Día 34: “Verdaderos profetas al servicio de Jesús”  

La lectura de hoy (Jon 3,1-10) es motivo de gran alegría en nuestro itinerario cuaresmal. Toda una ciudad, junto con su rey, se toma en serio la advertencia del profeta Jonás. ¡Así que también hay situaciones en las que las personas se convierten de sus malos caminos! En efecto, los ninivitas hicieron penitencia cuando el rey mandó pregonar:

«“Por mandato del rey y de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua. Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos”. Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo» (vv. 7-10).

¿Cómo se lo tomarían hoy en día? ¿Podemos imaginarnos que surgiera un profeta advirtiendo de una catástrofe inminente y que, efectivamente, consiguiera que una nación, una ciudad, un pueblo o, al menos, una parroquia católica se convirtiera en su totalidad? ¿Cómo se actuaría hoy en día con un profeta así? Ciertamente, sería ridiculizado por completo, y eso por mencionar la forma más leve de rechazo. Probablemente se le trataría como a alguien que advierte de un incendio inminente, pero al que luego se le culpa de ello.

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