«Tu corazón debe estar arraigado en mí, lavado y purificado por la Sangre del Cordero y lleno del Espíritu Santo. Entonces, bajo la protección de María, estará a salvo» (Palabra interior).
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San Buenaventura: el Doctor Seráfico
Una de las estrellas que brillan en el firmamento de la Iglesia, como podríamos definir a los santos, es San Buenaventura. En el calendario tradicional, su fiesta se celebra el 14 de julio; en el nuevo rito, un día más tarde.
Buenaventura poseía grandes dotes intelectuales y supo ponerlas enteramente al servicio del Reino de Dios. Nació hacia el año 1221 en Bagnoregio (Italia) y murió el 15 de julio de 1274 en Lyon (Francia). De nuestro santo puede decirse que era un escriba que brillaba como el sol (cf. Mt 13,43). Debido a su ardiente amor al Señor, se lo llamó el “Doctor Seráfico”.
Se cuenta que, cuando Buenaventura era niño, fue curado por Dios gracias a una bendición que le dio San Francisco de Asís. Según esta misma fuente, también su nombre se lo habría dado este santo. Cuando su madre llevó al niño curado donde el moribundo Francisco, éste habría exclamado: “¡Oh, buena ventura!” Así, posteriormente su nombre religioso como franciscano fue: Buenaventura.
A Dios le corresponde el primer lugar
Mt 10,34–11,1
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su propia familia. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros acoge, a mí me acoge, y quien me acoge a mí, acoge a Aquel que me ha enviado. Quien acoja a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta, y quien acoja a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.” Cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
LA ALEGRÍA DEL PADRE AL ESTAR ENTRE NOSOTROS
«Mi alegría al estar entre vosotros no es menor a la que experimentaba cuando estaba junto a mi Hijo Jesús durante su vida terrenal» (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Nuestro Padre no se cansa de expresarnos su amor de mil maneras para que finalmente creamos en él y correspondamos a su amor.
“TODAS LAS FALTAS SON ARROJADAS AL OLVIDO ETERNO”
«Cuando Dios mira a un alma con ojos de misericordia y se inclina hacia ella para perdonarla, todas sus faltas quedan arrojadas al olvido eterno» (Santa Matilde de Hackeborn).
San Juan Gualberto: Fundador de la Orden de Vallombrosa
¡Qué flores tan maravillosas crecen en el jardín de Dios! Nunca podremos admirarlas lo suficiente si las entendemos como las vidas de los santos que nos han sido legadas. De hecho, la Iglesia goza de una gran riqueza de santos y cada una de sus vidas, así como de sus muertes, nos relata la historia del amor de Dios hacia aquellos hijos suyos que decidieron seguir sus caminos. Sin embargo, algunos no lo hicieron desde el principio.
Así sucedió con san Juan Gualberto.
Nació en Florencia en el año 985 en el seno de una familia noble. Desde su juventud, estaba destinado al servicio militar. Su padre, un guerrero, educó a aquel muchacho tan vivaz en las bellas artes y cultivó en él la conciencia de la dignidad y el honor de un guerrero. Sin embargo, no se menciona nada acerca de una educación en la religiosidad y la virtud cristiana.
Envía a tus profetas
Is 6,1-8
El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo. Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el otro par aleteaban. Uno a otro se gritaban: “Santo, santo, santo, Yahvé Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria.”
Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y el templo se llenó de humo. Yo me dije: “¡Ay de mí, estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros y vivo entre gente de labios impuros; y he visto con mis propios ojos al rey Yahvé Sebaot!” Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, y tocó mi boca diciendo: “Como esto ha tocado tus labios, se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.” Y percibí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré?, ¿quién irá de nuestra parte?” Dije: “Yo mismo: envíame.” leer más
“HIJO MÍO, ENTRÉGAME TU CORAZÓN”
«Dios busca un corazón lleno de amor por Él y por el prójimo. Ese es el trono en el que se deleita en sentarse y en el que se manifiesta en toda la plenitud de su gloria celestial. ‘Hijo mío, dame tu corazón –nos dice– y yo te daré todo lo demás’; porque en el corazón del hombre está el Reino de Dios» (Serafín de Sarov).
Astutos como serpientes y mansos como palomas
Mt 10,16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Mirad que os envío como a ovejas en medio de lobos: sed, pues, astutos como serpientes y mansos como palomas. Cuidaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en las sinagogas. A causa de mí, seréis llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo vais a hablar o qué vais a decir: lo que debáis decir se os dará a conocer en ese momento, porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará en vosotros. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Vosotros seréis odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra, y si os persiguen en esta, huid a una tercera. Os aseguro que no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.”
“PONER CADA DÍA EN LAS MANOS DE DIOS”
«Lo importante es que pongas cada día en mis manos, incluso cuando te sientas cansado y agotado» (Palabra interior).
