“CONFIANZA EN HORAS DE DEBILIDAD”

«Permanece fiel a mí, y no pierdas la confianza en las horas de debilidad. También de ellas me valgo para bien» (Palabra interior).

Quizá no nos resulte tan fácil comprender estas palabras. ¡Cuánto quisiéramos ser fuertes y capaces de superar todos los desafíos de la vida! Probablemente esto cuenta en particular para las personas con un marcado carácter luchador. Sin embargo, luego nos topamos con nuestras debilidades, que nos recuerdan una y otra vez los límites de nuestra condición de criaturas. Nos quedamos cortos frente a lo que nos habíamos propuesto y nos sentimos decepcionados con nosotros mismos.

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“LA MIEL DE LA ETERNA DULZURA”

«Cuando derramo mi gracia sobre los hombres y la recibo de vuelta de ellos, preparo en mi corazón la miel de la eterna dulzura» (Palabras de Jesús a Santa Matilde de Hackeborn).

Un alma que ama se pregunta una y otra vez cómo podría devolverle a su Señor algo de todo lo que Él, en su prodigalidad, le concede. Sin embargo, siempre tendrá que constatar: «¿Cómo podría agradecerte lo suficiente por tanta bondad?». Siempre nos quedaremos cortos en relación con lo que Dios nos da. Y es bueno que así sea, porque Él da de manera divina y nos recuerda que Él mismo es la fuente de la que mana inagotablemente el amor.

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“DIOS NO OBLIGA A NADIE”

«Dios no obliga a nadie. Él acepta lo que uno le da, pero solo se entrega por completo a quien se entrega por completo a Él» (Santa Teresa de Ávila).

En nuestro camino de seguimiento, debemos asimilar profundamente esta verdad que Santa Teresa de Ávila describe con tanto acierto: Dios nunca nos coacciona. La santa hace alusión al gran respeto que nuestro Padre tiene hacia la libertad humana. De hecho, Él mismo nos la ha concedido como un gran don de su amor, distinguiéndonos así de las criaturas irracionales.

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“LA COMPASIÓN DE DIOS”

«La compasión de Dios por ti es más grande que todas tus preocupaciones» (San Juan Bautista de La Salle).

Las Sagradas Escrituras nos exhortan una y otra vez a no dejarnos llevar por las preocupaciones. De hecho, la ansiedad excesiva nos sumerge en una situación muy irreal desde el punto de vista espiritual. Esta irrealidad consiste en que no vemos salida y las preocupaciones nos agobian constantemente, debilitando nuestra fuerza vital y afectando incluso a nuestra apariencia, de modo que, en cierto modo, miramos hacia el mundo con cara avinagrada. ¿Quién no ha visto esos rostros surcados por las preocupaciones que despiertan nuestra compasión?

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“UN BINOCULAR PARA RECONOCER AL SEÑOR Y A UNO MISMO”

«El Espíritu Santo es luz y fortaleza. Es Él quien nos permite distinguir lo verdadero de lo falso y el bien del mal. Al igual que los binoculares agrandan los objetos, el Espíritu Santo nos permite reconocer el bien y el mal a lo grande. Con el Espíritu Santo, todo se observa a gran escala: se aprecia la grandeza de los actos más pequeños realizados por Dios, así como la magnitud de los errores más mínimos» (San Juan María Vianney). leer más

“VERDADERA VALENTÍA”

«Quien ama al Redentor con un amor valeroso, no deja de amarlo en medio de las tentaciones, la sequedad y la desolación» (San Alfonso María de Ligorio).

Querido san Alfonso, ¡cuán ciertas son tus palabras y cuánto quisiéramos demostrar así nuestra fidelidad al Señor! Entonces, ¿cómo podemos amarle en tales circunstancias, cuando nuestro corazón parece frío, cuando nos sentimos sin fuerzas y desconsolados o cuando incluso nos vemos asaltados por grandes tentaciones? En esos momentos, una declaración de amor al Señor casi podría parecernos una hipocresía, porque no estaría sustentada en ningún sentimiento. Quizá nos encontremos sumidos en una oscuridad interior y sintamos aversión hacia su Palabra y hacia cualquier práctica religiosa. En esta situación, querido Alfonso, no nos sentimos valientes en absoluto, sino más bien indecisos y perezosos. ¿Y entonces qué?

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“MADURAR EN EL SEGUIMIENTO DE CRISTO”

«Cuanto más aprendas a permanecer sereno ante las adversidades, con mayor fecundidad y calma podrá desplegarse el plan de Dios contigo» (Palabra interior).

Para cada persona, nuestro Padre celestial tiene un plan de salvación, que ya existía cuando ella aún estaba en los pensamientos de Dios y todavía no había venido a este mundo. Es un plan que responde al amor de nuestro Padre y a su santa voluntad de conceder al hombre todo lo que ha preparado para él.

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 “EN CASA, EN LA FAMILIA DE DIOS”

«Deseo que, en mí, te sientas en casa, como en una familia que te quiere mucho y en la que siempre te sientes aceptado» (Palabra interior).

Si los hombres lo supieran, muchas cosas podrían cambiar en sus vidas. Incluso si hemos tenido la gracia de crecer en una buena familia, la certeza que nos transmite la frase de hoy puede ampliar aún más nuestra perspectiva, y podremos decir: «Si YA fue una gran dicha crecer en una buena familia, ¡cuánto más maravillosa debe de ser entonces la familia celestial, de la que procede todo lo bueno que nos ha sucedido!». Con esta perspectiva, incluso se puede estar dispuesto a dejar atrás la familia natural para seguir la llamada del Rey que busca la belleza del alma (cf. Sal 45,12).

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“NI ARROGANCIA NI DESÁNIMO”

«A veces, el dolor es más provechoso para el hombre que la salud, la tensión más útil que el descanso y la reprensión más beneficiosa que la condescendencia. Así, los días buenos no han de llevarnos a la arrogancia ni la adversidad al desánimo y al derrumbe» (San Gregorio Nacianceno).

No siempre nos resulta fácil aprender esta lección, pues nuestra naturaleza prefiere el camino fácil y sin complicaciones para alcanzar la meta, y las adversidades no parecen encajar en él. De hecho, tales dificultades no formaban parte del plan originario de Dios para el hombre, pero la vida fuera del paraíso las ha traído consigo como consecuencia. Las sombras de la muerte nos rodean por todas partes y nuestro Padre no las ha eliminado, sino que, en su sabiduría, ha querido servirse de ellas en nuestro camino hacia la eternidad.

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