«La compasión de Dios por ti es más grande que todas tus preocupaciones» (San Juan Bautista de La Salle).
Las Sagradas Escrituras nos exhortan una y otra vez a no dejarnos llevar por las preocupaciones. De hecho, la ansiedad excesiva nos sumerge en una situación muy irreal desde el punto de vista espiritual. Esta irrealidad consiste en que no vemos salida y las preocupaciones nos agobian constantemente, debilitando nuestra fuerza vital y afectando incluso a nuestra apariencia, de modo que, en cierto modo, miramos hacia el mundo con cara avinagrada. ¿Quién no ha visto esos rostros surcados por las preocupaciones que despiertan nuestra compasión?
