«Lo que te define es mi cercanía» (Palabra interior).
Con frecuencia, los hombres llevamos dentro el deseo de realizar cosas grandes, quizá incluso de dejar un legado importante a la posteridad.
«Lo que te define es mi cercanía» (Palabra interior).
Con frecuencia, los hombres llevamos dentro el deseo de realizar cosas grandes, quizá incluso de dejar un legado importante a la posteridad.
«Mucho se aprende en la enfermedad, siempre y cuando uno está dispuesto» (San Conrado de Parzham).
Los padres de la vida espiritual —entre quienes sin duda se puede contar al santo hermano Conrado— nos muestran una y otra vez cómo podemos avanzar en nuestro camino hacia Dios. Cuando Dios permite que nos sobrevenga una cruz —y una enfermedad es una de ellas—, se nos presenta, como personas creyentes, una oportunidad para crecer y madurar. Además de poder aprovecharla en el sentido de la expiación, especialmente por tantas ofensas cometidas contra Dios y contra los hombres, nuestro Padre quiere enseñarnos algo importante a través de la enfermedad.
«Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca» (Sal 34,2).
Desde luego, nuestro Padre no necesita nuestras alabanzas, pues posee la plenitud en sí mismo y nada le falta. Sin embargo, eso no significa que no le agrade que sus hijos le rindan de todo corazón la gloria que merece.
«Permaneced en esta luz y portadla a todos. Será un poderoso medio para alcanzar conversiones e incluso –de ser posible– cerrar las puertas del infierno» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
«Los hombres creen que yo soy ese Dios terrible que precipita a toda la humanidad al infierno. ¡Cuánto se sorprenderán al final de los tiempos, cuando vean a tantas almas que creían perdidas, gozando de la felicidad eterna en medio de los elegidos» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
«Yo nunca me eché atrás cuando se trataba de atestiguar la verdad. ¡Nunca reniegues de lo que has reconocido como verdad!» (Palabra interior).
–«Oh, amabilísimo, si te complace tanto que los hombres crean en ti, dime, por favor, ¿qué debo creer respecto a tu inefable bondad?»
–«Con esperanza certera debes creer que, tras tu muerte, te acogeré como un padre a su hijo más querido, y que nunca un padre ha legado tan fielmente la herencia a su único hijo como yo te compartiré todos mis bienes e incluso a mí mismo» (Diálogo entre Santa Matilde de Hackeborn y el Señor).
«En verdad te digo que me complace sobremanera que los hombres confíen y esperen cosas grandes de mí» (Palabras de Jesús a Santa Matilde de Hackeborn).
«Si respondes a los planes de Dios, Él hará de ti un santo» (San Pablo de la Cruz).
Así que, en realidad, no es tan difícil, amado Padre, como nos dice san Pablo de la Cruz. Sin duda, él lo experimentó en carne propia.
«El que se levanta tras sus caídas poniendo su confianza en Dios y con profunda humildad, se convertirá en un instrumento idóneo en las manos de Dios para realizar grandes obras. El que actúa de otra manera, nunca podrá hacer ningún bien» (San Pablo de la Cruz).
Amado Padre, cuánta sabiduría has comunicado a aquellos que te siguen fielmente y, con ella, los has introducido en tu propio ser. Así, san Pablo de la Cruz nos enseña que nadie debe desesperarse si ha sufrido una caída en su camino de seguimiento de Cristo. Antes bien, Tú solo esperas que se arrepienta y se vuelva a levantar, depositando su confianza en Ti.