Durante las tres últimas meditaciones, desarrollamos un consejo indirecto que nos da San Antonio Abad, un sabio padre del desierto. En este contexto, reflexionamos sobre el combate en lo que escuchamos, hablamos y miramos, y vimos cuán necesario es colocar estos importantes ámbitos de la vida humana bajo el dominio de Dios y defenderlos contra múltiples ataques.
“El que está sentado en el desierto y procura tener el corazón calmado, ha quedado a salvo de tres combates: el de la escucha, el del habla y el de la vista. Sólo le queda un combate por librar: la lucha contra la impureza.”
Entonces, nos queda ahora por tratar la lucha contra la impureza, que es uno de los combates más difíciles para el hombre. No sólo se refiere a la impureza a nivel corporal; sino también a las inclinaciones desordenadas a nivel espiritual y psicológico. Pero en esta ocasión nos enfocaremos en la dimensión corporal.
