«Ni las circunstancias físicas ni las del espacio pueden limitar la libertad de un alma que ama» (San Bernardo de Claraval).
El arte del verdadero amor consiste en hallar el sentido más elevado de todas las cosas cuando se aprende a verlas desde la perspectiva del Padre Celestial. Incluso el sufrimiento y las circunstancias más difíciles pueden vencerse cuando el alma está unida a Dios. En cierto modo, se vuelve invencible, ya que encuentra el puente que la conecta con Él en todas las circunstancias. Así, tampoco permite que la dinámica negativa de las circunstancias la desanime y siempre preserva su libertad.
A menudo podemos observarlo de manera admirable en los mártires. Ante los tormentos que tenían que soportar o con los que eran amenazados, no perdían el ánimo ni permitían que estos los indujeran a acciones contrarias a la voluntad de Dios. ¡Todo lo contrario! En medio de su angustia, entregaban al Señor el gran regalo de la vida y, por amor a Él, permanecían fieles a su camino. Se manifestaba en ellos el espíritu de fortaleza, que les hacía capaces de buscar y concretar el amor divino en todas las situaciones. Dios mismo les daba la fuerza, preservando así su libertad.
