«Señor, Dios mío, a ti, sólo a ti debe pertenecer mi corazón. Tú eres mi paz y mi vida, Tú eres mi salvación. Sólo a ti quiero buscarte, cautivado únicamente por ti, para ser tuyo de forma irrevocable» (San Pedro Claver).
Esta es la oración de entrega de un gran santo que, con una fidelidad inquebrantable, se ocupó de las necesidades espirituales y de los inimaginables sufrimientos físicos de los esclavos africanos en Cartagena (escucharemos más sobre su historia en la meditación diaria del 9 de septiembre).
Lleno de profunda piedad, san Pedro Claver pudo desempeñar su heroico servicio hasta el final de su vida fecunda.
