¿Qué es la verdadera paz? Es aquella que procede de Dios, que brota de su corazón. Así había dicho Jesús a sus discípulos en la Última Cena: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14,27).
Asimismo, las primeras palabras que el Resucitado dirigió a sus discípulos, expresando en ellas lo que está previsto para todos los hombres, fueron: «La paz esté con vosotros» (Jn 20,19).
¡Qué distinto es cuando el Hijo de Dios mismo se dirige a los hombres y les asegura la paz que viene de Dios! Cuando se la acoge, esta paz atraviesa las tinieblas de la ignorancia, toca y abre los corazones cerrados y los miedos empiezan a ceder. Es la paz que el mundo no puede dar (Jn 14,27); la paz que surge al vivir en conformidad con la verdad y el amor, la paz que Dios ofrece a los hombres como don infinito de su bondad y que les da la verdadera vida. Jesús viene a los suyos como Resucitado. Viene como vencedor, porque ha derrotado a Satanás, ha triunfado sobre la muerte y ha pagado el precio de rescate por los hombres en la cruz: «La paz esté con vosotros». ¡Es su paz!
