A la espera del Señor

¡Cuánto tiempo esperaron los israelitas al Mesías! Luego, cuando Él vino y empezaron a cumplirse las promesas, no lo reconocieron. ¡Qué tragedia! Ahora, los judíos creyentes siguen aguardándolo… Asimismo esperan la llegada del Profeta Elías, que ha de preceder al Mesías. Sin embargo, también él vino ya: “Si queréis comprenderlo, él es Elías” –dice Jesús, refiriéndose a Juan el Bautista (Mt 11,14).

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“Yo os amo tan tiernamente”

Quien lleve un buen tiempo siguiendo mis meditaciones diarias, sabrá que el día 7 de cada mes está reservado a reflexionar sobre un pasaje del Mensaje de Dios Padre a la Madre Eugenia Ravasio (una revelación privada que ha sido aprobada por la Iglesia). Algunas personas se muestran escépticas ante las revelaciones privadas, y argumentan que –a diferencia de la Sagrada Escritura y de la doctrina de la Iglesia– éstas no forman parte del depósito de la fe y, por tanto, no son vinculantes para los fieles. Podemos respetar una postura tal. Pero ¿es realmente el escepticismo y el rechazo la actitud adecuada cuando la Iglesia ha examinado y aprobado una revelación privada? ¡Cuántos mensajes importantes han marcado la vida de la Iglesia!

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Crecer en el amor

1Tes 3,12–4,2 

Hermanos, que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor mutuo -y en el amor para con todos-, como es nuestro amor para con vosotros. De ese modo, se consolidarán vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, de cara a la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos. Por lo demás, hermanos, os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús a que os comportéis y agradéis a Dios tal como nosotros os enseñamos, y a que continuéis progresando en ese camino. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús.

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Yo os daré las palabras y la sabiduría

Hoy celebramos la memoria de Santa Catalina de Alejandría, que vivió entre el siglo III y IV. En su vida se aplican perfectamente las palabras de Jesús que habíamos escuchado en el evangelio de ayer:

“No os propongáis preparar vuestra defensa; porque yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios” (Lc 21,14-15).

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