El amor a Dios y el amor al prójimo

Escucharemos hoy el evangelio del XII Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Lc 10,23-37

Volviéndose hacia los discípulos, Jesús les dijo: “Bienaventurados los ojos que ven lo que estáis viendo. Pues os aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron; y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron”. Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”. Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”. Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”. “Has respondido exactamente”, le dijo Jesús; “obra así y alcanzarás la vida”. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.

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MEDITACIONES MARIANAS: “María: Esposa del Espíritu Santo”  

Amada Virgen: ¡Cuántas manifestaciones del amor resplandecen en ti!

En relación con el Padre, te vemos como una amorosa hija; para el Hijo eres madre y discípula; al Espíritu Santo te une un amor esponsal.

Si ya aquí, en nuestra realidad terrenal, nos conmueve el tierno amor de una esposa humana, y podemos observar cómo ella florece y le dirige todo su corazón y su atención a su esposo, ¡cuánto más sucede así contigo, siendo así que tu Esposo es el Espíritu Santo mismo!

Esposa del Espíritu Santo… ¡Cuánto misterio envuelve a este título!

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MEDITACIONES MARIANAS: “María: Madre del Hijo”  

¡Cuán excelsa es la elección que te fue concedida, amada Madre de nuestro Señor Jesucristo!

Con asombro constatamos que no sólo te fue confiado el mismo Hijo de Dios; sino también todos aquellos que le pertenecen y entonan el cántico de los redimidos (cf. Ap 14,3). Y más aún: tú eres Madre de todos los hombres, y te conviertes en luz y consuelo para los que retornan a casa.

Muchas personas acuden llenas de confianza a ti y apelan a tu Corazón de Madre, porque entienden que tu Hijo divino escucha tus súplicas.

En ti, la compasión maternal ante las necesidades terrenales de tus hijos va de la mano con la preocupación por la salvación de sus almas.

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TODO LO RECIBIMOS POR GRACIA

«En virtud de la gracia, puedo concederte todo aquello que mi Hijo posee en virtud de su naturaleza divina»(Palabra interior).

En lo que respecta a la naturaleza, somos y seguiremos siendo seres humanos, tal y como nos creó el Padre celestial. Cuando recibamos un cuerpo resucitado y seamos considerados dignos de pasar la eternidad en la contemplación de la Santísima Trinidad, en comunión con todos los elegidos, entonces nuestra naturaleza humana resplandecerá en toda su belleza.

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MEDITACIONES MARIANAS: “María: Hija del Padre”  

¿Podría uno imaginar una hija del Padre Celestial más encantadora que tú, amada Virgen María?

Una hija que embelesa tanto a su Padre que Él le confía lo más precioso: su amado Hijo.

No, no puede haber alguien que se te iguale.

Tú eres aquella a la que el Señor ha elegido. Sólo Dios, el Santo, conoce toda tu belleza, con la que Él mismo te adornó; y sabe con cuánta alegría y ternura colmaste Su Corazón, viéndote en el esplendor de Su gracia.

Tota pulchra… ¡Toda hermosa eres, oh Hija del Padre!

En ti resplandece sin mancha la belleza del primer día, cuando Dios nos creó a Su imagen.

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La corrección fraterna

Mt 18,15-20

Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano llega a pecar, ve y corrígele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si también desoye a la comunidad, considéralo como al pagano y al publicano. Yo os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.” leer más