«¡Oh, si tan solo los mortales conocieran cuán sublime es la gracia de Dios, cuán bella, cuán noble, cuán valiosa, cuántas riquezas encierra, cuántas delicias y júbilos!» (Santa Rosa de Lima).
Estas palabras las pronunció Santa Rosa de Lima, un alma amante de Dios y ardiente en su celo por conducir a las personas a la fe. Con gran fervor, trató de conquistar almas para Dios y compartir el amor que la inundaba. Fue una de las santas especialmente unidas a la cruz del Señor, y exclamó: «Aparte de la cruz, no hay otra escalera por la que podamos llegar al cielo».
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