ANUNCIAR EL ANHELO DE DIOS

«¡Oh, si tan solo los mortales conocieran cuán sublime es la gracia de Dios, cuán bella, cuán noble, cuán valiosa, cuántas riquezas encierra, cuántas delicias y júbilos!» (Santa Rosa de Lima).

Estas palabras las pronunció Santa Rosa de Lima, un alma amante de Dios y ardiente en su celo por conducir a las personas a la fe. Con gran fervor, trató de conquistar almas para Dios y compartir el amor que la inundaba. Fue una de las santas especialmente unidas a la cruz del Señor, y exclamó: «Aparte de la cruz, no hay otra escalera por la que podamos llegar al cielo».

Rosa quería expiar los pecados de los conquistadores españoles y ganar para el Señor a los indígenas. Para alcanzar este objetivo, y movida por su amor a Jesús, estuvo dispuesta a asumir muchas penitencias y sufrimientos. El papa Inocencio IX llegó a decir que «probablemente no ha habido en América un misionero que, con sus predicaciones, haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones».

Al entrar en contacto con la historia de almas marcadas particularmente por la cruz, nuestra naturaleza humana tiende a estremecerse, porque el sufrimiento y la muerte siguen resultándonos ajenos. Sin embargo, no debemos asustarnos por sus sufrimientos. Para comprender el alma de Santa Rosa y su camino espiritual, debemos centrarnos en su anhelo por anunciar la bondad del Padre Celestial y dar a conocer su gloria entre los hombres. Esa era su motivación en todo lo que padeció voluntariamente. Además, debemos entender que la gracia de Dios la sostuvo y la hizo capaz de recorrer ese camino.

Aquí radica el mensaje para nosotros: podemos pedir la intercesión de esta santa para que también nosotros alcancemos un amor tan ardiente por Dios y por las almas. Nuestro Padre Celestial se encargará de mostrarnos el camino al que estamos llamados para servirle a Él y a los hombres lo mejor posible.