GRANDES ENGAÑOS: “Un grave engaño en el año 2020”  

En la meditación de ayer, hablamos del peligro de que, si permanecemos atrapados en un autoengaño y no logramos salir de él, nuestro discernimiento espiritual puede verse empañado, de manera que ya no seamos capaces de reconocer con claridad los engaños en el mundo o en la Iglesia que, en realidad, deberíamos detectar fácilmente gracias a nuestra fe católica. Hay que tener en cuenta que, por lo general, no se trata de meros errores humanos, sino que, en cuestiones tan importantes como las mencionadas ayer, es el «padre de la mentira» quien actúa detrás y no escatima esfuerzos para apartar a los hombres del camino de la salvación o, al menos, dificultarlo.

El engaño del que hablaré hoy afecta tanto al mundo como a la Iglesia. En este contexto, me gustaría señalar que ya he tratado a fondo este tema en varias publicaciones disponibles en mi página web. En en el marco de esta meditación, me limitaré a tratarlo en relación con el autoengaño y los grandes engaños. Dada su importancia, recomiendo encarecidamente leer los artículos más detallados en los siguientes enlaces:

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El autoengaño (IV): Consecuencias del autoengaño a la hora de reconocer y defender la verdad  

Consecuencias del autoengaño a la hora de reconocer y defender la verdad

El autoengaño, sobre el que hemos reflexionado en las tres últimas meditaciones, puede repercutir negativamente en el discernimiento de los espíritus en general. Ya en el ámbito natural, podemos observar que, cuando las personas sobreestiman sus capacidades, pasan por alto sus debilidades y no aceptan ciertas limitaciones, su visión para juzgar correctamente las cosas se ve empañada e, incluso, puede desaparecer por completo. Están cegadas por una imagen errónea de sí mismas.

Al igual que les cuesta verse a sí mismas tal y como son, también resulta difícil que vean a los demás y las cosas y circunstancias que se presentan con una mirada sobria y clara.

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“El autoengaño (III)”        

En lo que respecta al autoengaño, ya hemos señalado que se trata de un estado peligroso que, además, puede hacernos más propensos a caer en los engaños presentes en el mundo y en la Iglesia. Antes de profundizar en ello mañana, me gustaría explicar primero qué otras circunstancias pueden propiciar que caigamos en un autoengaño.

Debemos tener en cuenta que, en no pocos casos, la ceguera frente a uno mismo también está condicionada por heridas emocionales. Por ejemplo, una persona a la que su padre haya corregido con excesiva severidad o incluso maltratado físicamente por cada falta cometida, tendrá más dificultades para reconocer a Dios como un Padre amoroso ante el que pueda abrirse sin temor y confesarle sinceramente sus errores y pecados.

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El autoengaño (II)       

A partir de ayer, estamos reflexionando sobre un tema importante para la vida espiritual que nos ayudará a despertar por completo a la verdad, para que nuestro seguimiento de Cristo esté libre de ilusiones y nuestro testimonio brille con mayor intensidad en el mundo. No solo es importante poner en práctica estas enseñanzas para protegernos de los engaños relacionados con nosotros mismos, sino también para poder identificar y superar todo tipo de engaños con mayor facilidad.

El salmista exclama: «¿Quién se da cuenta de sus propios yerros? De las faltas ocultas límpiame.» (Sal 19,13). En varios pasajes del Nuevo Testamento, Jesús señala la ceguera de los fariseos y de los escribas (cf. Mt 23,13). Dios conoce el corazón del hombre y nada está escondido ante Él.

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GRANDES ENGAÑOS: “El autoengaño (I)”        

Como he venido haciéndolo en los últimos años, ocasionalmente aprovecho las meditaciones diarias para desarrollar temas importantes para nuestro camino espiritual. En este caso, comenzaremos una serie sobre el tema del autoengaño, aunque más adelante lo ampliaré, ya que actualmente nos enfrentamos a tantos engaños en el mundo y, por desgracia, también en la Iglesia, que no podemos pasarlos por alto.

Para abordar el tema del autoengaño, recurriré a algunos pasajes escritos por el padre Paulus Sladek, OSA. Después del verdadero conocimiento de Dios, el conocimiento de uno mismo es un pilar indispensable en el camino de seguimiento de Cristo. Los textos del P. Sladek nos señalan aspectos importantes que pueden servirnos para nosotros mismos, así como también para ayudar a otras personas que viven en un autoengaño o que, al menos en parte, están cegadas por él. En cualquier caso, hay que tener claro que no se trata de una tarea fácil, ya que son muchos los obstáculos que quieren impedir que despertemos del autoengaño.

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El cántico del Magnificat

Lc 1,46-55

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos. Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

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Fiesta de la Visitación de la Virgen María: “Isabel entona las alabanzas a María”        

NOTA: Siguiendo el calendario tradicional, se celebra hoy la Fiesta de la Visitación de la Virgen María. Escucharemos, pues, el Evangelio que nos narra su maravilloso encuentro con Santa Isabel.

Lc 1,39-47

Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor». María exclamó: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador».

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Solemnidad de la Preciosa Sangre del Señor

 

NOTA: Siguiendo el calendario tradicional, se celebra hoy la Solemnidad de la Preciosa Sangre del Señor. Escucharemos, pues, el Evangelio previsto para esta ocasión.

 Jn 19,30-35

 Jesús, cuando probó el vinagre, dijo: “Todo está consumado”. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Como era la Parasceve, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, los judíos rogaron a Pilato que les rompieran las piernas y los retirasen.                                                                                                            Vinieron los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que había sido crucificado con él. Pero cuando llegaron a Jesús, al verle ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza. Y al instante brotó sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que también vosotros creái
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La fe puede calmar tormentas

Mt 8,23-27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba cubierta por las olas. Jesús estaba dormido. Ellos, acercándose, le despertaron: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” Él replicó: “¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”

“¿Quién es éste?” A la luz de la fe, nos resulta fácil responder a esta pregunta: “Este hombre es el Hijo de Dios, por eso tiene autoridad sobre todo lo creado, incluso sobre los vientos y el mar”.

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Solemnidad de San Pedro y San Pablo: “Completar la carrera”        

2Tim 4,6-8.17-18

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación. El Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me salvará guardándome para su Reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Algún exégeta podría preguntarse cómo es que en este texto San Pablo habla con tanta certeza de su propia salvación. Quizá alguien señalaría que difícilmente un “mortal” podría hablar así sin caer en presunción…

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