El discurso de Esteban, plasmado en el capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles, es una síntesis de la historia salvífica de Dios con el pueblo de Israel. Vale la pena leerlo íntegramente. Debido a su extensión, en la meditación de hoy nos limitaremos a leerlo a partir del versículo 51.
Hch 7,51-60.8,1a
“¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre os estáis resistiendo al Espíritu Santo: como vuestros padres así también vosotros! ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Asesinaron a los que anunciaban la venida del Justo, del que ahora vosotros habéis sido traidores y asesinos, los que recibisteis la Ley por ministerio de ángeles y no la guardasteis”. Al oír esto ardían de ira en sus corazones y rechinaban los dientes contra él. Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y dijo: “Mirad, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios”.
