sufrida y paciente a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Mirad cómo proclamamos bienaventurados a quienes sufrieron con paciencia. Habéis oído de la paciencia de Job y habéis visto el desenlace que el Señor le dio, porque el Señor es entrañablemente compasivo y misericordioso. Ante todo, hermanos míos, no juréis: ni por el cielo ni por la tierra, ni con cualquier otro juramento. Que vuestro sí sea sí y que vuestro no sea no, para que no incurráis en sentencia condenatoria.
“PERSEVERAR EN LA ORACIÓN”
«Aunque parezca que no sirve de nada, no debemos abandonar la oración por las distracciones o la inquietud de espíritu que experimentemos. Quien persevera durante todo el tiempo que se ha propuesto orar y llama suavemente a su espíritu para que vuelva una y otra vez al objeto de su oración, obtendrá gran provecho» (San Felipe Neri).
“LA BALANZA DE DIOS”
«Sin amor interior, todas las obras externas son inútiles. En cambio, lo que se hace movido por el amor es grande y produce abundantes frutos, por muy insignificante y despreciable que pueda parecer a los ojos de los hombres. Porque, en la balanza de Dios, lo que te impulsa a actuar pesa mucho más que la acción en sí misma» (cf. Tomás de Kempis, La imitación de Cristo).
Responsabilidad ante Dios
St 4,13–5,6
Atended ahora los que decís: ‘Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí un año, negociaremos y obtendremos buenas ganancias’. ¿Cómo habláis así, si ni siquiera sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana? ¡Sois vapor de agua que aparece un instante y enseguida se evapora! En lugar de decir: ‘Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello’, os jactáis y fanfarroneáis, sin advertir que toda jactancia de este tipo es mala. Por tanto, el que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado. Atended ahora los ricos: llorad a gritos por las desgracias que os van a sobrevenir. Vuestra riqueza está podrida, y vuestros vestidos consumidos por la polilla; vuestro oro y vuestra plata están enmohecidos, y su moho servirá de testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como si fuera fuego.
“YO SOY TU RESISTENCIA”
«Yo lucho dentro de ti y soy tu resistencia. El tormento que experimentas en el combate lo troco en oro para tu beneficio y el de todos aquellos que necesitan ser liberados de esta plaga» (Palabra interior).
La clave para la verdadera paz
St 4,1-12
¿De dónde proceden las guerras y las peleas entre vosotros? ¿Acaso no provienen de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y tenéis envidia, y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no obtenéis, porque pedís mal, para derrochar en vuestros placeres. ¡Almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, el que desee ser amigo de este mundo, se hace enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ‘Celosamente nos ama el Espíritu que habita en nosotros’? Pero mayor es la gracia que da; por eso dice: ‘Dios resiste a los soberbios’, ‘y a los humildes da la gracia’. Por eso, estad sujetos a Dios.
“DIOS NO DEFRAUDA”
«Su sabiduría es infinita y, cuando le pido consejo, jamás me defrauda» (San Pío X).
Una vez más, el santo papa Pío X nos acompaña en los primeros pasos de este nuevo año. Para vivir nuestra fe de forma fructífera en estos tiempos difíciles, necesitamos buenos consejos. ¿Quién podría aconsejarnos mejor que nuestro Padre celestial? ¿Quién podría comunicarnos más de su infinita sabiduría que aquel que es la sabiduría misma?
La sabiduría de lo alto
St 3,1-18
Hermanos míos, no pretendáis muchos ser maestros, sabiendo que tendremos un juicio más severo; porque todos caemos con frecuencia. Si alguno no peca de palabra, ése es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo su cuerpo. Si ponemos frenos en la boca a los caballos para que nos obedezcan, dirigimos todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean tan grandes y las empujen vientos fuertes, un pequeño timón las dirige adonde quiere la voluntad del piloto. Del mismo modo, la lengua es un miembro pequeño, pero va presumiendo de grandes cosas. ¡Mirad qué poco fuego basta para quemar un gran bosque! Así también la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; es ella, de entre nuestros miembros, la que contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento.
