La Ley como pedagogo

 

Gal 3,22-29

La Escritura encerró todas las cosas bajo el pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe en Jesucristo. Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros, custodiados por la Ley, en espera de la fe que debía ser revelada. Por consiguiente, la Ley ha sido nuestro pedagogo, que nos condujo a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe; pero cuando ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al pedagogo. En efecto, todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús. Si vosotros sois de Cristo, sois también descendencia de Abrahán, herederos según la promesa.

leer más

Los hijos de Abrahán

 

Gal 3,7-14

Tened bien presente que los hijos de Abrahán son los que creen. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abrahán esta buena nueva: En ti serán bendecidas todas las naciones. Así pues, los que creen son bendecidos con Abrahán el creyente. Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Dice así la Escritura: “Maldito quien no practique fielmente todos los preceptos escritos en el libro de la Ley.” Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues dice la Escritura: “El justo vivirá por la fe.” Además, la ley no puede proceder de la fe, pues dice: “Quien practique sus preceptos, vivirá por ellos.” Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: “Maldito el que cuelga de un madero.” Y esto fue así para que la bendición de Abrahán llegara a los gentiles a través de Cristo Jesús, y para que, por la fe, recibiéramos el Espíritu de la promesa.

leer más

El don de la salvación

 

Gal 3,1-5

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó a vosotros, que habéis tenido ante los ojos a Jesucristo en la cruz? Sólo quiero saber de vosotros esto: ¿habéis recibido el Espíritu por las obras de la Ley o por la obediencia a la fe? ¿Tan insensatos sois? Habéis empezado con el Espíritu, ¿y acabáis ahora en la carne? ¿En vano habéis vivido cosas tan grandes? ¡Bien en vano sería! Ahora bien, el que os comunica el Espíritu y obra milagros entre vosotros ¿lo hace por virtud de las obras de la Ley o por la obediencia a la fe?

leer más

Sobre el Padrenuestro

Lc 11,1-4

En aquel tiempo, estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.” Él les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.”

La oración de Nuestro Señor, que hoy se reza en todas partes del mundo donde haya presencia de cristianos, nos da un acceso único a Dios, y nos une como hijos de un mismo Padre.

leer más

“PERMANECER SIEMPRE ALEGRES” 

«El demonio se alegra sobre todo cuando logra arrebatar la alegría del corazón de un siervo de Dios» (San Francisco de Asís).

Un testimonio malhumorado de nuestra fe difícilmente contagiará a otras personas ni las animará a acercarse con mayor intensidad al Señor. Tampoco un testimonio excesivamente eufórico resultará atractivo para quienes buscan a Dios de verdad. Lo que ayudará a las personas a abrirse a la fe es un corazón alegre, encendido de amor y gratitud por Dios. En un corazón así morará esa alegría a la que se refiere san Francisco de Asís en la frase de hoy. También san Pablo nos exhorta: « Alegraos siempre en el Señor» (Fil 4,4).

leer más

Verdadero y falso celo

Gal 1,13-24

Seguramente habéis oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la iglesia de Dios para destruirla, y cómo superaba en el judaísmo a muchos compatriotas de mi generación, aventajándoles en el celo por las tradiciones de mis antepasados. Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo a hombre alguno, ni subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde volví a Damasco.

leer más

“EL CRITERIO ES LA VERDAD”

«Es un delito perturbar la paz allí donde reina la verdad. Es un delito permanecer en paz allí donde se destruye la verdad. Por tanto, la verdad es la medida y el fin último de las cosas» (Blaise Pascal).

Con su importante afirmación, que nunca debemos olvidar ni relativizar, nuestro Señor nos dio a entender: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre si no es a través de mí» (Jn 14,6). Estas palabras nos vivifican y nos mueven a orientarlo todo en base a la verdad y a anunciar a Aquel que es la Verdad misma. Si bien es cierto que podemos aplicar la cita de Blaise Pascal a muchas situaciones, tiene un significado y una fuerza especial en el contexto religioso en el que se enmarcan los «3 Minutos para Abbá».

leer más

“VERDADERA PIEDAD”

«Si una florecilla pudiera hablar, me parece que nos diría simplemente todo lo que Dios ha hecho por ella, sin ocultar ninguno de sus dones. No diría, con el pretexto de la humildad, que no era bonita, o que no tenía un olor dulce, que el sol había marchitado sus pétalos o que la tormenta le había magullado el tallo si supiera que no era así» (Santa Teresita del Niño Jesús).

Esta delicada observación de santa Teresita complementa muy bien la frase de san Jerónimo que meditamos ayer. Por muy necesario que sea reconocer nuestra propia imperfección y esforzarnos por imitar la perfección de Dios, es igualmente importante reconocer y valorar en toda su belleza los dones que Dios nos ha concedido.

leer más

Ningún otro Evangelio

Gal 1,6-12

Hermanos: Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para pasaros a otro evangelio -no es que haya otro, sino que algunos os están turbando y quieren deformar el Evangelio de Cristo-. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel caído del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea maldito! Os vuelvo a repetir lo que ya tengo dicho: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea maldito! ¿Qué creéis que ando buscando ahora: el favor de los hombres o el de Dios? ¿Pensáis que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo. Porque quiero que sepáis, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

leer más

Preparar el Retorno del Señor

Meditaremos hoy el evangelio del XIX Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Mt 22,1-14

En aquel tiempo, tomó Jesús de nuevo la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: ‘Mirad, mi banquete está preparado. Ya han sido matados mis novillos y animales cebados, y todo está a punto. Venid a la boda.’ Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. El rey, enojado, envió a sus tropas, dando muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos e invitad a la boda a cuantos encontréis.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.

leer más