«¡Qué maravilloso debe de ser el cielo para que Dios lleve a cabo una purificación tan minuciosa de las almas antes de admitirlas!» (Santa Catalina de Siena).
Estas palabras proceden de Santa Catalina de Siena, que sin duda lo sabe bien, pues vivía profundamente unida al Señor y fue proclamada Doctora de la Iglesia.
Con esta frase alude a la purificación necesaria antes de la muerte, con la mirada puesta en la eternidad. Debemos estar completamente purificados para poder entrar en la gloria del Cielo. Ningún rastro de la suciedad del pecado ni de sus consecuencias puede encontrar cabida en el Reino del Amor Eterno.
