¿Qué había sucedido con la heroica Juana de Arco, que se había mantenido firme en tantas pruebas y nunca había dudado de su misión?
Pensemos, en este contexto, en san Pedro: ¿acaso no le había demostrado una y otra vez su amor a Jesús? ¿No lo había dejado todo para seguirlo (Mt 19,27)? ¿No había asegurado que estaba dispuesto a morir por Él (Mt 26,35)? Pero, ¿qué sucedió? Ya lo sabemos: en el momento del peligro, negó tres veces al Señor y luego lloró amargamente (Lc 22,55-62).
¿Y qué pasó con Juana de Arco tras su retractación?
El obispo Cauchon acudió a su prisión unos días después, acompañado de otros prelados. Le preguntó si, desde el jueves, el día en que se había retractado, había vuelto a oír las voces de sus santas. Juana respondió afirmativamente y exclamó:
