“CONFIANZA EN EL AMOR DEL PADRE”

A veces, amado Padre, no nos resulta fácil creer firmemente en tu omnipotencia cuando vemos tanta injusticia atroz en el mundo y nos invade la impresión de que Tú no intervienes.

Como tus discípulos en el Evangelio (Lc 9,54), ciertamente nosotros también habríamos querido hacer caer fuego del cielo muchas veces para castigar a quienes se oponen a tu voluntad y reprender severamente a los que se niegan a aceptar la fe. También es difícil presenciar cómo muchas personas sufren injusticias, a menudo por parte de unos pocos que hacen el mal.

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Día 16: “Un corazón que confía en Dios y le pertenece”

Hoy, en el decimosexto día de nuestro «retiro cuaresmal», el profeta Jeremías nos recuerda de manera inequívoca en quién debemos confiar y en quién no: «Así dice el Señor: Maldito el que confía en el hombre y hace de las criaturas su apoyo, y aparta su corazón del Señor» (Jer 17,5). Se trata de una exhortación similar a la que encontramos en otro valioso dicho de los Salmos: «No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar» (Sal 148,3).

En efecto, es una necedad buscar en las personas la seguridad que solo Dios puede darnos. Es un indicio de que la fe aún no ha calado suficientemente hondo en nosotros. Por eso seguimos buscando falsas seguridades que, en última instancia, suponen una gran carga para nuestra vida y, en cierto modo, nos mantienen cautivos. El profeta Jeremías expresa esta realidad en términos contundentes y llega a decir que es «maldito» el hombre que actúa así, ya que aparta el corazón del Señor. De hecho, puede convertirse en una especie de maldición, porque, por un lado, nunca obtendremos esa seguridad que buscamos en las personas y, por otro, no acudimos al Señor y nos privamos así de su ayuda para superar situaciones de amenaza. Seguirá siendo así mientras no lo reconozcamos y nos pongamos en camino hacia Dios.

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