«Debes eliminar la palabra “desánimo” de tu vocabulario. Cuanto más sientas tu debilidad, más debes recordar que un abismo llama a otro (Sal 41,8): el abismo de tu miseria atrae el abismo de su misericordia» (Santa Isabel de la Trinidad).
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Creer, escuchar y hacer la Voluntad de Dios
Mc 1,40-45 (Lectura en el Novus Ordo)
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y, compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Y al instante desapareció de él la lepra y quedó limpio. Enseguida le conminó y le despidió. Le dijo: “Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés por tu curación, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, en cuanto se fue, comenzó a proclamar y a divulgar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios. Pero acudían a él de todas partes.
La oración y la ‘celda interior’
Mc 1,29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y le hablaron de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre desapareció, y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron a todos los que se encontraban mal y a los endemoniados. La población entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Pero no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
“LA CASTIDAD VIRGINAL DE LA VERDAD”
«Es mejor morir en este tiempo que acatar cualquier orden que violaría la castidad virginal de la verdad» (San Hilario de Poitiers).
La frase de hoy procede de un elocuente obispo que defendió valientemente la santa fe durante la crisis arriana y se aplica a todos nosotros, que queremos seguir a Aquel que es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6).
ABRIR LA PUERTA DEL CORAZÓN
«Que nadie dude de la bondad de Dios, pues aunque sus pecados fueran negros como la noche, la misericordia de Dios es más fuerte que nuestra miseria. Pero una cosa es necesaria: que el pecador abra un poco la puerta de su corazón al rayo de la misericordia de Dios» (Santa Faustina Kowalska).
La autoridad de Jesús
Mc 1,21-28
Llegados a Cafarnaún, Jesús entró el sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Y la gente quedaba asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.” Jesús, entonces, le conminó: “Cállate y sal de él.” Y el espíritu inmundo lo agitó violentamente, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados, de tal manera que se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Da órdenes incluso a los espíritus inmundos, y le obedecen.” Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
San Elredo de Rievaulx: Un ardiente abad cisterciense
Tras la serie de meditaciones sobre la Epístola de Santiago, me gustaría retomar algo que empecé el año pasado: presentar la vida de algunos santos.
El santo de hoy, San Elredo, nació en Hexham (Inglaterra) en 1109. Sus padres, reconocidos en el mundo por su origen noble, se preocuparon especialmente por su educación. En su juventud, Elredo gozó de una amplia formación clásica en el monasterio benedictino de Durham. En la época del rey David I (1124-1153), vivió en la corte real escocesa: primero, como compañero de los príncipes de Escocia y, posteriormente, como economista.
“SÓLO SU MISERICORDIA”
«No sé si el buen Dios está contento conmigo, pero me entrego totalmente a Él. ¡Oh, cuán dulce es no pensar en nada en el último momento, ni en los propios pecados ni en las virtudes, sino solo en la misericordia!» (Palabras del beato Eduardo Poppe en su lecho de muerte).
¡Qué paz tan dichosa emana de estas palabras pronunciadas por el beato Eduardo Poppe en su lecho de muerte! Lo dejó todo atrás y se centró por completo en el Señor. ¡Qué maravilloso es poder entrar así en la eternidad, confiando firmemente en la misericordia de Dios!
“CRECIMIENTO EN EL AMOR”
En una ocasión, santa Gertrudis le preguntó al Señor por qué había permitido que ciertas personas la atemorizaran. El Señor le respondió: «Cuando la mano paterna quiere reprender al niño, la vara no puede oponer resistencia. Por eso, desearía que mis elegidos nunca culparan a las personas a través de las cuales son purificados, sino que vieran detrás de ellas mi amor paternal, pues yo nunca permitiría que ni siquiera el viento más leve soplara en su contra si no tuviera en mente su salvación eterna. Antes bien, deberían tener compasión de aquellos que se manchan mientras ellos son purificados».
El poder de la oración
St 5,13-20
¿Está triste alguno de vosotros? Que rece. ¿Está contento? Que cante salmos. ¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, y que oren sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le hará levantarse, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Así pues, confesaos unos a otros los pecados, y rezad unos por otros, para que seáis curados. La oración fervorosa del justo puede mucho. Elías era un hombre de igual condición que nosotros; y rezó fervorosamente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después rezó de nuevo, y el cielo dio lluvia y la tierra germinó su fruto. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que quien convierte a un pecador de su extravío salvará su alma de la muerte y cubrirá sus muchos pecados. leer más
