Memoria de Santa Teresa de Ávila: “Procesos de purificación”  

 

Jn 15,1-8

Lectura correspondiente a la memoria de Santa Teresa de Ávila

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.” leer más

“COMBATES SALUTÍFEROS”

«Cada combate que aceptes, que libremos y concluyamos juntos de forma victoriosa contribuye a la salvación de las almas» (Palabra interior).

Si dejamos que esta frase cale hondo en nosotros, muchas cosas pueden cambiar en nuestra vida. Por supuesto, los combates interiores son desagradables y seguirán siéndolo hasta el final: ¿a quién le gusta experimentar que la carne se rebele contra el espíritu? ¿Y quién no anhela que esta contradicción interior concluya finalmente en la eternidad?

leer más

“EL VERDADERO PRÍNCIPE DE LA PAZ”

«Él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra» (Zac 9,10b).

Fue el «Hijo del Altísimo» quien nos trajo la verdadera paz y llama a todos los pueblos a vivir en ella. En el Mensaje a sor Eugenia Ravasio, nuestro Padre Celestial subraya que la paz llega cuando los hombres lo reconocen, lo honran y lo aman. La paz interior y exterior solo puede reinar si vivimos de acuerdo con los mandamientos de Dios.

leer más

Luchar sin decaer

Gal 5,18-25

Hermanos: Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley. Ahora bien, están claras cuáles son las obras de la carne: la fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes. Sobre ellas os prevengo, como ya os he dicho, que los que hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio, los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el Espíritu. leer más

Memoria de San Eduardo, Rey: “Esperar al Señor”  

NOTA: Escucharemos hoy el Evangelio correspondiente a la memoria de San Eduardo Rey según el rito tradicional.

Lc 12,35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como ésos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. Os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, ¡dichosos ellos, si los encuentra así! Tened esto por cierto: si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría que se horadase su casa. Vosotros estad también preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.”

leer más

“HABLAR CON MODERACIÓN”

«Si alguien habla con moderación, se vuelve apacible, manso y sencillo. En efecto, si refrena su lengua y no habla sin antes haber examinado, sopesado y reflexionado sobre sus palabras, sobre si debe pronunciarlas y si debe decírselas a la persona que tiene frente a sí, practica de forma concreta la modestia, la mansedumbre y la paciencia» (San Ambrosio de Milán).

leer más

El signo del Señor y su Iglesia

Lc 11,29-32

En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir a la gente reunida junto a él: “Esta generación es una generación malvada; pide un signo pero no se le dará otro signo que el de Jonás. Porque así como Jonás fue signo para la gente de Nínive, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más que Salomón. La gente de Nínive se levantará en el Juicio con esta generación y la condenarán, porque al menos ellos se convirtieron por la predicación de Jonás; y aquí hay algo más que Jonás.”

leer más

“TRABAJAR EN LA VIÑA DEL SEÑOR”

«Dios entra a habitar en un alma cuando ésta no sólo medita en su amor, sino que también trabaja en él día y noche» (Santa Brígida de Suecia).

No basta con contemplar, admirar y alabar el amor de Dios, sino que también hay que ponerlo en práctica día tras día mediante las obras de caridad. Estas implican las obras externas, pero también el trabajo constante en nuestro propio corazón, a fin de superar, con la gracia de Dios, todo aquello que impide el despliegue del verdadero amor. Esta es la voluntad de nuestro Padre, tal y como lo deja claro Santa Brígida.

leer más

“Dar el sitio adecuado a los signos y milagros”

Meditaremos hoy el evangelio del XX Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Jn 4,46-53

En aquel tiempo, Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún.                                                                        leer más