Como anuncié al final de la última meditación, me gustaría incluir en nuestro itinerario cuaresmal una pequeña serie sobre la transformación del corazón. Por un lado, es un tema que se desprende una y otra vez de los textos bíblicos de la Cuaresma, que describen cómo el corazón humano se aleja de Dios y señalan claramente los abismos que hay en él. Por otro lado, también es oportuno profundizar en este tema ante las guerras que están teniendo lugar en el mundo y que, por desgracia, vuelven a afectar a la población de Oriente Medio. La guerra que acaba de estallar afecta de manera muy significativa a Israel, aquella tierra en la que Jesús consumó la obra de la Redención.
En el marco de nuestro «retiro de Cuaresma», no considero que sea mi tarea explicar en detalle los antecedentes políticos, sociales y religiosos del conflicto entre Israel e Irán. Más bien, me mueve la pregunta de qué podemos hacer nosotros, como discípulos del Señor, para contribuir a la verdadera paz que viene de Dios.
