«El Señor estará a tu lado y librará tus pies de la trampa» (Prov 3,26).
Sin duda, en nuestro camino de seguimiento de Cristo se nos tienden trampas peligrosas. Muchas de ellas las permite el Señor para ponernos a prueba. No en vano, una y otra vez escuchamos la exhortación a la vigilancia, pues existen múltiples tentaciones que quieren desviarnos del camino recto.
Ahora bien, la vigilancia no debe confundirse con la desconfianza. La vigilancia es consciente de la existencia del mal y nos enseña a lidiar con él, mientras que la desconfianza lo ve por doquier y se siente constantemente amenazada. La vigilancia tampoco es compatible con una cierta ingenuidad que no sabe medir correctamente la situación a la que nos enfrentamos y nos hace sentir seguros a nivel emocional porque ni siquiera se percata de los peligros que nos acechan.
