Parte VIII: Advertencia de la influencia anticristiana en la Iglesia

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Para complementar las citas de varios jerarcas que escuchamos ayer sobre los tiempos del Anticristo, añadiremos, desde el ámbito profético, un pasaje de las revelaciones de la Virgen María a Don Stefano Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

«La bestia con dos cuernos, semejante a un cordero, indica la Masonería infiltrada dentro de la Iglesia; es decir, la masonería Eclesiástica, que se ha difundido sobre todo entre los miembros de la Jerarquía. Esta infiltración masónica dentro de la Iglesia, ya os ha sido predicha por Mí en Fátima, cuando os anuncié que Satanás se introduciría hasta el vértice de la Iglesia.
Si el objetivo de la masonería es el de conducir a las almas a la perdición, llevándolas al culto de falsas divinidades, el fin de la masonería eclesiástica, en cambio, es el de destruir a Cristo y a su Iglesia, construyendo un nuevo ídolo, es decir, un falso Cristo y una falsa Iglesia.»
(Mensaje del 13 de junio de 1989, Dongo)

«La Iglesia conocerá la hora de su mayor deserción, el hombre malvado se introducirá al interior de ella y se sentará en el mismo Templo de Dios, mientras que el pequeño resto que permanecerá fiel será sometido a las pruebas y persecuciones más grandes» (Mensaje del 13 de mayo de 1990, Fátima).

 «La apostasía será entonces generalizada porque casi todos seguirán al falso Cristo y a la falsa Iglesia. ¡Entonces quedará abierta la puerta para la aparición del Anticristo!» (Mensaje del 17 de junio de 1989, Milán)

 Podríamos citar muchos otros mensajes y declaraciones, como las advertencias de la Virgen en La Salette, las detalladas descripciones de santa Hildegarda de Bingen y otros testimonios fidedignos, como el de Ana Catalina Emmerich. La esencia es siempre la misma: en los últimos tiempos, la Iglesia sufrirá un fuerte ataque y se dividirá en su interior. El espíritu del Anticristo penetrará hasta la jerarquía de la Iglesia, habrá una gran apostasía y muchos cristianos seguirán al Anticristo. Habrá una cooperación entre el Anticristo y una falsa iglesia.

Por tanto, el advenimiento del Anticristo ha sido claramente predicho desde varias fuentes.

Esto es motivo suficiente para observar cuidadosamente dónde se puede detectar ya la influencia del espíritu anticristiano en la presente confusión de la Iglesia.

Lamentablemente, debo decir que, desde mi punto de vista, este espíritu está cada vez más presente en la Iglesia y ejerce una fuerte influencia sobre ella. Lleva tiempo actuando y causando confusión en la teología, la moral, la liturgia, el mandato misionero que el Señor encomendó a la Iglesia, el ecumenismo, el diálogo interreligioso y muchos otros campos. Este espíritu se esfuerza por mundanizar a la Iglesia, debilita su enfoque trascendente, reduce el evangelio a un mensaje de paz meramente terrenal… ¡La sal se vuelve sosa! (cf. Mt 5,13).

Este breve análisis de la situación, que describe el desastre y que podría detallarse mucho más aún, indica que la Iglesia se encuentra bajo la fuerte influencia de un «espíritu distinto» (cf. 2Cor 11,4), que se disfraza de ángel de luz (cf. 2Cor 11,14) y presenta todos estos cambios como si fueran un avance y un progreso para el cristianismo, adaptándolo a la época actual.

Aunque muchas de las tendencias mencionadas ya se manifestaban durante los pontificados previos al de Francisco, lo hacían en desobediencia. Por tanto, hay una diferencia decisiva. Con Francisco, el máximo representante de la Iglesia y quienes colaboran con él en ese mismo espíritu se han convertido en promotores de la influencia anticristiana en la Iglesia. En este contexto, conviene recordar las palabras del mensaje a Don Gobbi: «Esta infiltración masónica dentro de la Iglesia, ya os ha sido predicha por Mí en Fátima, cuando os anuncié que Satanás se introduciría hasta el vértice de la Iglesia».

Echemos primero un vistazo a un acto público de idolatría casi inconcebible, que tuvo lugar el 4 de octubre de 2019 en los Jardines Vaticanos y en la Basílica de San Pedro.

Este «espíritu distinto» ha logrado lo que parecía impensable: ha aletargado a la mayoría de los obispos, incluido el que ocupa el ministerio petrino, hasta el punto de que se ha podido realizar un culto a la Pachamama en la Sede de la Iglesia Universal sin que se haya suscitado un verdadero grito de indignación. Todo católico —y especialmente los jerarcas— debería saber muy bien que con un acto así no solo se ofende a Dios, como atestigua el Antiguo Testamento en innumerables ocasiones, sino que además se les da libre cabida a los demonios para actuar, mientras Dios se lo permita. Los exorcistas que tengan la valentía de decir la verdad lo confirmarían sin titubear.

El mero hecho de que este acto haya sido posible solo puede explicarse al constatar que la ceguera lleva tiempo propagándose.

Este acto idolátrico muestra hasta qué punto el espíritu luciferino ha ejercido su influencia en los círculos más altos de la Iglesia, llevando incluso a una ofensa pública contra Dios. Los intentos de explicar este suceso diciendo que se trataría de inculturación o cualquier tipo de relativización solo contribuyen a aumentar la confusión.

El obispo auxiliar Athanasius Schneider se ha pronunciado claramente sobre este acontecimiento:

«A la luz de la revelación divina, contenida en la Palabra de Dios, la Tradición de la Iglesia y su Magisterio, la cuestión es muy sencilla: hacer ídolos para adorarlos es un pecado muy grave. Postrarse ante los ídolos es idolatría. Ofrecerles dádivas y sacrificios, llevarlos en procesión, sentarlos en un trono, coronarlos y quemarles incienso es un culto idólatra evidente que resulta extremadamente inmoral. Colocarlos en altares o en iglesias consagradas para adorarlos es una verdadera y auténtica profanación» (19 de noviembre de 2019, Fuente: kath.net).

 En la meditación de mañana, seguiremos analizando varios sucesos de los últimos años que ponen de manifiesto la creciente influencia del espíritu anticristiano en la Iglesia.

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 Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/seguir-el-impulso-de-la-gracia-2/

 

 

 

NO INQUIETARSE ANTE LAS IMPERFECCIONES

«Si una mota de imperfección se adhiere a tu corazón, no te preocupes; arrójala inmediatamente al fuego del amor divino y pide perdón con sincero arrepentimiento. Sigue viviendo en paz» (San Pablo de la Cruz).

 He aquí un buen consejo espiritual que nos ofrece un «alma ardiente» para avanzar en el camino de la santidad. De hecho, no conviene que caigamos en una inquietud y preocupación innecesarias cuando descubrimos imperfecciones en nosotros mismos. Por supuesto, tampoco debemos pasarlas por alto ni mucho menos acostumbrarnos a ellas. Más bien, se nos aconseja hoy lidiar sabiamente con nuestras imperfecciones. Aún estamos de camino y no hemos llegado a la meta. Nuestro Padre no espera que seamos perfectos en el momento de encontrarnos con Él, sino que quiere guiarnos hacia la perfección. Un simple acto de autoconocimiento bastará para darnos cuenta de que aún nos falta mucho para llegar a la meta. ¿Quién podría decir que ya ama perfectamente?

El fuego del Espíritu Santo que ha sido encendido en nosotros quiere, por supuesto, que lleguemos a ser tan puros y perfectos como sea posible en esta vida terrenal. De hecho, estamos llamados a ser como nuestro divino Maestro. Cuando nos topemos con nuestras imperfecciones, aunque sean apenas como una mota de polvo, debemos llevarlas inmediatamente ante nuestro Padre, pedirle perdón y dejar que el fuego del amor divino nos purifique, tal y como nos dice san Pablo de la Cruz. Se trata de un proceso que tendremos que repetir una y otra vez en nuestro camino espiritual, y cada vez experimentaremos el amor generoso de nuestro Padre celestial. Al mismo tiempo, nuestro Señor no dejará pasar ninguna oportunidad de ayudarnos a avanzar en el camino de la santidad, siempre y cuando estemos dispuestos.

En este intercambio interior de amor, crece la familiaridad con Dios y se disipa todo miedo a Él, sin que por ello descuidemos la vigilancia. Permanecemos en paz y aceptamos con humildad y gratitud que aún nos queda un largo camino por recorrer.

EL AMOR DE DIOS OTORGA LA VIDA

 «Mi amor otorga la vida al hombre en cada instante» (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

 Si nosotros, los fieles, despertáramos plenamente a esta realidad, toda nuestra vida se convertiría en un himno de alabanza al amor de Dios. Si todos los hombres lo supieran y lo reconocieran, el mundo sería distinto y muchas sombras se disiparían. El amor de Dios brillaría como un sol refulgente en los corazones de los hombres.

¡No son meros sueños! Antes bien, es la realidad que Dios ha dispuesto y eso es precisamente lo que quiere transmitir a los hombres, mostrándoles en todo lugar y circunstancia que es tal cual.

¡Cómo se iluminaría nuestra visión, cómo se transformaría todo! En efecto, el ser humano no está simplemente inmerso en un universo desconocido, sin saber de dónde viene ni adónde va. ¡No! Cada uno de sus pasos ha sido trazado y todo está preparado para que pueda vivir.

Ciertamente, experimentamos la existencia de aquellos poderíos hostiles a la vida, de esas potestades que, a pesar de haber sido creadas maravillosamente y dotadas de una belleza inimaginable, no permanecieron fieles a Dios. Ahora nos envidian la vida a nosotros, los seres humanos, y quieren destruirla. Pero Dios es capaz de valerse incluso de este abuso de libertad de los ángeles caídos para poner a prueba nuestra fidelidad hacia Él. Y, una vez más, nos concede todo lo necesario para resistir y dar testimonio de su amor en esta batalla.

Pero, sobre todo, se trata de hacer saber a las personas —y atestiguar con nuestra vida— que tienen un Padre tan bondadoso, cuyo amor las envuelve en cada instante y cuyo mayor deseo es que reconozcan y correspondan a este amor.

¿Es difícil? No, en realidad es lo más natural cuando es fruto del amor a Dios. ¡Lo único es que no debemos olvidarlo!

Parte VI: Características del Anticristo

Como su nombre indica, el Anticristo se presentará como un imitador del Redentor, pero tratará de ocultar su profunda aversión y enemistad hacia Cristo. Así pues, podría incluso citar el Evangelio, pero poniendo especial énfasis en aquellos pasajes que se refieren a las necesidades de las personas, para dar la impresión de que actúa movido por la caridad cristiana y presentarse como un defensor de la justicia y la misericordia. En realidad, ofrecerá una especie de «evangelio intramundano», que niega la trascendencia de Dios y la necesidad de Redención del ser humano. Lo que ocultará cuidadosamente será su «misión satánica», que consiste en alcanzar el dominio global y penetrar en el templo de Dios para usurpar su lugar (cf. Mt 24,15). leer más

EL PADRE QUIERE ENRIQUECERNOS

«¡Anhelo enriqueceros cada vez más!» (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Para conocer el corazón de nuestro amado Padre, debemos dejar que estas palabras suyas calen hondo en nosotros. En ellas descubrimos cómo es su amor por nosotros. Dios quiere hacernos partícipes de su inconmensurable riqueza. Anhela colmarnos de sus bienes y solo espera a que estemos preparados para recibir todo lo que quiere darnos.

Por desgracia, nuestro Padre se encuentra a veces ante corazones poco abiertos que no comprenden cómo es Él en verdad. Es posible que incluso se sientan amenazados y piensen que Dios podría exigirles algo, o darles algo, que ellos mismos no desean en absoluto. En este caso, se tiene una imagen errónea de Dios, ya que en realidad nuestro Padre celestial solo quiere lo mejor para sus hijos. Somos nosotros quienes no siempre sabemos qué es lo mejor y no confiamos lo suficiente en su amor.

El hecho de que el Padre anhela enriquecernos significa que quiere multiplicar lo que ya ha comenzado en nosotros. Por tanto, no solo nos concede sus dones de una vez y para siempre, sino que quiere que estos se multipliquen. Pensemos en el amor, que nunca debe estancarse, sino crecer cada vez más. Para que esto suceda, el Padre nos da todo lo necesario.

En el Mensaje a sor Eugenia Ravasio, continúa diciendo: «Por eso os ofrezco constantemente nuevas gracias y os traigo a la memoria aquellas que dejáis pasar sin sacar provecho para vuestras almas, porque tenéis una idea tan limitada de mi bondad y mi amor».

Las nuevas gracias que nos ofrece debemos acogerlas, percibiendo cómo Dios nos toca y nos fortalece, y aprovechando la formación espiritual que nos brinda.

Cuando Dios nos trae a la memoria las gracias desaprovechadas, podemos expresarle nuestra consternación por haberlas dejado pasar y pedirle sinceramente que nos ayude a «recuperar» lo que sea posible. ¿Nos lo negará nuestro Padre? ¿Cómo podría hacerlo?

Parte V: El Anticristo en la novela de Michael O’Brien

Hoy nos detendremos en otro libro que aborda el tema del Anticristo.

Al igual que Robert Benson, Michael O’Brien, un autor que aún vive, desarrolla su relato apocalíptico en forma de novela. El personaje principal de su trilogía es un judío converso que llegó a ser sacerdote católico: el padre Elías.

La historia relata el ascenso de un hombre que ejerce una enorme fuerza de atracción sobre la humanidad. O’Brien menciona algunos antecedentes de su juventud que sugieren que, en el fondo, es una persona verdaderamente cruel, aunque hacia fuera se muestre impecable y virtuoso. En el transcurso de la historia, el padre Elías se entera de que este hombre ha mandado matar a algunos de sus adversarios políticos y de que tiene a su alrededor hombres violentos que ejecutan sus órdenes.

El padre Elías, que antes de su conversión también había iniciado una prometedora carrera política, recibe del Santo Padre el encargo de enfrentarse a este hombre para tratar de salvar su alma y exhortarlo a que se aparte de los caminos de perdición. Tanto el Papa como el padre Elías tienen claro que este poderoso político podría ser el Anticristo.

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Parte IV: El Anticristo según Robert Benson

El segundo autor al que me referiré en esta serie sobre el Anticristo es Robert Hugh Benson, un sacerdote católico inglés. En 1907, escribió una novela titulada «El Amo del Mundo».

Se trata de una especie de novela futurista que abarca la dimensión apocalíptica. Para nosotros, los creyentes, resulta interesante porque describe de forma muy concreta la confrontación entre la Iglesia y un mundo que se ha alejado de la fe cristiana. Además, esboza una imagen de cómo podría ser la figura de un Anticristo venidero.

Robert Benson escribió su novela después del «Breve relato del Anticristo» de Soloviov. Debido a la similitud de algunos pasajes, se podría suponer que Benson conocía la obra de Soloviov y que se inspiraron en fuentes comunes para describir al personaje del Anticristo.

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