“LLEVAR EL ALMA EN LAS MANOS”

«No hay nadie más sabio que aquel que lleva siempre su alma en las manos. El hombre no posee tesoro más precioso que su alma. Por lo tanto, debe permanecer en vela y estar constantemente en guardia, pues nada se iguala a la salvación del alma» (Tomás de Kempis).

En otro pasaje de La imitación de Cristo, Tomás de Kempis se lamenta: «Por un pequeño beneficio andan los hombres largo camino, y por la vida eterna muchos con dificultad levantan el pie del suelo».} leer más

Vivir en actitud vigilante

 

Mt 13,47-52

Lectura correspondiente a la memoria de San Jerónimo

En aquel tiempo, dijo Jesús: “También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?” Dícenle: “Sí.” Y él les dijo: “Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.”

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“RETORNAR A NUESTRO INTERIOR”   

«El hecho de que nos sucedan cosas que nos resultan molestas o incluso repugnantes es bueno para nosotros, pues éstas impulsan al hombre que ha huido de su interior a retornar nuevamente a su corazón» (Tomás de Kempis).

En la frase de hoy, el maestro espiritual Tomás de Kempis señala una razón importante por la que aquellas cosas que solo parecen estorbar pueden ser utilizadas por nuestro Padre Celestial para nuestro bien. Dios siempre tiene en mente la salvación de nuestra alma, y toda su guía y lo que permite que nos suceda sirve a este fin. En efecto, el mayor servicio que nos presta el Señor es la salvación y el fortalecimiento de nuestra alma. Eso es lo más importante, tal y como afirma acertadamente la Iglesia sobre sí misma cuando señala que su mayor misión es la salvación de las almas.

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La misión de los tres arcángeles

Dan 7,9-10.13-14

Mientras seguía mirando, prepararon unos tronos y un anciano se sentó. Sus vestidos eran blancos como la nieve; sus cabellos, como lana pura; su trono, llamas de fuego; las ruedas, fuego ardiente. Fluía un río de fuego que manaba delante de él. Miles y miles le servían, millones le acompañaban. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo seguía mirando, y en la visión nocturna vi venir sobre las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido.

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Pruebas

Job 1,6-15.18-22

Un día en que los hijos de Dios fueron a presentarse ante el Señor, apareció también entre ellos Satanás. Dijo entonces el Señor a Satanás: “¿De dónde vienes?” Satanás respondió: “De dar vueltas por la tierra y pasearme por ella.” El Señor replicó a Satanás: “¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.” Respondió Satanás al Señor: “¿Te crees que Job teme a Dios por nada? ¿No ves que lo has rodeado de protección, a él, a su familia y a todas sus posesiones? Has bendecido sus actividades y sus rebaños se extienden por el país. Pero trata de poner la mano en sus posesiones; te apuesto a que te maldice a la cara.” Contestó el Señor a Satanás: “De acuerdo. Métete con sus posesiones, pero no le pongas mano encima.” Y Satanás salió de la presencia del Señor.

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“CLAVE PARA LA RESISTENCIA ESPIRITUAL”   

«La íntima unión conmigo es necesaria y constituye la clave para la resistencia espiritual» (Palabra interior).

Nunca debemos olvidar que no estamos a merced del mal, sino que estamos llamados a ofrecerle resistencia. Esa es también una manera de demostrar nuestra fidelidad a nuestro Padre celestial. Mientras todo transcurra sin grandes complicaciones en nuestro camino hacia Cristo, resulta fácil seguirle. Sin embargo, incluso en aquellas etapas en las que nos parezca sencillo, siempre debemos cuidarnos de no sentirnos demasiado seguros. Así nos lo exige la prudencia espiritual.

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Jesús perdona los pecados

Meditaremos hoy el evangelio del XVIII Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Mt 9,1-8

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca, cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad. Entonces, le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.” Entonces algunos escribas dijeron para sus adentros: “Éste blasfema”. Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados -se dirigió entonces al paralítico-, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se atemorizó y glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres.

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“SOPORTAR CON PACIENCIA”

«Lo que no puede un hombre enmendar en sí mismo ni en los otros, debe sufrirlo con paciencia hasta que Dios lo ordene de otro modo» (Tomás de Kempis).

El esfuerzo por mejorar uno mismo o por ayudar a otros en su mejora nunca será en vano, pues constituye un acto de caridad. Además, cada mejora es beneficiosa para todos. Sin embargo, rápidamente nos encontramos con nuestros propios límites. Ciertamente, podemos volver a intentarlo una y otra vez, pero no debemos rendirnos con resignación. Esa sería una actitud equivocada, que no se centra en Dios, sino en los propios sentimientos.

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“LA MUERTE PIERDE SU ESPANTO”   

«La muerte no infunde terror a un sincero servidor de Cristo, que se esfuerza por guiar a las almas hacia el conocimiento de la verdad» (Beato Ramón Llull).

A medida que nos acercamos a la gran meta de encontrarnos con el Señor en la hora de nuestra muerte, resulta muy reconfortante saber que hemos intentado sinceramente cumplir con nuestro trabajo en la viña del Señor. Apenas hay algo más importante que podamos hacer en la Tierra que ayudar a las personas a conocer a Dios y seguir sus caminos. Si lo hemos hecho, puede surgir en nosotros esa seguridad que se aprecia en san Pablo cuando afirma que le «está reservada la merecida corona» de la victoria (2Tim 4,8).

Entonces, la muerte deja de ser ese «gran desconocido» al que hay que temer y, por el contrario, se convierte en la puerta de entrada hacia la gloria y en una valiosa amonestación para que no decaigamos en nuestros esfuerzos por la salvación de las almas. Porque ¿quién, salvo Dios mismo, sabe cuánto tiempo nos queda aún en la Tierra?

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La salvación en la Cruz

Lc 9,43b-45

En aquel tiempo, todos estaban maravillados de las cosas que Jesús hacía. Dijo entonces a sus discípulos: “Escuchad atentamente estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.” Pero ellos no entendían sus palabras; les estaba velado su significado, de modo que no las comprendían. Además tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.

A los discípulos les resultaba difícil entender lo que Jesús quería decir cuando hablaba de que será “entregado en manos de los hombres”. También hoy sigue siendo una de las difíciles lecciones espirituales comprender los motivos de Dios para permitir que su Hijo fuera entregado a la crueldad de los hombres.

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