“VERDADERA PIEDAD”

«Si una florecilla pudiera hablar, me parece que nos diría simplemente todo lo que Dios ha hecho por ella, sin ocultar ninguno de sus dones. No diría, con el pretexto de la humildad, que no era bonita, o que no tenía un olor dulce, que el sol había marchitado sus pétalos o que la tormenta le había magullado el tallo si supiera que no era así» (Santa Teresita del Niño Jesús).

Esta delicada observación de santa Teresita complementa muy bien la frase de san Jerónimo que meditamos ayer. Por muy necesario que sea reconocer nuestra propia imperfección y esforzarnos por imitar la perfección de Dios, es igualmente importante reconocer y valorar en toda su belleza los dones que Dios nos ha concedido.

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Ningún otro Evangelio

Gal 1,6-12

Hermanos: Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para pasaros a otro evangelio -no es que haya otro, sino que algunos os están turbando y quieren deformar el Evangelio de Cristo-. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel caído del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea maldito! Os vuelvo a repetir lo que ya tengo dicho: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea maldito! ¿Qué creéis que ando buscando ahora: el favor de los hombres o el de Dios? ¿Pensáis que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo. Porque quiero que sepáis, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

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Preparar el Retorno del Señor

Meditaremos hoy el evangelio del XIX Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Mt 22,1-14

En aquel tiempo, tomó Jesús de nuevo la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: ‘Mirad, mi banquete está preparado. Ya han sido matados mis novillos y animales cebados, y todo está a punto. Venid a la boda.’ Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. El rey, enojado, envió a sus tropas, dando muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos e invitad a la boda a cuantos encontréis.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.

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“ATENCIÓN VIGILANTE”

«Por la mañana, disponte cuidadosamente a evitar, resistir y superar todo aquello que pueda ser perjudicial para tu salvación y para la gloria de Dios» (San Francisco de Sales).

Este es el consejo que nos ofrece san Francisco de Sales para librar el combate espiritual con determinación. Se trata de una decisión de nuestra voluntad, un enfoque fundamental que adoptamos para recorrer el camino de la santidad.

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La verdadera alegría

Lc 10,17-24

Regresaron los setenta y dos y dijeron alegres: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.” Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones, así como cualquier demostración de fuerza del enemigo; nada os podrá hacer daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.” En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, pues tal ha sido tu decisión. Mi Padre me ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.” Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: “¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.”

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Los niños y los ángeles

Mt 18,1-5.10

En aquel tiempo, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?”  Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos tres y dijo: “En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños, porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.”

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La distancia frente al mundo

Lc 10,1-12

Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las poblaciones y sitios adonde él había de ir. Pero antes les dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id, pero sabed que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. Si entráis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. Si entráis en un pueblo y os acogen, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en él y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros.’ Si entráis en un pueblo y no os acogen, salid a sus plazas y decid: ‘Sacudimos sobre vosotros hasta el polvo de vuestro pueblo que se nos ha pegado a los pies. Sabed, de todas formas, que el Reino de Dios está cerca.’ Os digo que aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquel pueblo.”

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“EL OLVIDO DE DIOS”

«¡Oh, mi amor de Padre ha sido olvidado por los hombres! Sin embargo, ¡yo os amo tan tiernamente!» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).

¡Con qué facilidad olvidamos los beneficios de Dios y, con ello, a nuestro Padre, que nos los ha concedido! Las consecuencias no tardarán en llegar, porque entonces perdemos la relación viva con Dios y no percibimos su presencia concreta en nuestra vida. Así, con demasiada facilidad, nos sumergimos en la rutina cotidiana sin pensar en el Señor.

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