GRANDES ENGAÑOS: “Un grave engaño en el año 2020”  

En la meditación de ayer, hablamos del peligro de que, si permanecemos atrapados en un autoengaño y no logramos salir de él, nuestro discernimiento espiritual puede verse empañado, de manera que ya no seamos capaces de reconocer con claridad los engaños en el mundo o en la Iglesia que, en realidad, deberíamos detectar fácilmente gracias a nuestra fe católica. Hay que tener en cuenta que, por lo general, no se trata de meros errores humanos, sino que, en cuestiones tan importantes como las mencionadas ayer, es el «padre de la mentira» quien actúa detrás y no escatima esfuerzos para apartar a los hombres del camino de la salvación o, al menos, dificultarlo.

El engaño del que hablaré hoy afecta tanto al mundo como a la Iglesia. En este contexto, me gustaría señalar que ya he tratado a fondo este tema en varias publicaciones disponibles en mi página web. En en el marco de esta meditación, me limitaré a tratarlo en relación con el autoengaño y los grandes engaños. Dada su importancia, recomiendo encarecidamente leer los artículos más detallados en los siguientes enlaces:

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“LA HORA DE LA TENTACIÓN”  

«Porque has guardado mi mandato de perseverar, yo también te preservaré de la hora de la tentación que va a venir sobre todo el mundo, para probar a los habitantes de la tierra» (Ap 3,10).

Hoy seguimos escuchando las palabras que el Señor dirige a la iglesia de Filadelfia en la Revelación de San Juan, a la que alaba por su fidelidad. Podemos considerarla un modelo de iglesia fiel en tiempos de tribulación.

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El autoengaño (IV): Consecuencias del autoengaño a la hora de reconocer y defender la verdad  

Consecuencias del autoengaño a la hora de reconocer y defender la verdad

El autoengaño, sobre el que hemos reflexionado en las tres últimas meditaciones, puede repercutir negativamente en el discernimiento de los espíritus en general. Ya en el ámbito natural, podemos observar que, cuando las personas sobreestiman sus capacidades, pasan por alto sus debilidades y no aceptan ciertas limitaciones, su visión para juzgar correctamente las cosas se ve empañada e, incluso, puede desaparecer por completo. Están cegadas por una imagen errónea de sí mismas.

Al igual que les cuesta verse a sí mismas tal y como son, también resulta difícil que vean a los demás y las cosas y circunstancias que se presentan con una mirada sobria y clara.

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“El autoengaño (III)”        

En lo que respecta al autoengaño, ya hemos señalado que se trata de un estado peligroso que, además, puede hacernos más propensos a caer en los engaños presentes en el mundo y en la Iglesia. Antes de profundizar en ello mañana, me gustaría explicar primero qué otras circunstancias pueden propiciar que caigamos en un autoengaño.

Debemos tener en cuenta que, en no pocos casos, la ceguera frente a uno mismo también está condicionada por heridas emocionales. Por ejemplo, una persona a la que su padre haya corregido con excesiva severidad o incluso maltratado físicamente por cada falta cometida, tendrá más dificultades para reconocer a Dios como un Padre amoroso ante el que pueda abrirse sin temor y confesarle sinceramente sus errores y pecados.

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El autoengaño (II)       

A partir de ayer, estamos reflexionando sobre un tema importante para la vida espiritual que nos ayudará a despertar por completo a la verdad, para que nuestro seguimiento de Cristo esté libre de ilusiones y nuestro testimonio brille con mayor intensidad en el mundo. No solo es importante poner en práctica estas enseñanzas para protegernos de los engaños relacionados con nosotros mismos, sino también para poder identificar y superar todo tipo de engaños con mayor facilidad.

El salmista exclama: «¿Quién se da cuenta de sus propios yerros? De las faltas ocultas límpiame.» (Sal 19,13). En varios pasajes del Nuevo Testamento, Jesús señala la ceguera de los fariseos y de los escribas (cf. Mt 23,13). Dios conoce el corazón del hombre y nada está escondido ante Él.

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GRANDES ENGAÑOS: “El autoengaño (I)”        

Como he venido haciéndolo en los últimos años, ocasionalmente aprovecho las meditaciones diarias para desarrollar temas importantes para nuestro camino espiritual. En este caso, comenzaremos una serie sobre el tema del autoengaño, aunque más adelante lo ampliaré, ya que actualmente nos enfrentamos a tantos engaños en el mundo y, por desgracia, también en la Iglesia, que no podemos pasarlos por alto.

Para abordar el tema del autoengaño, recurriré a algunos pasajes escritos por el padre Paulus Sladek, OSA. Después del verdadero conocimiento de Dios, el conocimiento de uno mismo es un pilar indispensable en el camino de seguimiento de Cristo. Los textos del P. Sladek nos señalan aspectos importantes que pueden servirnos para nosotros mismos, así como también para ayudar a otras personas que viven en un autoengaño o que, al menos en parte, están cegadas por él. En cualquier caso, hay que tener claro que no se trata de una tarea fácil, ya que son muchos los obstáculos que quieren impedir que despertemos del autoengaño.

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“ESPERAR LA LUZ DE DIOS”  

«Espera siempre hasta tener claras las cosas y nunca te precipites» (Palabra interior).

¿De qué manera tomamos las decisiones en aquellas cuestiones que no están predeterminadas y para las que necesitamos luz? ¿Consultamos a nuestro Padre y esperamos a que su luz nos muestre el camino que debemos tomar? A menudo, las circunstancias y nuestro ímpetu natural nos presionan para tomar decisiones rápidas. Queremos saber cuanto antes qué tenemos que hacer. A menudo nos dejamos llevar por un dinamismo externo en lugar de refrenarlo. A veces también nos sentimos presionados por otras personas. En pocas palabras, nos cuesta esperar al momento indicado.

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