EL PASTOR DE TODOS LOS HOMBRES

«A todas [mis ovejas] las pastorearé con justicia» (Ez 34,16).

Amado Padre, tú dirigiste estas maravillosas palabras a tu pueblo Israel, mostrando así tu profundo amor por tu primogénito. Siempre permaneciste fiel a tu pueblo, a pesar de que este se desviara tantas veces del camino. A veces tuviste que devolverlo con mano firme y recordarle la alianza que habías sellado con él. Pero siempre estabas dispuesto a perdonar y a olvidar sus pecados, si tan solo te hubieran escuchado.

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Día 6: “Dios es el buen pastor y nos invita a imitarlo”

Hoy, en el sexto día de nuestro itinerario cuaresmal, llegan a nuestros oídos palabras reconfortantes. Dios mismo, que es nuestro pastor, nos asegura que se hará cargo de sus ovejas. Aunque las palabras del profeta Ezequiel en la lectura de hoy (Ez 34,11-16), en las que se manifiesta de forma especial la bondad divina, se dirigen en primer lugar al pueblo de Israel, también se extienden a todas las personas que viven en la dispersión. Que escuchen las palabras de consuelo del Señor:

«Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Buscaré la oveja perdida, haré volver a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma; y conservaré a la que está gorda y robusta: a todas las pastorearé con justicia» (Ez 34,11.16).

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Día 5: “Aprovechar la gracia y resistir a las tentaciones”

«Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: ‘En el tiempo favorable te escuché.’ ‘Y en el día de la salvación te ayudé’. Mirad, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación» (2Cor 6,1-2).

Con esta exhortación, san Pablo nos introduce en el primer domingo de Cuaresma y nos ofrece una pauta esencial para avanzar en el camino emprendido en este tiempo de gracia. Antiguamente, la Cuaresma comenzaba precisamente este domingo. Se consideraba una «segunda puerta de entrada» a este gran tiempo de penitencia, después de haber atravesado la primera puerta del Miércoles de Ceniza. Si partimos de la concepción de la «segunda puerta», entonces leeríamos con letras de oro la siguiente inscripción sobre ella: «Aprovecha el tiempo de la gracia».

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Día 4: “La fe desata la obra de Dios”

Hoy, en el cuarto día de nuestro itinerario cuaresmal, el Señor, por medio del profeta Isaías, insiste una vez más en la importancia de actuar justamente con el prójimo y de cumplir sus mandamientos. Si lo hacemos, la verdadera paz podrá entrar en nuestra alma y sucederá tal y como nos asegura la lectura:

«Serás como huerto bien regado y como manantial perenne cuyas aguas jamás faltarán (…). Entonces tendrás tus delicias en el Señor y yo te elevaré sobre toda terrena altura» (Is 58,11b.14a).

En efecto, solo la recta conducta y el cumplimiento de los mandamientos de Dios traen la verdadera paz al hombre y le capacitan para convertirse, a su vez, en «instrumento de paz». Si vivimos en la gracia de Dios —o, en palabras del profeta Isaías, si somos un «huerto bien regado»—, entonces también daremos buenos frutos. En cambio, ¿cómo podría haber paz si, a causa del pecado, vivimos en contradicción interior y en oposición a Dios? Por eso, el llamado a la conversión siempre es prioritario, ya sea que nos hayamos desviado totalmente del camino, que no conozcamos a Dios o que hayamos descuidado el seguimiento de Cristo y no hayamos respondido lo suficiente a la gracia que se nos ha confiado.

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“UN AYUNO GRATO A TUS OJOS”  

«Con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas (…) a dominar nuestro orgullo, e imitar así tu generosidad compartiendo nuestros bienes con los necesitados» (Prefacio de Cuaresma).

A través del profeta Isaías, amado Padre, nos dejas muy claro en qué consiste un verdadero ayuno. Tú aborreces toda injusticia y te horroriza que alguien sea capaz de perjudicar a quien ya de por sí tiene poco. El santo ayuno incluso puede pervertirse cuando se practica simplemente porque goza de prestigio en una sociedad religiosa –como era el caso del pueblo judío en el pasado– pero se le despoja de su sentido más profundo.

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Día 3: “Los beneficios del ayuno”

Hoy, en el tercer día de nuestro itinerario cuaresmal, las lecturas nos introducen en los temas del ayuno y del amor a los enemigos.

El ayuno —y con ello nos referimos, en primer lugar, al ayuno corporal, que era muy común en la Iglesia en tiempos pasados— es una práctica muy buena y provechosa para nuestra vida espiritual en el seguimiento de Cristo. Sin duda, es un sacrificio grato a los ojos de Dios si va acompañado de la lucha por la santidad en general. La lectura, tomada del Libro de Isaías, señala los frecuentes abusos que desagradaban a Dios en el ayuno practicado por su pueblo. Se entiende fácilmente que esta práctica solo puede resultar grata a sus ojos cuando se realiza con un corazón sincero.

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