¿Por qué, amado Padre, ni siquiera el signo de la resurrección de un muerto bastó para que los fariseos reconsideraran su postura hostil hacia Jesús? ¿No es suficiente que ocurra un milagro de tal magnitud para que quede patente que Tú estás obrando? ¿Qué más habría de suceder?
Podemos anticipar tu respuesta, porque ya nos la has dado una y otra vez en la Sagrada Escritura; y también en la vida de tus santos acontecía que ni siquiera los milagros más evidentes podían mover a los tiranos a la conversión.
