“ANHELO DE AMOR”  

«Aunque nuestro corazón carezca de amor, anhela el amor» (San Francisco de Sales).

San Francisco de Sales era un guía espiritual muy delicado que siempre sabía cómo alentar a un alma y partir de lo bueno que encontraba en ella, sobre todo cuando esta se encontraba en la oscuridad. Así, la frase de hoy también puede servirnos de consuelo y hablarnos en medio de nuestra oscuridad interior cuando nos sentimos incapaces de amar y nuestro corazón parece estar encerrado en sí mismo.

Dios nos creó por amor y nos dio la capacidad de responder a él. El amor de nuestro Padre es tan generoso que ansía con fervor donarse a todos los hombres, sin excepción.

Aunque a veces tengamos la impresión de que ni siquiera anhelamos amar a Dios y al prójimo, nuestro Padre celestial nos abre la posibilidad de decirle que, al menos con nuestra voluntad, queremos amarle. Y, cuando no nos sintamos capaces ni siquiera de dar este paso, todavía podemos gritar o tan solo gemir desde lo más profundo de nuestro ser: «¡Señor, ayúdame a querer!». Un acto así, que tal vez incluso tengamos que realizar en contra de toda nuestra resistencia interior, abrirá una pequeña rendija en la puerta hacia el corazón de nuestro Padre, hacia ese corazón que rebosa un amor indescriptible por todos los hombres.

Este amor es tan esencial que, al atardecer de nuestra vida, seremos juzgados conforme a él. Cada acto de amor que realicemos nos será atribuido como mérito y, del mismo modo, tendremos que rendir cuentas por cada oportunidad en la que podríamos haber amado y no lo hicimos.

Si, por la gracia de Dios, ya le amamos, debemos pedir al Padre celestial que toque con un rayo de su amor a aquellas personas que aún no le conocen y que nos muestre todos los caminos posibles para amar aún más.