Los hombres se convertirán más rápidamente

Al igual que durante el año anterior, quiero también en este año dedicar el día 7 de cada mes de forma especial a nuestro Padre Celestial, y en ese sentido también seguiremos aprovechando la meditación de dicho día para meditar sobre un pasaje del “Mensaje del Padre” a Sor Eugenia Ravasio.

En esta ocasión, he escogido un pasaje que encaja muy bien con el tema que traté en mi mensaje para el inicio del año 2022:

“¡Oh, cuánto quisiera darme a conocer como el Padre Todopoderoso que soy para vosotros también a todos aquellos que reciben Mis beneficios! A través de Mi Ley, quisiera hacerles vivir una vida más dulce. Quisiera que fuerais donde ellos en Mi Nombre y les hablarais de Mí. Sí, decidles que tienen un Padre que, después de haberlos creado, quiere darles los tesoros que Él posee. Sobre todo, decidles que pienso en ellos, que los amo y que quiero darles la felicidad eterna. ¡Oh! Os lo prometo: los hombres se convertirán más rápidamente.” 

Como recordatorio: El enunciado central de mi pequeño mensaje para el Año Nuevo es que yo estoy convencido de que la actual plaga que aflige al mundo entero fue permitida por Dios para que la humanidad vuelva a Él. Por eso, el llamado para todos los que ya están en el camino de la fe es que profundicen su conversión y vuelvan a echar las redes del amor de Dios, para que los hombres en el mundo se encuentren con él y se conviertan. Cuando la luz de Dios se difunde, la oscuridad debe retroceder.

En el pasaje que hemos escuchado del “Mensaje del Padre”, se nos brinda un medio eficaz para que podamos cooperar en que los hombres se conviertan más rápidamente. Sin dejar de anunciar que las personas necesariamente deben cumplir los mandamientos de Dios, y sin callar sobre las terribles ofensas a Dios que se cometen en este mundo y que exigen ser expiadas; el enfoque del anuncio ha de estar puesto en el amor de Dios. ¡Es Su misericordia la que puede salvar a los hombres!

El gran deseo de nuestro Padre Celestial es dar vida a los hombres, pues Él mismo es la plenitud de la vida (cf. Jn 10,10). En el plano humano sucede algo similar: cuando nuestro corazón está lleno de amor, queremos hacer partícipes de este amor a las otras personas. ¡Cuánto más sucede esto en el caso de Dios, quien es la fuente misma del amor! Por eso, en este Mensaje, el Padre nos llama una y otra vez a que primero nos convirtamos en receptores de este amor y después se lo llevemos a las otras personas. Así como Jesús hace de sus discípulos mensajeros de la salvación (cf. Mt 28,19-20), el Padre quiere que demos testimonio de Su amor ante los hombres. Y, de hecho, es precisamente esto lo que ellos necesitan: la seguridad de saberse amados por Dios y de encontrarse con un Padre que los acepta de todo corazón.

Para que nuestro testimonio sea convincente para las personas que están en búsqueda o para las que están confundidas, es sumamente importante que nosotros mismos vivamos en la seguridad que el Padre nos concede en Su amor. ¡Así es como estamos llamados a vivir! Cada vez que meditamos Su bondad y conversamos confiadamente con Él, percibiendo que Su Corazón está abierto de par en par para nosotros, nos ayudará a generar el ambiente de familiaridad y confianza que el Padre tanto desea.

De este modo, nuestro anuncio se volvería convincente para las otras personas, porque, al vivir seguros del amor del Padre, recibiremos una paz interior que también ellas percibirán.

Además, la relación cercana con nuestro Padre nos dará una fuerza de convicción para hacerles entender a las personas que Él siempre piensa en ellas y las acompaña en Sus caminos. A través de Su ley, Él quiere “hacerles vivir una vida más dulce”.

“Mi yugo es suave y mi carga ligera” –nos dice el Señor (Mt 11,30), refiriéndose precisamente a esto. En efecto, es un bálsamo para el alma vivir en la verdad. Al sabernos cobijados por el amor del Padre y al vivir en la confianza, recuperamos algo del estado paradisíaco, que habíamos perdido a consecuencia del pecado.

Si anunciamos la bondad de Dios, los hombres se convertirán más rápidamente –nos asegura el texto del Mensaje del Padre que hoy hemos escuchado. Si lo acogemos y lo ponemos en práctica, sucederá como se nos promete.

En esta situación histórica, es importante que no nos resignemos ni nos dejemos desanimar por la sombra que nos amenaza; sino que, antes bien, cooperemos para que la luz de Dios pueda penetrar en los corazones de los hombres. En esta empresa, el “Mensaje del Padre” puede sernos una ayuda invaluable.

UN AVISO FINAL: Durante los últimos meses, desde que concluimos la Novena a Dios Padre, habíamos invitado a aquellos que se sintieron particularmente llamados a honrar a la Primera Persona de la Santísima Trinidad a que se reportaran con nosotros, como representantes de su respectiva nación, para que juntos le demos a nuestro Padre Celestial aquel culto y amor que Él pide en el Mensaje dado a la Madre Eugenia Ravasio. Si alguien no había escuchado esta invitación y también quisiera formar parte de esta “Obra de amor” del Padre Celestial, aún puede enviarnos un correo a la siguiente dirección, señalando su nombre y el país de donde viene: contact@jemael.org.

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