«El amor por las cosas mundanas, por los honores, la grandeza y el reconocimiento, se ha convertido en la segunda naturaleza del hombre. Es como mezclar agua con vino. Se necesitaría un gran milagro para volver a separarlos» (San José de Cupertino).
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El camino de la verdad
1Jn 1,8–2,5
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Hijos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es la víctima propiciatoria por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. En esto sabemos que le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: ‘Yo le conozco’, pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y en ése no está la verdad. En cambio, quien guarda su palabra, en ése el amor de Dios ha alcanzado verdaderamente su perfección. En esto sabemos que estamos en Él.
Comunión en la verdad
1Jn 1,5-7
Éste es el mensaje que hemos oído y que os anunciamos: Dios es luz y no hay en Él tinieblas de ninguna clase. Si decimos que estamos en comunión con Él y sin embargo caminamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. En cambio, si caminamos en la luz, del mismo modo que Él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.
Es un mensaje claro que debemos interiorizar profundamente. Se aplica tanto a nosotros mismos, ya que nos ayuda a liberarnos de todas las tendencias oscuras de nuestra alma, como a la imagen que transmitimos de Dios en la evangelización. De hecho, existen corrientes filosóficas y religiosas que defienden que en la divinidad también hay oscuridad.
“FE Y VIDA INTERIOR”
«Empuña el escudo de la fe y abraza con amor en tu corazón la hermosa y resplandeciente justicia de Dios» (Santa Hildegarda de Bingen).
La vida se ha manifestado
NOTA: Me gustaría dedicar nuevamente las meditaciones diarias de las próximas semanas a recorrer sistemáticamente un libro bíblico. En esta ocasión, he elegido las Cartas de San Juan. No obstante, quienes prefieran —o quieran adicionalmente— escuchar una meditación que corresponda a las lecturas bíblicas del día, podrán encontrar los enlaces respectivos al final del texto.
1Jn 1,1-4
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida -pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestado-, lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestra alegría sea completa. leer más
“¡SÉ GENEROSO!”
«¡Qué gran beneficio obtienes de Dios cuando eres generoso! Das una moneda y recibes un reino; das pan de trigo y recibes el Pan de la vida; das un bien pasajero y recibes uno eterno». Todo lo que ofreciste te será devuelto al ciento por uno» (Santo Tomás de Villanueva).
“Sagacidad de los hijos de la luz”
Lc 16,1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. Un día le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.’ Entonces se dijo para sí el administrador:
“EL TRIUNFO DE LA JUSTICIA DE DIOS”
«No permitas que el triste espectáculo de la injusticia humana perturbe tu alma. También esta tiene su lugar en la economía de la salvación. Sobre la injusticia humana, verás surgir un día el triunfo de la justicia de Dios» (Padre Pío de Pietrelcina).
“LOS MÚLTIPLES CAMINOS DE DIOS”
«Plácido, ¿por qué me persigues? Cree en mí, que soy Cristo, y te he estado buscando durante mucho tiempo. Puesto que das limosna y practicas la misericordia, también yo seré misericordioso contigo» (Palabras de Jesús a San Eustaquio).
Cumplir la misión encomendada
1Tim 6,13-16
En presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan hermoso testimonio, te ordeno que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén.
Las palabras que hoy escuchamos del Apóstol de los Gentiles nos muestran cuán importante es cumplir una misión encomendada por Dios. San Pablo le ordena a Timoteo, es decir, le da una instrucción vinculante, y lo hace «en presencia de Dios y de Jesucristo» para dar mayor fuerza a sus palabras. ¡Y este encargo estará en vigor hasta la Segunda Venida del Señor!
