“LA VERDAD NOS FORMA”

«Con la verdad sucede lo mismo que con la caridad. Cuanto más la expreses y la pongas en práctica, más profundamente penetrará en tu interior y moldeará todo tu ser» (Palabra interior).

Vivir en la verdad y expresarla es un bien supremo que nos hace semejantes al Hijo de Dios, quien puede decir de sí mismo: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). Mientras que la mentira y la deshonestidad deforman nuestra persona, la verdad tiene el efecto contrario. Ella no tolera la mentira ni el engaño, sino que nos moldea según la imagen con la que Dios nos creó.

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Reflexión sobre los santos

En el marco de las meditaciones diarias, además de reflexionar sobre las lecturas o el Evangelio del día o de abordar diversos temas relacionados con la vida espiritual, he incluido en algunas ocasiones la vida de los santos. Siempre es una gran alegría para mí hablar de ellos. Hoy me gustaría compartir y comentar brevemente algunas reflexiones del filósofo alemán Dietrich von Hildebrand sobre los santos en general.

En su esclarecedor libro El caballo de Troya en la Ciudad de Dios, Hildebrand aborda diversos temas para explicar la crisis de la Iglesia. Dedica un capítulo entero a los santos y merece la pena escuchar atentamente sus palabras, que nos ayudarán a comprender y valorar mejor a los santos, tanto en su persona como en el mensaje que nos han legado. Así escribe Hildebrand:

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Salvados por gracia

Ef 2,1-10

Hermanos: vosotros estabais muertos a causa de vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el príncipe del imperio del aire, el espíritu que actúa en los rebeldes… entre ellos vivíamos también  todos nosotros en otro tiempo, sujetos a las concupiscencias y apetencias de nuestra naturaleza humana, y a los malos pensamientos, de manera que por nuestra condición estábamos condenados a la ira, igual que los demás. Pero Dios, rico en misericordia, movido por el gran amor que nos tenía, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo –por gracia habéis sido salvados–, y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús. De este modo, puso de manifiesto en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Así pues, por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, puesto que es un don de Dios: es decir, no procede de las obras, para que nadie se gloríe, ya que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para hacer las obras buenas, que Dios había preparado para que las practicáramos.

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La gracia del perdón

Meditaremos hoy el evangelio del XXI Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?” Le respondió Jesús: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los cielos es semejante a un rey, que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer, sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies y, postrado, le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó ir y le perdonó la deuda.  Al salir de allí aquel siervo, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios. Lo agarró y lo ahogaba, mientras le decía: ‘Paga lo que debes.’ Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia, que ya te pagaré.’ Pero él no quiso. Entonces fue y lo metió en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces lo mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ Y encolerizado su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.”

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“LA GUÍA PACIENTE DE DIOS”

«Siempre debe ser mi guía la que ordene todo según la sabiduría» (Palabra interior).

A través de sus mandamientos y santas palabras, así como de las circunstancias de vida en las que nos ha colocado, nuestro divino Padre no solo nos ofrece una orientación general sobre cómo debemos vivir, sino que también quiere asumir concretamente las riendas de nuestra vida. Nos resultará fácil comprenderlo si tenemos presente que el Padre conoce nuestra vida en su totalidad y que, desde el principio, le ha dado un sentido y una misión específicos. En la Carta a los Efesios, san Pablo afirma: «Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer las obras buenas que Dios había preparado para que las practicáramos» (Ef 2,10).

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El Espíritu Santo: la clave para permanecer firmes

Lc 12,8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os digo que si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará a su favor ante los ángeles de Dios. Pero si alguien me niega delante de los hombres, también será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.”

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“RESISTIR CON EL ESCUDO DE LA FE”

«¡Nunca te dejes intimidar por las maquinaciones de los demonios!» (Palabra interior).

En nuestro camino espiritual, no podemos ni debemos pasar por alto estas potestades hostiles a Dios. Es cierto lo que dice santa Teresita del Niño Jesús cuando habla de los «demonios cobardes» que no pueden hacernos daño si vivimos en estado de gracia. El Señor confirió a sus apóstoles poder sobre los espíritus inmundos (cf. Mc 3,15). Sin embargo, san Pedro nos advierte en su epístola: «Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (Palabra interior). leer más

Nada de hipocresía

Lc 12,1-7

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros.
Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: “Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay oculto que no sea descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Porque cuanto hayáis dicho en la oscuridad será escuchado a la luz; cuanto hayáis hablado al oído bajo techo será pregonado sobre los terrados. A vosotros, amigos míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Os enseñaré a quién tenéis que temer: temed al que después de dar muerte tiene potestad para arrojar en el infierno. Sí, os digo: temed a éste. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno solo de ellos queda olvidado ante Dios. Aún más, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pajarillos.”
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