«No andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber? (…) Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados» (Mt 6,31-32).
Las Sagradas Escrituras nos exhortan una y otra vez a no dejarnos llevar por las preocupaciones, que pueden hacernos sentir que no hay salida. Las preocupaciones pueden acompañarnos constantemente, corroer nuestra fuerza de vivir y hacer que miremos al mundo con cara avinagrada. Están ahí desde que nos despertamos por la mañana y ni siquiera nos dejan en paz por la noche.
