«Prestemos mucha atención a que, una vez que hayamos emprendido el camino del Señor, no nos alejemos de él en ningún momento por nuestra propia culpa o ignorancia» (Santa Clara de Asís). leer más
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Quiero
Mt 8,1-4
Cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres puedes limpiarme.” Él extendió la mano, lo tocó y dijo: “Quiero, queda limpio.” Y al instante quedó limpio de su lepra. Jesús le dijo: “Mira, no se lo digas a nadie. Pero vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.”
“AVANCEMOS: EL SEÑOR VIENE”
«Avanza, hijo mío, avanza: ¡vengo a tu encuentro!» (Palabra interior).
Hoy escuchamos una invitación amorosa, pero firme, para que sigamos avanzando en el camino de nuestra vida y cumplamos la misión que nuestro Padre nos ha encomendado. Una y otra vez, Dios nos anima a correr hacia la meta y aprovechar bien el tiempo, tal y como nos dice el apóstol san Pablo (Ef 5,16).
Edificar la casa sobre la confianza en Dios
Mt 7,21-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’ Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.” Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.
El testimonio de Juan
Hch 13,16.22-26
En aquellos días, Pablo se levantó, hizo una señal con la mano y dijo: “Israelitas y cuantos teméis a Dios, escuchad: Dios depuso a Saúl y les suscitó por rey a David, de quien precisamente dio este testimonio: ‘He encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera.’ De su descendencia, Dios, según la Promesa, ha suscitado para Israel un Salvador, Jesús. Juan predicó como precursor, antes de su venida, un bautismo de conversión a todo el pueblo de Israel. Al final de su carrera, Juan decía: ‘Yo no soy el que vosotros os pensáis; sabed que viene detrás de mí uno a quien no soy digno de desatar las sandalias de los pies.’ Hermanos, hijos de la raza de Abrahán, y cuantos entre vosotros teméis a Dios: a vosotros ha sido enviada esta palabra de salvación.”
“EN DIOS TODO SALDRÁ BIEN”
«Tengo una profunda confianza en mi querido Padre del Cielo de que todo saldrá bien, y por eso aguardo con calma todo lo que esté por venir» (Santa Isabel de Dijon).
La frase de hoy es de una carmelita a la que generalmente se conoce por su nombre religioso: Sor Isabel de la Santísima Trinidad.
“ACUDIR DE PRISA AL PADRE”
«Tráeme todo lo que te agobia. ¡Yo soy tu Padre!» (Palabra interior).
En la frase de hoy se expresa con otras palabras la invitación que Jesús nos dirige en el Evangelio: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28).
El camino angosto
Mt 7,6.12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos. En esto consisten la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha, porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición; y son muchos los que entran por ella. En cambio, ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida! Y pocos son los que lo encuentran.”
La medida de Dios
Mt 7,1-5
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No juzguéis, para no ser juzgados. Porque seréis juzgados con el juicio con que juzguéis, y seréis medidos con la medida con que midáis. ¿Cómo eres capaz de mirar la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.”
“UNA GUERRA SANTA”
«Quiero vencer en ti para superar los poderes del mal en tu carne y salvar así a muchas más almas» (Palabra interior).
La frase de hoy puede entenderse en estrecha relación con las palabras del Apóstol de los Gentiles: «Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24).
