EPÍSTOLA A LOS COLOSENSES (I): “Introducción a la Carta a los Colosenses”  

Puesto que llevo en el corazón el gran deseo de anunciar el Evangelio y, con él, todo el testimonio de la Sagrada Escritura, daré inicio a una serie en la que meditaremos sistemáticamente la Epístola a los Colosenses, redactada por el apóstol san Pablo. Quien prefiera seguir las meditaciones sobre la lectura o el evangelio del día, encontrará al final los enlaces respectivos.

Desde mi punto de vista, en la época actual es particularmente importante una sana exégesis de la Sagrada Escritura, ya que se está difundiendo cada vez más una visión modernista de la Biblia que, a menudo, no ofrece un verdadero alimento para el alma. Sin embargo, la Palabra de Dios es tan rica e importante que no deberíamos cansarnos de escucharla. ¡Conservémosla en nuestro corazón como la Virgen María para que produzca abundante fruto!

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“DAMOS GRACIAS A DIOS PADRE”   

«Demos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia de los santos en la luz» (Col 1,12).

Con estas palabras, San Pablo inicia su alabanza a Dios en el himno cristológico que abre la Epístola a los Colosenses. De este modo, nos recuerda enfáticamente que todas las gracias que recibimos a través del Hijo de Dios proceden de nuestro Padre celestial. Por ello, es «justo y necesario» tenerlo siempre presente y elevar una y otra vez nuestro corazón hacia nuestro Padre con gozo, alabanza y gratitud, del mismo modo que en la Santa Misa las oraciones van dirigidas a Dios, nuestro Padre.

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El último puesto

Lc 14,1.7-11

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo una parábola: “Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a él y a ti, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, siéntate en un lugar más digno’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que están contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.”

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“ENTREGARSE COMPLETAMENTE A DIOS”   

«Entrégate por completo a mí, tu Dios y tu Padre que te ama, y entonces todo saldrá bien» (Palabra interior).

Para entender la frase de hoy, basta con tener presente lo que nos dice el Señor en el Evangelio de Lucas sobre el primero de los mandamientos: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc 10,27). leer más

El sábado es para el hombre

Lc 14,1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?»
Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?» Y se quedaron sin respuesta.

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Sobre el Combate Espiritual

Ef 6,10-18

Hermanos, reconfortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, revestíos con la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo, porque no es nuestra lucha contra la sangre o la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires. Por eso, poneos la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y, tras vencer en todo, permanezcáis firmes. Así pues, estad firmes, ceñidos en la cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies, prontos para proclamar el Evangelio de la paz; tomando en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno. Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, mediante oraciones y súplicas, orando en todo tiempo movidos por el Espíritu, vigilando además con toda constancia y súplica por todos los santos. leer más

Fiesta de San Simón y Judas, apóstoles: “Reflexión sobre la Iglesia”

Ef 2,19-22

Hermanos: Vosotros ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas. Y la piedra angular es Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios mediante el Espíritu. leer más