“En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.” (Jn 13,21b)
¡La traición! Aquí se revelan los más terribles abismos del corazón humano. Traicionar al amigo, traicionar al Maestro y Señor, traicionar el amor…
Aparentemente, nadie más que el discípulo amado se atrevía a preguntarle quién sería el que lo traicionaría. Sólo él, que tenía una relación de especial confianza con el Señor y a quien Pedro había pedido mediante una señal que le preguntase… El corazón de Juan era puro y amaba indivisamente al Señor. Él pudo pronunciar la pregunta ante aquella declaración que había dejado desconcertados a todos. El que ama y cuyo corazón se ha purificado, puede encararse con la sombra y no tiene nada que esconder. Así, Juan se recostó sobre el pecho de Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?” (Jn 13,25) Este gesto de amor y de confianza era puro y sincero, a diferencia del beso del traidor, que abusó de esta expresión de amor, poniéndola al servicio de su maldad.
