Testimonio de un judío que encontró a Cristo (Parte II)

Fui llevado a una habitación, donde me dejaron a solas con la joven más hermosa que hubiera podido imaginar” (Roy Schoeman)

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En la meditación de ayer, Roy nos había contado sobre la experiencia decisiva de su vida, cuando, en un momento de profunda angustia y sin hallar el sentido de la existencia, Dios le concedió una gracia sobrenatural. Fue la luz de Dios la que lo iluminó, dándole certeza sobre las cuestiones esenciales de la fe. Recordemos que, en esa luz, Roy reconoció al Dios amantísimo, que, en Su bondad, lo había acompañado a lo largo de toda su vida; entendió el valor o la carencia de valor que tiene cada acción; supo con certeza que existe la vida eterna…

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Testimonio de un judío que encontró a Cristo (Parte I)

Roy Schoeman, un judío que encontró a Cristo; o, mejor dicho, a quien Cristo encontró

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Después de haber escuchado sobre la extraordinaria conversión de San Pablo, quisiera presentar a todos nuestros oyentes a Roy Schoeman. Roy también experimentó la gracia de una conversión e iluminación. Como sabemos de San Pablo, un testimonio tal es muy importante, por lo cual él lo contaba una y otra vez, también como legitimación para su ministerio.  leer más

La conversión de San Pablo

La conversión de San Pablo

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Hch 9,1-21

Saulo no desistía de su rabia, proyectando violencias y muerte contra los discípulos del Señor. Se presentó al sumo sacerdote y le pidió poderes escritos para las sinagogas de Damasco, pues quería detener a cuantos seguidores del Camino encontrara, hombres y mujeres, y llevarlos presos a Jerusalén. Mientras iba de camino, ya cerca de Damasco, le envolvió de repente una luz que venía del cielo. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres tú, Señor?” Y él respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Ahora levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que tienes que hacer.”

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Dios quiere sanar y liberar

Una barca en el Mar de Galilea

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Mc 3, 7-12

 Jesús se alejó con sus discípulos hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea. También de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía. Y les dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le aplastasen; porque sanaba a tantos, que todos los que tenían enfermedades se le echaban encima para tocarle.

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Séptima Meditación de Navidad: La Creación en espera de su Redención

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En nuestras representaciones, el pesebre de Belén no sólo brilla con el resplandor del Niño Jesús, con la presencia de María y José, con los pastores que se apresuran a llegar, con los Reyes magos que vienen desde el Oriente para ofrecerle sus dones y para adorarlo… Desde hace mucho tiempo, se ha hecho tradición incluir en el pesebre a la Creación no racional. El buey y el asno son silenciosos testigos de la Natividad del Señor. Y la presencia de estos animales se hace significativa.

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Cuarta Meditación de Navidad: El Niño

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El Señor viene al mundo como niño. Este es el camino que Dios escogió para abajarse a nosotros, y para que podamos comprenderlo. Un niño provoca alegría y amor; ternura e instinto de protección. ¡Nadie tiene miedo de un niño! Incluso personas que son cerradas, a veces se abren ante la presencia de un niño.

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Las oblaciones legítimas

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Mal 3,1-4.23-24

Voy a enviar a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y en seguida vendrá a su templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Ángel de la alianza que tanto deseáis, ya llega, dice Yahvé Sebaot. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque será como fuego fundidor y lejía de lavandero. Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán quienes presenten a Yahvé oblaciones legítimas. Entonces se complacerá Yahvé en la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los años remotos.

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Sobre la Anunciación a la Virgen

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Lc 1,26-38

Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a un pueblo de Galilea, llamado Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Cuando entró, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Ella se conturbó por estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, le llamarán Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.”

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El ‘sí’ a la Voluntad de Dios

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Zacarías en el templo

Lc 1,5-25

Hubo en tiempos de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, cuya mujer, descendiente de Aarón, se llamaba Isabel. Los dos eran justos ante Dios y caminaban intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor; no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos de edad avanzada. Sucedió que, al ejercer él su ministerio sacerdotal delante de Dios, cuando le tocaba el turno, le cayó en suerte, según la costumbre del Sacerdocio, entrar en el Templo del Señor para ofrecer el incienso; y toda la concurrencia del pueblo estaba fuera orando durante el ofrecimiento del incienso.

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El Pueblo de Israel regresa a su tierra

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Jr 23,5-8

Mirad que vienen días –oráculo de Yahvé—en que suscitaré a David un Germen justo: reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días estará a salvo Judá, e Israel vivirá en seguro; y éste es el nombre con que le llamarán: “Yahvé, justicia nuestra”.

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