«Espera siempre hasta tener claras las cosas y nunca te precipites» (Palabra interior).
¿De qué manera tomamos las decisiones en aquellas cuestiones que no están predeterminadas y para las que necesitamos luz? ¿Consultamos a nuestro Padre y esperamos a que su luz nos muestre el camino que debemos tomar? A menudo, las circunstancias y nuestro ímpetu natural nos presionan para tomar decisiones rápidas. Queremos saber cuanto antes qué tenemos que hacer. A menudo nos dejamos llevar por un dinamismo externo en lugar de refrenarlo. A veces también nos sentimos presionados por otras personas. En pocas palabras, nos cuesta esperar al momento indicado.
