Día 33: “Los demonios intentan impedir que se reconozca a Jesús”  

 

Nuestro itinerario cuaresmal nos ha traído hoy hasta el así llamado «Primer Domingo de Pasión» y nos acerca cada vez más a la Semana Santa. Las confrontaciones y disputas entre los judíos hostiles y Jesús continúan y se vuelven cada vez más agresivas (Jn 8,46-59). Podemos constatar que el Señor se encuentra ante corazones obstinados, que simplemente no están dispuestos a abrirse a la verdad.

Ya habíamos considerado que ni las curaciones milagrosas, ni la resurrección de Lázaro ni la sabiduría que emanaba de la boca del Señor habían logrado convencer a los judíos. En este contexto, Jesús pronuncia estas palabras, en las que se percibe su lamento: «¿Quién de vosotros podrá acusarme de haber pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios» (vv. 46-47).

Con estas palabras, el Señor nos da la clave para entender por qué los judíos hostiles estaban tan obstinados: no proceden de Dios ni sus pensamientos, palabras y acciones están guiados por Él. Por eso se cierran cada vez más, cuanto más les dice Jesús la verdad.

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