«Dios tiene en la tierra tanta cabida cuanto el hombre le conceda» (Maestro Eckhart).
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María: Madre del Hijo
¡Cuán excelsa es la elección que te fue concedida, amada Madre de nuestro Señor Jesucristo!
Con asombro constatamos que no sólo te fue confiado el mismo Hijo de Dios; sino también todos aquellos que le pertenecen y entonan el cántico de los redimidos (cf. Ap 14,3). Y más aún: tú eres Madre de todos los hombres, y te conviertes en luz y consuelo para los que retornan a casa.
Muchas personas acuden llenas de confianza a ti y apelan a tu Corazón de Madre, porque entienden que tu Hijo divino escucha tus súplicas.
María: Hija del Padre
¿Podría uno imaginar una hija del Padre Celestial más encantadora que tú, amada Virgen María?
Una hija que embelesa tanto a su Padre que Él le confía lo más precioso: su amado Hijo.
No, no puede haber alguien que se te iguale.
Tú eres aquella a la que el Señor ha elegido. Sólo Dios, el Santo, conoce toda tu belleza, con la que Él mismo te adornó; y sabe con cuánta alegría y ternura colmaste Su Corazón, viéndote en el esplendor de Su gracia.
“EL AMOR DE DIOS ENGENDRA NUESTRO AMOR”
«El amor de Dios engendra el amor del alma. Dios es el primero en dirigir su atención hacia el alma, y así ella se fija en Él. Él se ocupa de ella, y así ella comienza a ocuparse de Él» (San Bernardo).
El Señor lidera la guerra
Dt 31,1-8
Moisés dijo estas palabras a los israelitas: “Tengo hoy ciento veinte años. Ya no puedo seguir como jefe. Además Yahvé me ha dicho: Tú no pasarás este Jordán. Yahvé tu Dios será el que pase delante de ti; él destruirá ante ti esas naciones y las desalojará. Será Josué quien pase delante de ti, como ha dicho Yahvé. Yahvé las tratará como ha tratado a Sijón y a Og, reyes amorreos, y a su país, a los cuales ha destruido. Yahvé os los entregará, y vosotros los trataréis exactamente conforme a la orden que yo os he dado. ¡Sed fuertes y valerosos!, no temáis ni os asustéis ante ellos, porque es Yahvé tu Dios el que marcha contigo: no te dejará ni te abandonará.”
“EL ENFOQUE DEL CORAZÓN”
«Debes reunir todas las fuerzas de tu corazón y concentrarte en una sola cosa, para que tu corazón no se habitúe a la inconstancia de una actitud inquieta» (Santa Hildegarda de Bingen). leer más
“DIOS LO TIENE TODO PREPARADO”
«El buen Dios, que nos guía como le place, lo tiene todo preparado, con poder y cuidado, desde tiempos remotos» (San Charles de Foucault). leer más
Dios es nuestra alabanza
Dt 10,12-22
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien. Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita; con todo, sólo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz; que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido.
“COMO EL HIJO DE DIOS”
«Unge a las personas con misericordia y consuelo, como lo hizo el Hijo de Dios» (Santa Hildegarda de Bingen). leer más
Vigilancia amorosa
Lc 12,32-48
“No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dadlos en limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como ésos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. Dichosos los siervos a quienes su señor, al venir, encuentre velando. Os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, ¡dichosos ellos si los encuentra así! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le abriesen un boquete en su casa. Estad también vosotros preparados, porque, cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.”
