En la lectura de hoy (Ez 18,20-28), el Señor se enfrenta a un litigio con su pueblo, que lo acusa de ser injusto. ¿Cuál es el motivo? El Señor se explica:
«En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado —oráculo del Señor—, y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?» Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá» (Ez 18,21-24).
Evidentemente, los judíos estaban en desacuerdo con estas afirmaciones, pues el Señor les dice a través del Profeta: «Vosotros decís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo?» (v. 25).
