El Señor protege a los justos

Siguiendo el calendario tradicional, se conmemora hoy a los mártires Cosme y Damián.
Por tanto, escucharemos hoy la lectura correspondiente a esta memoria. En el siguiente
link podéis encontrar también una meditación basada en la lectura del santo a quien se
celebra hoy en el calendario nuevo, San Vicente de Paúl: http://es.elijamission.net/dioseligio-la-flaqueza/

Sb 5,15-20

Los justos viven para siempre; encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de
ellos.

Por eso recibirán un reino distinguido y una hermosa diadema de manos del Señor;
pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo. Tomará la armadura de su
celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos; vestirá la coraza de la justicia,
se pondrá por casco un juicio imparcial, empuñará como escudo su santidad invencible,
afilará la espada de su cólera implacable, y el universo luchará a su lado contra los
insensatos.
Al hablar de los “justos”, la Sagrada Escritura se refiere a aquellas personas que se esfuerzan
seriamente por cumplir la Voluntad de Dios. Los justos recibirán su recompensa y el Señor
les dará todo lo que ha preparado para ellos.
“La vida de los justos está en manos de Dios” –dice el Libro de la Sabiduría en otra parte
(3,1), y el pasaje de hoy nos asegura que la diestra del Señor los protege y los escuda. ¡Las
promesas de Dios son veraces e irrevocables! Se mantienen en pie en todas las
circunstancias, especialmente cuando los justos (en la terminología cristiana diríamos: “los
fieles”) están en peligro.
Es importante entender estas palabras en toda su profundidad, de manera que no se
refieran primordialmente a la protección de la vida corporal, como si los justos quedasen
exentos de todos los peligros y de los males que nos acechan en este mundo. Antes bien, se
aplican a la dimensión más profunda de la vida, especialmente a su dimensión
trascendental. El Señor quiere tener cerca a los suyos por toda la eternidad y
recompensarles su fidelidad. Así, les promete que, bajo su protección, alcanzarán la vida
eterna y, pase lo que pase, no se perderán. A los fieles, por su parte, les corresponde
perseverar en la gracia de Dios y seguir la guía del Espíritu Santo.
Las palabras que siguen después en la lectura bíblica de hoy nos traen a mente la “armadura
espiritual” descrita en la Carta a los Efesios (6,11-18). Los fieles han de protegerse contra
las tentaciones de este mundo, contra las acechanzas del diablo y contra su propia carne,
cuando ésta quiere rebelarse contra el espíritu (Gal 5,17). ¡Pero no están solos en su lucha!
Si fuera así, sería imposible salir victoriosos…
El Señor mismo se reviste con “la armadura de su celo” por las almas. Él se vale de los
poderes de su Creación contra el enemigo. Él, el Santo y Justo, sabe usar las palabras de su
boca cual espada (Ap 19,15). Él separa la verdad de la mentira y pone en su lugar a los
poderes hostiles a Dios.
Pero el Señor invita a los suyos a luchar de su lado en este gran combate, a enrolarse en el
“ejército del Cordero” para luchar contra los “insensatos”, como dice la lectura. Estos
insensatos son aquellos que, en su ceguera, se rebelan contra Dios. Ante todo, son los
ángeles caídos. A ellos los enviará el Señor a su destino eterno.
Pero también hay que tener en cuenta a aquellas personas que se han dejado seducir por el
espíritu del mal, que viven en una ignorancia involuntaria y no conocen aún la luz de la
fe. Por más que parezca que los esfuerzos son en vano, mientras exista la posibilidad de
conversión no debemos rendirnos en la lucha por las almas, incluso por las más obstinadas.
Un arma fundamental en este combate es el anuncio del Evangelio, como nos dice San
Pablo: “Manteneos firmes (…), calzados con el celo por el Evangelio de la paz” (Ef 6,14-15).
A través del anuncio de la Muerte y Resurrección de Cristo, hemos de arrebatarles a las
tinieblas su presa. En este enfrentamiento, a la Virgen María se le ha encomendado aplastar
la cabeza de la serpiente (cf. Gen 3,15). Con la armadura del Señor, los fieles están bien
equipados.

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