PACTO EDUCATIVO GLOBAL

No puedo ocultar que una de las mayores preocupaciones para mí en relación a este Pontificado es que se esté abriendo ampliamente la puerta de la Iglesia para que el espíritu anticristiano pueda actuar en ella. En ese sentido y desde esta perspectiva, procuro discernir y reflexionar sobre determinadas actividades y decisiones del presente Pontificado.

En esta tarea, la gran dificultad se relaciona con el hecho de que nosotros, como católicos, estamos acostumbrados a poner nuestra confianza en el Papa. Honestamente, nos resulta difícil creer que aquel que es el garante y la roca de nuestra fe, podría representar un peligro para el camino de la Iglesia.

Sin embargo, no podemos cerrar los ojos cuando identificamos decisiones erradas del Papa y de la actual jerarquía, o cuando, al menos, tenemos la impresión de que la dirección tomada podría no ser la correcta.

La temática de hoy debe ser abordada con cautela, puesto que se trata de un plan del Papa para el futuro cercano, y aún no podemos ver resultados concretos. Sin embargo, es necesario examinar ya de antemano el espíritu de tales proyectos, puesto que éste se manifiesta ya en otras acciones previas de este Pontificado, como lo he expuesto en las publicaciones anteriores de este Blog[1].

Contextualización

De acuerdo a una declaración del Vaticano datada el 12 de septiembre de 2019, el Papa invita a representantes de las religiones más importantes, de organizaciones internacionales y de diversas instituciones humanitarias, así como a figuras clave de la política y de la economía, a destacados atletas, científicos y sociólogos a firmar un “Pacto Educativo Global” para “transmitir a las generaciones jóvenes un hogar común unido y fraterno”[2].

“Necesitamos un pacto educativo global que nos eduque en la solidaridad universal, en un nuevo humanismo” -dijo el Papa en un mensaje de video para el lanzamiento de la iniciativa[3].

El Papa continuó diciendo que, “para alcanzar estos objetivos globales”, como “aldea de la educación”, debemos “tener la valentía de colocar a la persona en el centro.”

Frente a ello, The Wanderer, el periódico católico más antiguo de Estados Unidos, planteó la siguiente pregunta al Cardenal Burke[4]:

“Se ha informado que el Papa Francisco será el anfitrión de un evento en el Vaticano en mayo de 2020 con el tema ‘Reconstruir el Pacto educativo global’. En el lanzamiento de la iniciativa, el Santo Padre dijo: ‘Se necesita un pacto educativo global para educarnos en la solidaridad universal y un nuevo humanismo’. ¿Cuál es el impulso de esta reunión y qué es probable que se logre? Suena como un evento para promover un gobierno mundial.”

A lo que el Cardenal Burke responde: “Lo es.”

Y en otra parte de la misma entrevista afirma: “La idea de un gobierno mundial único es básicamente el mismo fenómeno que se manifestó en los constructores de la Torre de Babel, quienes presumían de ejercer el poder de Dios en la tierra para unir el cielo con la tierra, lo cual es simplemente erróneo. Lo que realmente necesitamos es una conversión religiosa, en otras palabras, una fuerte enseñanza y práctica de la fe en Dios y la obediencia al orden con que Él nos ha creado.”

Un gobierno mundial

Existe la idea, que ha sido pronunciada tanto por políticos como también por otros personajes públicos, de que sería necesario crear una especie de gobierno mundial, que pudiese dar una solución pacífica y humanitaria a los diversos problemas de la humanidad.

Es evidente que un Nuevo Orden Mundial como éste podría tener un inmenso poder, y que, gracias a los medios técnicos actuales, le sería posible un control casi total de los ciudadanos.

Hay que dar la razón al Cardenal Burke, cuando afirma que tales conceptos corresponderían a la edificación de un gigante imperio humano, y que así se asemejarían a la construcción de la Torre de Babel, que representa la jactancia del hombre.

Lamentablemente, la pretensión de erigir un Nuevo Orden Mundial no corresponde únicamente a las ideas abstrusas de personas individuales. Conocemos las grandes ideologías en el pasado que pretendían abarcar todo el mundo. Pensemos en el comunismo de la Unión Soviética o en el nacionalsocialismo en Alemania; pensemos en la presente situación de China, etc…

Quienes defienden tales ideas, afirman que, desde la perspectiva política, se necesitaría un gobierno mundial al que todos se sometiesen o, al menos, con el que todos cooperasen, sea voluntaria o involuntariamente.

Para instaurar un régimen tal, se requieren circunstancias externas que lo hagan ver como imprescindible: catástrofes ambientales, hambrunas, el colapso del sistema financiero, etc… Este sería el escenario ideal para que pueda aparecer una figura anticristiana o el último Anticristo anunciado por la Sagrada Escritura, mostrándose como autoridad carismática, con propuestas y planes concretos, así como con los medios financieros necesarios, para aparentemente resolver los problemas pendientes.

En este contexto, vale recordar la figura del Anticristo descrita por Vladimir Soloviev, quien, como político carismático, posee el concepto y los medios para resolver rápidamente los problemas materiales de la humanidad[5].

Hay que tener presente que, detrás de las autoridades políticas que se muestran en el ámbito público, existen también otros puestos de manejo de poder y decisión. Pensemos en los bancos, en personas con inmensas riquezas, tales como Bill Gates (el dueño de Microsoft) y George Soros; en los gigantes de la comunicación, como Google; en clanes familiares adinerados e influyentes, como los Rothschild y Rockefeller; sólo por mencionar algunos nombres… Aquí se está influyendo sobre gobiernos detrás de escena. También podemos suponer que diversas sociedades esotéricas, más bien escondidas del ámbito público, ejercen influencia, como por ejemplo el así llamado “Lucifer trust” (“Lucis trust”), que parece gozar de un estatus de consultoría en la ONU.

Entonces, de acuerdo a estos planes, debería crearse entre los hombres una especie de gobierno universal (podría suponerse que las Naciones Unidas serían el órgano ejecutor), el cual, de acuerdo a diversos observadores, a su vez sería apoyado por una especie de “religión universal”.

Resulta evidente que una estructura tal defendería valores éticos que no corresponden a nuestra fe. Basta con pensar en el aborto, que ciertamente sería empleado como instrumento para el control natal, como, de hecho, ya ahora se lo hace. Ahora bien: un gobierno mundial que cometa tal crimen, tendría en un punto determinante un carácter anticristiano, e incluso anti-humano. Si observamos la postura política de las Naciones Unidas respecto a tales cuestiones, no podríamos caer en la ilusión de que podría edificarse una buena institución para la humanidad, aun si lograría un período de aparente paz y hallaría mejores soluciones al problema de la pobreza.

Pacto Educativo Global

Si tenemos como trasfondo estos oscuros planes de erigir un Nuevo Orden Mundial al momento de discernir sobre la invitación y los proyectos del Papa, podría surgir la seria pregunta si acaso esta iniciativa no se ajustaría a tales concepciones políticas.

Un programa educativo global, fomentado por el Papa, el supremo custodio de la fe; que propaga un “nuevo humanismo”… Desde la perspectiva del discernimiento de los espíritus, hay que cuestionarse si esto realmente procede de un impulso del Espíritu Santo.

¿Cómo ha de ser ese nuevo humanismo que se pretende? ¿Qué significa “colocar a la persona en el centro”?

De inicio produce cierta extrañeza el hecho de que se pretenda establecer un programa educativo junto con representantes de otras religiones y personas de diversas posiciones sociales… ¡y que de la Iglesia sea la iniciativa! ¿Cuál es el denominador común que se tiene? No parece ser la fe católica, cuyo anuncio le ha sido encomendado a la Iglesia… Pero si el fundamento para la educación de la generación presente y las futuras no es la verdadera fe en Dios y los valores que de ella brotan, ¿cuál será entonces el fundamento?

Si desligamos los valores humanos universalmente aceptados de su punto de origen, a saber, ser regalos de Dios y testigos de Su bondad, entonces nuestros ojos ya no se abren agradecidos al Dios amor, el autor de todo bien. Así, realmente el hombre se coloca en el centro. Aunque no se quiera excluir conscientemente a Dios de tales proyectos y se introduzca en los programas de educación global alguna espiritualidad general, desde la perspectiva católica, el punto de partida estaría ya marcado por un relativismo religioso, tal como lo notamos también en la Declaración de Abu-Dabi. Y este relativismo falsifica la verdadera imagen de Dios, y, por tanto, también la auténtica fe, que para los católicos ha de ser el fundamento de toda educación.

No podemos ver esta iniciativa del Papa aislada de otras actividades Suyas previas. Hay que recordar que, en la Declaración de Abu-Dabi, designó oficialmente la diversidad de religiones como querida por Dios, y esta visión errada sigue difundiéndose. También el escándalo del culto a la Pachamama, como un evidente atentado contra el Primer Mandamiento, no fue corregido ni desechado. Aquí podemos constatar claras manifestaciones de una comprensión relativista de la fe.

Todo programa educativo auténtico que sea iniciado por la Iglesia, debería estar al servicio del anuncio de la fe, sea directa o indirectamente. Pero en un “Pacto Educativo Global”, con la participación de muchas diversas corrientes, esto no sería posible, y, tomando en cuenta la dirección y afirmaciones previas del Papa Francisco, quizá ni siquiera sea esa la intención. Así, la educación, que puede ser un fino instrumento de evangelización, pierde su sentido más profundo, para ponerse al servicio de valores meramente humanos, como la solidaridad, la conciencia ecológica para transmitir a las generaciones venideras un “hogar común” fraterno… ¡Pero esto podrían hacerlo también los masones u otras agrupaciones similares; e incluso los comunistas, que en su himno aclaman una solidaridad internacional!

Distinto sería si la Iglesia examinase proyectos tales, procedentes de fuera de ella. En este caso, Ella podría discernir lo que puede relacionar con la misión que le es propia, y cómo podría promover buenas iniciativas, de modo que entren en contacto con la fe. Pero si la Iglesia misma es la promotora, entonces nunca puede abandonarse el claro perfil católico, y, por tanto, tampoco la misión. Aunque uno pueda y deba dirigirse a las personas de buena voluntad, su participación en un proyecto común, sea para la paz, la protección del medio ambiente, etc., no debe llevar a debilitar la verdad confiada a la Iglesia, porque la buena voluntad por sí sola no basta para hacer lo correcto. La voluntad ha de ser guiada por el Espíritu de Dios, y precisamente ésta es la tarea de la Iglesia.

En el proyecto de este Pacto Educativo Global, según lo que se sabe hasta ahora, no sólo no se percibe un claro perfil católico, sino que uno se sorprende del carácter primordialmente horizontal de la invitación. Por eso es importante examinar si aquí está actuando ese “otro espíritu”, que, aparentemente haciendo el bien, termina oscureciendo la relación con Dios. Si se pone al hombre en el centro, tal iniciativa puede incluso convertirse en un instrumento de influencia anticristiana sobre las personas. Por eso es necesario observar con mucho cuidado y mirada crítica los pasos que se den. Bajo ninguna circunstancia la Iglesia puede permitirse preparar el terreno para que emerja ese gobierno mundial híbrido que parece estarse formando, y asumir así el papel de un falso profeta.

Perspectivas

En mi opinión, definitivamente hay que respaldar la afirmación atinada del cardenal Burke en la ya mencionada entrevista:

“Lo que realmente necesitamos es una conversión religiosa, es decir, una fuerte enseñanza y práctica de la fe en Dios y la obediencia al orden con el que nos creó.”

¡Esto toca el núcleo de la misión de la Iglesia! Sólo habrá esperanza en el auténtico encuentro con Dios y el seguimiento de Cristo que resulta de este encuentro. Por tanto, frente a proyectos y redes globales como el Pacto Educativo que se planea, la proclamación del Evangelio, sin recortes, se hace más necesaria que nunca. La Iglesia Católica debería tomar de sus riquezas y ofrecérselas de forma apropiada a las personas que están en búsqueda de Dios. ¡Éste es un encargo del Señor! En efecto, la gran unidad entre los pueblos únicamente podrá llegar a cumplimiento en una Iglesia creyente. Una entidad espiritual que pretenda elevarse por encima de ella, tendrá siempre rasgos luciferinos.

Las realidades políticas serán fructíferas para el Reino de Dios en cuanto sean construidas por personas que desempeñen su servicio conscientemente en la responsabilidad ante Dios y se aferren a Él en sus corazones. Entonces también se generarán legislaciones que verdaderamente sirvan al hombre.

Conclusión

Lamentablemente, hay que estar muy atentos a lo que sucede en este Pontificado, discerniéndolo a la luz del Evangelio y la doctrina. No estamos ya en un tiempo en que uno podía abandonarse confiadamente en la dirección de la jerarquía de la Iglesia. Si ese “otro espíritu” está obrando en la Iglesia, ha de ser identificado y rechazado.

Ahora habrá que esperar el texto que el Papa publicará en relación al Sínodo de la Amazonía. El libro del Cardenal Sarah, con la participación del Papa Benedicto XVI, en defensa al celibato, es ciertamente útil para que esta forma de vida tan valiosa y fructífera no se pierda.

[1] es-baltalelija.blogspot.com

[2] https://www.lifesitenews.com/news/pope-francis-global-education-pact

[3] http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2019/09/12/educ.html

[4] https://thewandererpress.com/catholic/news/frontpage/interview-with-cardinal-burke-he-is-with-us-trusting-in-the-lord-in-turbulent-times/

[5] Véase el Breve relato del Anticristo de Vladimir Soloviev