«Te doy gracias, porque me has formado portentosamente, porque son admirables tus obras» (Sal 138,14).
¿Se lo hemos dicho alguna vez a nuestro Padre Celestial? ¿Hemos intentado mirarnos a nosotros mismos tal y como Dios nos mira y tomar conciencia del amor con el que nos ha llamado a la existencia? ¿Le hemos dado las gracias de todo corazón?
