La verdad compromete

Uno de los muchos milagros realizados en Cafarnaún: la curación de un paralítico.

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Mt 11,20-24

Entonces Jesús se puso a reprochar a los pueblos en los que había realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertos de sayal y sentados en ceniza. Por eso, os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? ¡Pues hasta el Hades te hundirás! Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.”

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A Dios le corresponde el primer lugar

«Él es nuestra paz»

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Mt 10,34—11,1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su propia familia. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

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La importancia de la Palabra de Dios

«La Palabra de Dios nutre nuestra vida espiritual, nos ilumina y orienta.»

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Mt 13,1-9;18-23

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”.

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Alcanzar la sabiduría

San Benito Abad

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Pr 2,1-9

Lectura correspondiente a la memoria de San Benito Abad

Hijo mío, si aceptas mis palabras y retienes mis mandatos, prestando atención a la sabiduría y abriendo tu mente a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la buscas como al dinero y la rastreas como a un tesoro, entonces comprenderás el temor de Yahvé y encontrarás el conocimiento de Dios. Porque es Yahvé quien da la sabiduría y de su boca brotan el saber y la prudencia. Él concede el éxito a los hombres rectos, es escudo para quienes proceden sin tacha, vigila las sendas del derecho y guarda el camino de sus fieles. Entonces comprenderás la justicia, el derecho y la rectitud, y todos los caminos del bien. leer más

La vida floreciente

El primer paso en la conversión es reconocer la propia culpa…

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Os 14,2-10

Así dice el Señor: «Vuelve, Israel, a Yahvé tu Dios, pues tus culpas te han hecho caer. Preparaos unas palabras, y volved a Yahvé. Decidle: “Quita toda culpa; acepta lo bueno; y en vez de novillos, ofrecemos nuestros labios. Asiria no nos salvará, no montaremos a caballo, y no diremos más ‘Dios nuestro’ a la obra de nuestras manos, oh tú, que te apiadas del huérfano”. –Yo sanaré su infidelidad, los amaré sin que lo merezcan, pues mi cólera se ha apartado de él.

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El rechazo del evangelio y sus consecuencias

«La gracia que reciben los pueblos al serles anunciado el evangelio»

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Mt 10,8-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.  Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos si hay en él alguna persona digna, y quedaos allí hasta que salgáis.

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En Dios nuestro corazón está «en casa»

«Israel era Vid frondosa, acumulaba frutos…»

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Os 10,1-3.7-8.12

Israel era Vid frondosa, acumulaba frutos: cuanto más fruto producía, más multiplicaba los altares; cuanto mejor era su tierra, mejores estelas construía. Su corazón está dividido, pero ahora lo van a pagar; él romperá sus altares, demolerá sus estelas. Entonces dirán: “No tenemos rey, porque no hemos temido a Yahvé, y el rey, ¿qué nos podría hacer?”

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Dios permanece fiel a Sí mismo

 

«Con su plata y oro se han fabricado ídolos, para su perdición.»

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Os 8,4-7.11-13

Así dice el Señor: “Han entronizado reyes en Israel sin contar conmigo; han nombrado príncipes sin mi conocimiento. Con su plata y oro se han fabricado ídolos, para su perdición. ¡Rechaza tu becerro, Samaría! Mi cólera está ardiendo contra ellos: ¿hasta cuándo no podrán purificarse? ¡Es obra de Israel!, pues lo ha fabricado un artesano, y eso no puede ser Dios. Así que quedará hecho trizas el becerro de Samaría.

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El amor de Dios nos corteja

«Yo te desposaré para siempre, te desposaré a precio de justicia y derecho, en el amor y la misericordia»

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Os 2,16.17b-18.21-22

Así habla el Señor: “Yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto. Aquel día -oráculo del Señor- tú me llamarás: ‘Mi esposo’ y ya no me llamarás: ‘Mi Baal’. 

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El yugo de Jesús

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.»

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Mt 11,25-30

En aquella ocasión Jesús declaró: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quiera revelarlo. Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.”

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