“LA FUERZA DE LA VERDAD”

«La verdad tiene el poder de perdurar». (Palabra interior).

Todo pasa, pero la Palabra de Dios permanece. Así nos lo asegura el Señor en el Evangelio (Lc 21, 33). En medio de la agitación y los turbulentos cambios que nos rodean, hay algo que permanece para siempre: ¡nuestro Padre mismo! Por eso nos ha comunicado sus palabras imperecederas. Estamos llamados a vivir conforme a esta verdad inmutable. A partir de ella, debemos aprender a distinguir lo perecedero de lo imperecedero, lo importante de lo menos importante y de lo insignificante.

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“EL PADRE LUCHA POR NOSOTROS”

«Se necesita un ejército que aspire a la santidad para poder resistir en este combate» (Palabra interior).

Se trata de una palabra interior procedente de santa Juana de Arco. Nos habla de un «ejército santo», que también en esta época es necesario.  Probablemente se refiera al «ejército del Cordero», es decir, a aquellos que siguen al Cordero adondequiera que vaya (Ap 14,4).

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“EL VERDADERO DESCANSO”

«Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29).

¡Cuán veraces son estas palabras del Señor!

«Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», exclama san Agustín. Nuestra alma busca a Dios, aunque quizá no sea consciente de ello. Las cosas terrenales no pueden saciarla, pues no están destinadas a darle la plenitud, sino que son solo un regalo adicional de nuestro amoroso Padre.

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