“UNA VIDA SABIA”

«¡Cuán dichoso y sabio es el hombre que se esfuerza por vivir tal y como desea ser hallado en la hora de su muerte!» (Tomás de Kempis).

¿Quién no querría estar preparado cuando llegue la hora de su muerte? ¿Quién no desearía poder decirle al Señor que se esforzó por cumplir su voluntad y poder confiar en que, por misericordia de Dios, será acogido en el Reino de su paz? Sin duda, toda persona de fe.

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Auténtica sumisión

Ef 5,21-33

Sed sumisos los unos a los otros, por respeto a Cristo: las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, el salvador del cuerpo. Como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua y la fuerza de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada. Así deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborrece jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia. En todo caso, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido.

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Hijos de la luz

Ef 4,32–5,8

Sed benévolos unos con otros, compasivos, perdonándoos mutuamente como Dios os perdonó en Cristo. Imitad, por tanto, a Dios, como hijos queridísimos, y caminad en el amor, lo mismo que Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y ofrenda de suave olor ante Dios. Como conviene a los santos, la fornicación y toda impureza o avaricia ni se nombren entre vosotros; ni palabras torpes, ni conversaciones vanas o tonterías, que no convienen. Haced más bien acciones de gracias. Porque debéis tener bien claro y aprendido esto: que ningún fornicario o impúdico, o avaro, que es como un adorador de ídolos, puede heredar el Reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras vanas, porque por culpa de esto vino la ira de Dios sobre los hijos de la rebeldía. Por tanto, no tengáis parte con ellos. En otro tiempo erais tinieblas, ahora en cambio sois luz en el Señor: vivid como hijos de la luz. leer más

Solemnidad de Cristo Rey: “Mi Reino no es de este mundo”

Siguiendo el calendario tradicional, la Solemnidad de Cristo Rey se celebra siempre el último domingo del mes de octubre; es decir, hoy. Por tanto, dedicaremos la meditación de hoy a esta gran fiesta.

Jn 18,33-37

En aquel tiempo, Pilato preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Respondió Jesús: “¿Dices eso por tu cuenta o es que otros te lo han dicho de mí?” Pilato contestó: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?” Respondió Jesús: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.” Entonces Pilato le dijo: “¿Luego tú eres rey?” Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”

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La necesidad de la conversión  

Lc 13,1-9

En una ocasión, llegaron algunos donde Jesús, que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. ¿O pensáis que aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. Les dijo esta parábola: “Un hombre tenía plantada una higuera en su viña; fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué ha de ocupar inútilmente el terreno?’ Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía. Mientras tanto, cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante. Y si no lo da, la cortas’.”

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VIDAS DE SANTOS: “San Juan de Capistrano: una vocación excepcional”  

¡Qué historias tan extraordinarias encontramos en las vidas de los santos! Se trata de personas que se entregan por completo al Señor y que, en muchas ocasiones, se consumen totalmente en su servicio. Fue su ardiente amor por Dios el que impulsó a san Juan de Capistrano a realizar hazañas que superan con creces lo que un ser humano es capaz de lograr. ¡El misterio de Dios se revela!

Juan de Capistrano nació en Nápoles en 1368 y estaba decidido a emprender una distinguida carrera mundana. Sin embargo, debido a las tensiones políticas en las que pretendía actuar como mediador en su calidad de abogado del rey Ladislao de Nápoles, fue capturado y encerrado en una torre fortificada. Por muy cruel que fuera el trato que recibió, Dios se sirvió de estas circunstancias para hacerle comprender que debía servir al Rey del Cielo y abandonar el mundo.

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“CONTEMPLACIÓN DE LA VERDAD”

«El alma disfruta del silencio y la paz no mediante muchas reflexiones, sino simplemente meditando sobre la verdad» (San Pedro de Alcántara).

San Pedro de Alcántara, a quien Dios dotó de grandes dones místicos y que llevó una vida ascética excepcional, nos señala una valiosa fuente de oración. Una y otra vez, los maestros de la vida espiritual nos exhortan a permanecer simplemente en presencia de Dios.

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