En la vida del santo de hoy se puede ver cuántos obstáculos se les pone a veces a aquellos que Dios ha destinado a una gran misión. En la historia que conoceremos hoy, no fueron tanto los enemigos externos —aunque estos también se sumaron posteriormente—, sino la propia familia. Esta resistencia puede resultar aún más difícil de afrontar, ya que se trata de personas con las que uno ha crecido en el seno de la familia y a las que está unido por los lazos de sangre o de la amistad, pero que, en su incomprensión, se oponen a los designios de Dios. Así sucedió con san José de Leonisa en el siglo XVI.
Sus familiares tenían grandes expectativas sobre la brillante carrera que el joven podría alcanzar en el mundo. Ya estaba concertado su casamiento con una noble dama de extraordinaria belleza y gran fortuna. Sin embargo, José huyó de la casa paterna y pidió el hábito de los capuchinos en Asís, la ciudad natal de san Francisco. Pero ni siquiera en el convento, donde el joven había iniciado su noviciado, dieron tregua sus parientes.
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